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Primero, uno debe saber lo que necesita y
volverse el maestro de sí mismo, de sus pensamientos
y de su vida.
Entonces su propia personalidad se volverá agradable y placentera a otros y uno
se volverá una bendición para con quien se encuentre en este mundo.
Hazrat Inayat Khan
No lamente el pasado;
no se preocupe por el futuro;
pero trate de hacer lo mejor de hoy.
Hazrat Inayat Khan
Y si existe un secreto del éxito, la clave es el
control de la mente. La intuición, la inspiración, la revelación, todas llegan
cuando la mente es controlada. Y todas las preocupaciones, ansiedades, miedos, y
dudas proceden de su falta de control.
Hazrat Inayat
Khan
"Debemos tener el cuidado de retirar de nosotros mismos cualquier espina
que nos moleste de la personalidad de otros. "
Hazrat Inayat Khan - La Copa del Saki
No se trata de quién es más bueno,
más humilde o más sincero, sino de quién logrará librarse de todo miedo, de
quién alcanzará la paz y la alegría de que han hablado los maestros.
La única culpable real es la
confusión que reina en nuestro espíritu, un caos que en
diversas tradiciones se denomina ignorancia.
"La luz de la unidad es tan
potente que puede iluminar toda la tierra".
Baha'u'llah (1817-1892),
Teólogo y filósofo iraní
“Puesto
que el ser humano no es más que la historia que queda tras él,
sé tú una bella historia para quien ha de compilarlas”
Al-Saqundi
“¿Qué es
el hombre, sino una nube que procura sombra y que una vez ha
dejado su agua desaparece? ¿Qué es el alma humana sino un
préstamo, aunque el valor del préstamo es la devolución?”
Alí ben Abi-l-Husayn
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Alfredo guardaría un buen
recuerdo de su vida en Boa
Esperanza, no solamente a causa de Neuza.
Fue allí donde se familiarizó con el bosque,
donde aprendió a ver la selva de una manera
distinta, no como un infierno verde, sino
como fuente de vida. Entendió que la selva
compensaba con su exuberancia las carencias
del sistema de explotación que los hombres
habían tramado alrededor del caucho. Parecía
que los caucheros y la naturaleza hubieran
hecho un pacto tácito de ayuda mutua. Las
convicciones del seringueiro
prohibían cazar lo que no fuera
estrictamente necesario para la
supervivencia; al mismo tiempo reverenciaban
los heveas como si fueran humanos. A
cambio, la selva les proporcionaba animales
para alimentarse, plantas para curarse y
agua para refrescarse.
Javier Moro
En “Senderos de Libertad”
Seringueiro: recolector de la savia
del caucho.
Hevea: Árbol del caucho |
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La vida es un pesado fardo;
pero no os pongáis tan compungidos. Todos
somos borricos cargados.
¿Qué tenemos de común con el capullo de rosa
que tiembla porque le oprime una gota de
rocío?
Es verdad: amamos la vida, no porque estemos
habituados a la vida, sino al amor.
Hay siempre algo de locura en el amor: Pero
siempre hay también algo de razón en la
locura.
Y yo, que estoy bien con la vida, creo que
para saber de felicidad, no hay como las
mariposas y las burbujas de jabón, y lo que
se les asemeja entre los hombres.
Ver revolotear esas almitas aladas y locas,
encantadoras y bullidoras, es lo que arranca
a Zaratustra lágrimas y canciones.
Federico Nietzsche
en "Así hablaba Zaratustra"
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¿Le suena
la bicicleta?
Es el futuro. El carro es
una cosa maldita y mientras más rápido
sepamos cómo diseñar las ciudades para otras
formas de transporte, mejor.
La historia muestra que, en
lugar de rediseñar el transporte,
rediseñamos las ciudades para acomodarlo. En
el siglo 19 el tren hizo sus
transformaciones; en el 20, las hizo el
automóvil. Es tiempo de otro paradigma.
Michael Sorkin
Arquitecto-Planificador Urbano
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La esencia del samsara*
es nuestra tendencia a buscar el placer y
evitar el dolor, a buscar la seguridad y
evitar la incertidumbre, a buscar el confort
y evitar la incomodidad.
La enseñanza básica es que esto nos hace
seguir siendo desdichados e infelices nos
aprisiona en una pequeña y limitada visión
de la realidad. Así es como nos mantenemos
arrebujados en el interior de un capullo. En
el exterior están todos los planetas, las
galaxias y el vasto espacio, pero tu estás
metido en ese capullo, o quizá dentro de una
cápsula, como la de una vitamina. Un momento
tras otro te estás diciendo que prefieres
seguir en su interior. Prefieres seguir
siendo una píldora vitamínica a la
experiencia o el sufrimiento de salir a este
gran espacio. La vida en esta cápsula es
agradable y segura. Todo está bajo control.
