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Fotografías en
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Comentario de Tomas Eloy
Martínez*
El Nobel al escritor francés
Jean-Marie-Gustave Le Clézio sorprendió a muchos
este año. En la década de 1960, su novela Le
procès verbal (1963) despertó en los lectores un
inmediato entusiasmo. La escritura febril de Le
Clézio, generosa en audacias formales, exponía las
angustias del individuo que llegaba a las puertas de
la modernidad en estado de conflicto contra la
invasión de los objetos de consumo y contra el poder
creciente de las masas. Tenía entonces sólo 23 años
—había nacido en Niza en 1940— y su irrupción en el
reino de la novela prometía liberar a los lectores
de las asfixias impuestas por la escritura
milimétrica del ingeniero Alain Robbe-Grillet.
Pero Le Clézio
estaba dispuesto a llevar a todos los extremos su
afán de libertad. En los años que siguieron a Le
procès verbal se apartó de las exhibiciones
literarias, abandonó París y se dedicó a dar vueltas
por el mundo en busca de las culturas que no habían
dejado huellas escritas. Estuvo en Panamá, en
Belice, en México. Allí lo conocí en
1991, cuando pasó por Michoacán rumbo a la Sierra
Madre, donde vivían los indios tarahumaras
que tanto habían impresionado al dramaturgo francés
Antonin Artaud.
De todo lo que
dijo entonces —que no fue mucho— recuerdo la
impresión que me produjo su resumen de lo que
deseaba escribir: “Quisiera ir más allá del
lenguaje, dejarme llevar por una poesía en estado
puro, una poesía creada por gestos y por los ritmos
de la danza; es decir, por el ser en ebullición”.
Es inevitable que
la Academia Sueca se equivoque, pero esta vez se
equivocó menos que en los 20 años pasados. El
itinerario desparejo que dibujan los nombres de los
ganadores es no sólo una definición del Nobel, sino
también —quién sabe— del misterioso destino de la
literatura.
* Aparte del
artículo "Misterioso Premio Nobel" de Tomas Eloy
Martínez –Novelista y periodista argentino– en
El Espectador de Noviembre 1 - 2008.
| Los
Libros de Le Clézio |
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Urania
2006
“Una de dos: uno se arriesga a ser tragado
por la literatura, o a ser tragado por sí
mismo. Si se deja tragar por sí mismo, se
vuelve loco. Si se deja tragar por la
literatura, se vuelve escritor.”
El camino de J.M.G. Le Clézio va de la
locura a la escritura, de la escucha de sí
mismo a la del mundo, del torbellino de la
palabra al tiempo del relato.
“El Atestado” hurgaba en las fisuras de la
lengua de la tribu y con ello en los
fundamentos de la individualidad.
Admirador de Lautréamont, Artaud, Rimbaud,
Michaux, la violenta originalidad de sus
primeros libros estaba en sintonía con los
abordajes del nouveau roman, de Natalie
Sarraute, con los sucesos del mayo francés.
Pero en pleno estallido de la revuelta Le
Clézio se internaba a solas en la selva, y
entraba en contacto con las culturas
originarias de México y Panamá: comenzaba su
radical viraje hacia las cosas. Es por eso
que puede parecer no un escritor sino
muchos, autor ubicuo e inasible, pues ha
sabido poner la aparente variación de sus
intereses al servicio de una invariable
sinceridad. La extranjería y el viaje son
sus marcas permanentes: el viaje de
exploración interior, el viaje del
aventurero que sigue las huellas de sus
ancestros de sangre y de letra (Verne,
Stevenson), el viaje del anti-antropólogo
que se empecina en escuchar lo que las
culturas que la suya ahogó en esclavitud y
sangre tienen aún para decir.
Urania es uno de sus libros que mejor lo
sintetizan. El geógrafo francés Daniel
Sillitoe remonta las fuentes del
Tepalcatepec. Descubrimiento de sí mismo,
desencantada visita a los estertores finales
del discurso revolucionario en
Centroamérica, incursión en la vida real de
personas reales en una época de
multiculturalismo en la que todos son como
el visitante, extranjeros. Entre el viaje de
iniciación y la huída, entre las ilusiones
perdidas y el retorno crepuscular, el
impulso utópico e sí mismo preserva su
esencial nobleza.
Ariel Dilon |
“El sueño mexicano
o el pensamiento interrumpido”,
1988
Más que presentarnos una historia lineal de
los pueblos indígenas del México antiguo, el
autor nos introduce en la dimensión mágica y
onírica de la cosmogonía de los pueblos
prehispánicos. Como señala Le Clézio: “la
ambivalencia de los dioses paganos es
incompresible para el religioso español”, y
esta incomprensión origina el desprecio por
las “supersticiones”, creencias que, por lo
demás, estaban encaminadas a resolver
problemas filosóficos que el mundo clásico
antiguo ya se había planteado. Sin embargo,
para los españoles de la Europa renacentista
del siglo XVI, esta multitud de dioses,
algunos de ellos “gigantes que presiden la
génesis del mundo”, no eran más que demonios
que producían horror o burla. Mediante el
reconocimiento de bailes, ritos, ceremonias
tribales y conmemoraciones, además de
extensas citas de códices prehispánicos, el
autor explora en esta minuciosa indagación
la presencia, hasta nuestros días, de los
valores culturales indígenas de México. |
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“El buscador de oro”
1985
“Hace mucho tiempo que estoy en este
valle. ¿Cuántos días, cuántas noches?
Hubiera debido llevar calendario, como
Robinson Crusoe, haciendo muescas en un
pedazo de madera: En este valle solitario me
siento tan perdido como en la inmensidad el
mar.”
Estas palabras definen perfectamente la
aventura existencial del reciente Nobel de
Literatura JMG Le Clézio y enmarcan también
la aventura vital de de Alexis L’Étang,
natural de Isla Mauricio, en cuyo diario,
fechado de 1892 a 1922, aparece la intrépida
búsqueda del tesoro de un corsario del siglo
XVII, supuestamente enterrado en Rodrigues,
una de las islas Mascareñas. Esta búsqueda
acabará por convertirse en la empresa y la
obsesión de su vida.
Alexis L’Étang descubre poco a poco,
admirado, la íntima relación entre todos los
elementos que van apareciendo en el curso de
su exploración y, gracias al enigmático
corsario, conseguirá descifrar el universo
mágico que lo rodea.
Estamos ante una obra maestra caracterizada
primordialmente por una extraña y
cautivadora belleza, y la emocionada
admiración hacia los grandes relatos de
aventuras marítimas. |
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“La conquista divina de
Michoacán ”
1985
La conquista divina de Michoacán registra
una crónica –a la altura del Poema de
Gilgamesh y la Gesta de Arturo– escrita por
un religioso anónimo tras el asesinato que
Nuño de Guzmán cometió con el último cazonci
Tangáxoan Tzinzicha. Historia y testamento,
La conquista divina de Michoacán es un libro
único que quiere conservar la memoria de la
antigua grandeza purépecha y expresa con
majestad la magia y la tragedia del mundo
indígena. |
“El Atestado”
(“Le Procès Verbal”)
1963
Adam Pollo ha comenzado, no sabemos si al
cabo de los meses de servicio militar o
después de una cura psiquiátrica, una
singular experiencia de confrontación
consigo mismo. Vive en un chalet abandonado
en su propia ciudad natal, solo, casi
vegetalmente. Desafía al mundo circundante,
lo provoca de modo progresivo, de un modo
sutil y extrañamente cruel y finalmente
directamente brutal, en mitad de la calle,
como un charlatán de feria. Pero el autor no
nos deja inermes frente al sentido de la
extravagante experiencia de su personaje, de
cada una de las aventuras de que se va
tejiendo. De nuevo frente a unos internos de
hospital, Adam con escalofriante lucidez
defenderá el sentido de su experiencia,
fundará su razón en los previsibles y
convencionales razonamientos de los otros.
La deslumbrante sinceridad y la fuerza
expresiva de las páginas del EL ATESTADO,
que a veces nos remontan al magisterio de
Celine y sobre todo a “Les Chants de
Maldoror”, han valido en Francia a esta
primera novela una acogida inusitada que va
más allá del reconocimiento que le otorgó el
jurado del Prix Renaudot 1963 al concederle
ese premio. |
"Esa
experiencia cambió toda mi vida, mis ideas sobre el
mundo del arte, mi manera de ser con los otros, de
andar, de comer, de dormir, de amar y hasta de
soñar"
[se refiere a su convivencia entre 1970 y 1974con
los indígenas embera de Panamá]
En mi primera
etapa como escritor, la búsqueda de la verdad era un
trabajo difícil y exigente: tenía mucho de obsesivo.
Descubrí la autofascinación de la escritura, pero me
enfermé. Estuve ausente de mí un largo tiempo. Por
eso me fui a vivir a la selva de Panamá, con los
indios, y pasé tiempo sin leer ni escribir, aislado
por completo de la vida intelectual. Después de ese
experimento cambié por completo la forma de
investigar sobre mí. Lo hago con más distancia.
Empecé a considerar más a los otros. |
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Jean-Marie Gustave Le
Clézio
Jean-Marie Gustave Le Clézio, escritor
multicultural

Breve Biografía
Le Clézio proviene de una familia bretona
emigrada a Isla Mauricio en el siglo XVIII.
Nace el 13 de abril de 1940 en Niza, hijo de
padre inglés y madre bretona. Estudió en la
Universidad de Bristol y terminó su
licenciatura en la Universidad de Niza.