Estamos en esta zona segura y así es como
consideramos la vida, tenerlo todo bajo
control, tener seguridad. La muerte es
perderla Por eso la tememos y nos causa
tanta angustia. Podría tildarse a la muerte
de embarazosa; sentirse incómodo y fuera de
lugar. Queremos saber qué está sucediendo.
La mente siempre está buscando zonas
seguras, y esas zonas continuamente se están
desmoronando. entonces nos abrimos paso para
conseguir otra zona segura. Empleamos toda
la energía y malgastamos nuestras vidas
intentando re-crear esas zonas seguras que
siempre acaban desmoronándose. Eso es el
samsara.
*samsara: eterno errar en el ciclo del
sufrimiento.
Pema Chödröm
"La Sabiduría de la No-Evasión"
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Cuentan de una banda
de ladrones que apresó a un hombre sincero
que estaba intentando seguir el Camino del
Conocimiento. Los bandoleros descubrieron
que no tenía posesiones de ninguna
importancia y empezaron a murmurar sobre qué
hacer con él.
De repente, el hombre empezó a gritar:
– ¡No! ¡No! ¡Por favor, dadme tiempo!
– No estés tan asustado, hombre, esto
terminará en seguida –le dijo el jefe de la
banda–. Ya que más tarde podrías
identificarnos, vamos a matarte, pero ¡la
muerte, realmente no es nada! La hemos visto
tantas veces...
– ¿La muerte? –dijo el hombre–. No estoy
preocupado por esto. Estábais murmurando y
pensé que habíais decidido pedirme que me
convirtiera en alguien verdaderamente
sincero. Esto es lo que habría sido difícil.
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"Camino diez pasos
y ella se aleja diez pasos.
Camino cien pasos
y ella se aleja cien pasos.
Es inalcanzable...
como el horizonte...
Entonces ¿para qué sirve la utopía?
Para eso sirve...
Para seguir caminando"
Eduardo Galeano
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--¿Existe alguna forma de
medir las propias fuerzas
espirituales?
--Muchas.
--Di tan sólo una.
--Trata de averiguar con qué frecuencia
pierdes la calma a lo largo de un solo día. |
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Cierto hombre creía
que el último día de la humanidad iba a
suceder en una determinada fecha y se debía
afrontar del modo adecuado.
Llegado el día, congregó en torno suyo a
cuantos estuvieron dispuestos a escucharlo y
los condujo a la cima de una montaña. Tan
pronto estuvieron reunidos allí, el peso
acumulado hizo que se hundiera la frágil
corteza de la montaña y todos terminaron en
las profundidades de un volcán.
En efecto, fue para ellos el último día.
|
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–Decir que “casi
comprendes” alguna cosa
relacionada con el espíritu es decir
tonterías.
Esto lo dijo un anciano maestro, hace un
tiempo, en una charla pública en la que
había psicólogos. Uno de ellos, a quien al
parecer le gustó la frase, le preguntó:
–¿Puede ponernos un ejemplo sacado de la
vida cotidiana?
–Uno no puede decir que esta fruta “es casi
una manzana”. O lo es o no lo es. |
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De acuerdo a un sabio,
la crítica pasa a través de tres etapas:
1- "Es imposible" = "lo que dice aquel es
imposible. Por tanto es un mentiroso,
exagerado, falso, hipócrita..."
2- "Es posible, pero inútil" = "tal vez sea
cierto lo que dice pero ¿de qué sirve? ¡vaya
tontería!".
3- "Es útil pero yo ya lo sabía hace
tiempo..."
Cuando se recuerda este principio
permanentemente, entonces puede ser que la
crítica empiece a detenerse. |
|
--Con el trabajo interior
nos purificamos a nosotros pero ¿Cómo
purificamos también al mundo?
A lo que el sabio anciano respondió:
--Había un maestro hace unos siglos llamado
Ulises. Todos lo honraban a causa de su
sabiduría, pero nadie sabía si era realmente
un hombre bueno. Cierta tarde, un defecto de
construcción hizo que se derrumbase la casa
donde Ulises vivía con su esposa. Los
vecinos, muy angustiados, empezaron a cavar
las ruinas, hasta que en cierto momento
consiguieron localizar a la esposa del
maestro.
Al empezar a desenterrarla, ella dijo:
--Dejadme. Salvad primero a mi marido que
estaba sentado más o menos allí.
Los vecinos, rápidamente, removieron los
cascotes en el lugar indicado y encontraron
a Ulises.
Al ser localizado, éste dijo:
--Dejadme. Salvad primero a mi mujer que
estaba acostada más o menos allí.
Cuando alguien actúa como actuó esta pareja
está purificando el mundo entero. |
|
Un gato negro encontró
a un gato blanco. El gato negro miraba cómo
el gato blanco corría en círculos intentando
atrapar su propia cola. Pasados unos
minutos, mareado de mirar a su compañero, el
gato negro le preguntó al blanco qué es lo
que hacia. El gato blanco, haciendo una
pequeña pausa, explicó:
-- ¿Sabes? He descubierto que la felicidad
se halla en mi cola, y por eso la persigo
sin cesar.