Después de graduarse como doctor en letras,
se mudó a los Estados Unidos como profesor.
Después de su especialización en la
literatura francesa, se hizo famoso a los 23
años con su primera novela, "Le Procès-verbal"
(El atestado), que fue seleccionada
para el Premio Goncourt y que obtuvo el
Premio Renaudot en 1963. En ella definía su
literatura existencialista, próxima a las
obras de sus coetáneos Georges Perec y
Michel Butor. Desde entonces ha publicado
más de cincuenta libros, entre cuentos,
novelas, ensayos, dos traducciones sobre el
tema de la mitología hindú, un sinnúmero de
prefacios y comentarios, así como algunas
contribuciones en diversas publicaciones.
En 1967 fue enviado a Tailandia para
realizar el servicio militar, pero fue
expulsado casi de inmediato por protestar
contra la prostitución infantil y fue
enviado a México para cumplirlo.
De 1970 a 1974, vivió con los indios
Embera-Wounaan de Panamá.
Su carrera literaria.- Empezó a
escribir a los 7 años y no ha dejado de
hacerlo a pesar de sus numerosos viajes.
Su carrera literaria puede dividirse en dos
grandes períodos. En el primero de
ellos, de 1963 a 1975, Le Clézio
exploró temas como la locura, el lenguaje,
la escritura y se dedicó a la
experimentación formal, al igual que
hicieron otros autores contemporáneos suyos.
La imagen pública de Le Clézio era la de un
innovador y un rebelde, y recibió elogios de
Michel Foucault y Gilles Deleuze.
A su primera novela, la mencionada "Le
Procès-verbal", siguieron otras dos en
las que también realizó una descripción de
los tiempos de crisis. Ellas son la
colección de relatos "La fiebre" de
1965 y "El diluvio" de 1966, en las
que pone de manifiesto los conflictos y el
miedo predominantes en las principales
ciudades del mundo occidental. En esta etapa
también destacó como autor comprometido con
la ecología, como demuestran sus obras "Terra
amata" de 1967 y “El libro de las
huidas” de 1969.
El segundo período comenzó a finales de
los años 70 en los que el estilo de Le
Clézio experimentó un cambio drástico.
Abandonó la experimentación y el estado de
ánimo de sus novelas se convirtió en menos
atormentado, abordando temas como la
infancia, la adolescencia o los viajes, con
los que logra atraer a un número de lectores
más amplio y popular. En 1980 recibió el
Premio Paul Morand, y fue el primero en
obtener tal galardón, adjudicado por la
Academia francesa a su obra "Desierto".
En este relato pone de manifiesto el
contraste entre "la grandiosidad de las
culturas perdidas del norte de África y la
mirada de los inmigrantes indeseados en
Europa".
A partir de ese momento, sus obras se
centraron en temas relacionados con la
cultura amerindia, en la que profundiza
a partir de la traducción de obras como
"Las profecías de Chilam Balam" o "El
sueño mexicano o el pensamiento
interrumpido". La temática de sus obras
cambió, centrada en viajes y mundos
desconocidos, por lo que obtuvo un gran
éxito de ventas.
En 1994, una encuesta realizada por la
revista literaria francesa Lire
mostraba que el 13 por ciento de los
lectores le considerada el mejor escritor
vivo en lengua francesa.
El 9 de octubre de 2008 fue galardonado con
el Premio Nobel de Literatura. La Academia
Sueca lo calificó como "El escritor de la
ruptura, de la aventura poética y de la
sensualidad extasiada, investigador de una
humanidad fuera y debajo de la civilización
reinante".
[Editado a partir de Wikipedia]
Apartes de comentarios y/o reflexiones
sobre el autor y su obra.-
Escritor desde los 7 años, Le Clézio logra
disimular el malestar que le produce el
sentimiento de desarraigo, escribiendo y
dibujando. Es quizás por eso por lo que su
escritura está poblada de imágenes de una
fuerza y una vitalidad excepcionales.
“En mi primera etapa como escritor, la
búsqueda de la verdad era un trabajo difícil
y exigente: tenía mucho de obsesivo.
Descubrí la autofascinación de la escritura,
pero me enfermé. Estuve ausente de mí un
largo tiempo. Por eso me fui a vivir a la
selva de Panamá, con los indios, y pasé
tiempo sin leer ni escribir, aislado por
completo de la vida intelectual. Después de
ese experimento cambié por completo la forma
de investigar sobre mí. Lo hago con más
distancia. Empecé a considerar más a los
otros.
Lo que me había faltado: gozar del mundo,
vivir el entusiasmo por la vida, hallar el
placer de encontrarse con los otros y el
disfrute del mundo natural. Antes yo
escribía sobre el pequeño infierno de las
ciudades. Luego, me interesé por aspectos
más precisos de la vida.”
Escritor caminante en busca de su esencia,
exploración que nunca termina, como el andar
de los pueblos del desierto en busca de
agua, tan esencial y vital para sobrevivir
como lo es la verdad para vivir. Eso es lo
que anhela Le Clézio: llegar a lo más
simple, a lo más puro, a la desnudez
absoluta para encontrar la serenidad e
incluso la aceptación estoica y simple de la
vida y de la muerte. Paradójicamente, esa
"agua" en el "desierto" el escritor la
encuentra en pueblos indígenas de México,
país que lo marcó para siempre.
Es esa prosa desgarradora que viaja, que
busca respuestas, que se mete en el interior
del ser humano la que tanto han admirado los
lectores franceses.
Impulsados por la obsesión de la muerte, sus
personajes tienden a la autenticidad frente
a la alienación agresiva del mundo moderno,
un ideal que los indígenas de México llevan
a cabo con un modo de vida reducido a lo
elemental, pero en armonía con el orden del
universo; este ideal lo plasma en el ensayo
El sueño mexicano (1988). Para Le
Clézio, la escritura apacigua, deja sitio al
silencio y permite acceder a lo más
profundo. Pero la búsqueda interior pasa por
la evocación de la belleza del mundo, la
tierra, los paisajes y los ambientes
originales, como en Tierra amada
(1967), donde cada sacudida repercute sobre
todos los seres. El bullir del mundo se
opone a lo insignificante, a lo
infinitamente mediocre de la cotidianidad.
Una descripción minuciosa, rica en metáforas
visionarias se pone al servicio de esta
evocación contemplativa, aunque muchas
páginas se abren a todo tipo de collages:
recortes de periódicos, fragmentos de
publicidad, listines, otros textos y objetos
de desecho a los que devuelve su valor
primigenio. Entre todos sus títulos cabe
destacar un ensayo, Éxtasis material
(1967), una serie de relatos, Mondo y
otras historias (1978) y varias novelas,
Desierto (1980), El buscador de
oro (1985) y Revoluciones (2003).
¿Cómo vive usted su condición de
escritor "inclasificable", según alguna
crítica?
“Ser inclasificable es confortable. La
clasificación es difícil para los seres
humanos, aunque para los insectos es
posible. Quizá me consideran así porque no
pertenezco a ninguna escuela literaria y
tampoco he vivido en el corazón de París.
Además soy indiferente a la crítica. No
obstante, hay una crítica a la que no le
interesa la clasificación. Soy así y la
crítica no me impide dormir.”
De sus experiencias con las culturas
indígenas de México, Panamá y Colombia, el
Premio Nobel destacó en alguna oportunidad:
"Esa experiencia cambió toda mi vida, mis
ideas sobre el mundo del arte, mi manera de
ser con los otros, de andar, de comer, de
dormir, de amar y hasta de soñar".[Se
refiere a los efectos que produce el zumo de
las hojas del árbol datura blanco, empleadas
en rituales de los indígenas embera de
Panamá y Colombia.] El escritor acompañó a
los indígenas a un ritual sagrado,
experiencia que relata en su libro 'La
fiesta cantada y otros ensayos de temas
amerindios'. A partir de ese momento sus
obras se centraron en temas relacionados con
la cultura amerindia y se adentró a mundos
desconocidos.
Su amor por la cultura hispanoamericana, fue
cultivado en doce años de residencia en
México
Le Clézio sigue considerándose a sí mismo un
ciudadano del mundo, pero no del mundo
victorioso, consumidor y dominador por
excelencia, al cual critica permanentemente
en sus escritos. Es sobre todo un ciudadano
de la periferia: Su mirada del mundo es la
de África, Asia, Latinoamérica
Lo mismo ha pasado en los países de habla
hispana, especialmente en Latinoamérica a la
que tanto quiere. En especial a Panamá,
donde vivió algún tiempo en su juventud
junto a los indígenas en la selva para
escapar de la autorreflexión que trae
consigo la escritura y que le estaba
haciendo mucho daño en aquel entonces, y
México, sobre la que ha escrito cuatro
libros: Las profecías de Chilam Balam, La
conquista divina de Michoacán y El sueño
mexicano o el pensamiento interrumpido y la
biografía de Frida Khalo y Diego Rivera. Le
Clézio, reivindica la cosmogonía indígena en
sus textos dedicados a temas mexicanos como
Las profecías del Chilam Balam y la
Relación de Michoacán.
Obras como Pawana, Tres ciudades
santas y El sueño mexicano o el
pensamiento interrumpido, reflejan en su
escritura el conocimiento, el aprendizaje y
las vivencias como resultado de numerosas
estancias entre las comunidades autóctonas.
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