--Vaya ¡qué casualidad! -dijo el gato
negro-. También yo descubrí que la felicidad
se halla en mi cola, por eso voy haciendo
tan sólo lo que necesito hacer y ella viene
detrás de mi todo el tiempo... |
|
Blodidárec, un anciano que
vivía en un monasterio de
Bulgaria, recibió un día la visita de un
hombre preocupado y descontento. Le contó
que no conseguía guardar la calma durante
los ejercicios de meditación y plegaria.
--Puedo enseñarte un método muy simple -le
dijo Blodidárec-. Te tapas los oídos y
piensa en rábanos.
--¿Antes o después de los ejercicios?
-preguntó el hombre.
--!Durante los ejercicios, idiota¡ -dijo
Blodidárec. |
|
Para desarrollarnos
como seres humanos, debemos contemplar mucho
menos el "yo progresaré" que el "yo
obstaculiza mi camino". |
|
Unas cabras estaban
pastando cuando vieron a un león
a lo lejos. Unas pocas se alarmaron y
corrieron hacia el líder de la manada en
busca de su ayuda y su interpretación. El
león se acercó, miró a las cabras y rugió.
--No hay por qué preocuparse -dijo el líder
de las cabras- y puedo probarlo: ¡Vean que
feo es el color de su piel!... y en cuanto a
su balido, bueno... Se puede decir que no
llegará a nada. |
|
La gente piensa que piensa
cosas, y también piensa que sabe
cosas.
Sería útil que le prestaran atención a la
cuestión de si saben lo que piensan, y
piensan lo que saben.
Idries Sha |
|
Cuando le preguntaron a
Ardabali porqué nunca le
agradecía a nadie los servicios prestados,
dijo:
--Tal vez no lo creas, pero si yo les doy
las gracias, se sentirán contentos y esto es
lo mismo que si hubiesen sido pagados o
recompensados por sus molestias. Si no se
les agradece, hay aún una posibilidad de que
en el futuro sean recompensados por sus
servicios, y tal recompensa puede ser mucho
mejor para ellos. Por ejemplo, puede llegar
un momento en el que la necesiten realmente. |
|
--No busquéis la
trascendencia -dijo el sabio
anciano-... limitaos a mirar y todo os será
revelado!
--Pero ¿cómo hay que mirar?
--Siempre que miréis algo, tratad de ver lo
que hay en ello, nada más.
Los jóvenes quedaron perplejos, de modo que
el anciano lo puso más fácil:
--Por ejemplo, cuando miréis la Luna, tratad
de ver la Luna y nada más.
--¿Y qué otra cosa que no sea la Luna puede
uno ver cuando mira la Luna?
--Una persona hambrienta puede ver una bola
de queso. Un enamorado, el rostro de su
amada. El avaro, una fortuna enorme. Un
fanático, a Dios sonriéndole... |
|
--¿Qué debo hacer
para llegar a la iluminación? -preguntó
el discípulo.
--Nada -dijo el maestro.
--¿Cómo es eso...?
--La iluminación no es cuestión de hacer. La
iluminación se produce.
--Entonces, ¿no puede alcanzarse nunca?
--Por supuesto que puede alcanzarse.
--¿Y cómo?
--No haciendo.
--¿Y qué hay que hacer para llegar a no
hacer?
--¿Qué hay que hacer para dormirse o
despertarse? |
|
Un hombre se presentó ante
un venerado maestro y le preguntó:
--Cuando medito invocando el nombre del
Buda, presa del sueño, acabo por olvidar el
ejercicio ¿cómo puedo vencer tal obstáculo?
--Es muy sencillo -le contestó el maestro-,
invoca el nombre de Buda cuando estés
despierto. |
|
Usted perdone
–le dijo un pez a otro– es usted más viejo y
con más experiencia que yo y probablemente
podrá usted ayudarme. Dígame, ¿dónde puedo
encontrar eso que llaman océano? He estado
buscando por todas partes sin resultado.
--¿El océano? –respondió el viejo pez–. Es
donde estás ahora mismo.
--¿Esto? Pero si esto no es más que agua...
Lo que yo busco es el océano –replicó el
joven pez, totalmente decepcionado mientras
se marchaba nadando a buscar en otra parte. |
|
Un hombre famoso y
renombrado por sus virtudes
espirituales decía:
--Yo antes solía estar lleno de orgullo y
vanidad pero desde que empecé a estudiar las
enseñanzas orientales soy tan humilde que
apenas podría usted creerlo. Ahora soy
humildísimo. |
|
Cuando llega el invierno,
los árboles deben de suspirar de tristeza al
ver como caen sus hojas.
Dicen:
--Jamás volveremos a ser como antes.
Claro que no. De otro modo, ¿cuál sería el
sentido de la renovación? Las siguientes
hojas tendrán su propia personalidad,
pertenecerán a un nuevo verano que se acerca
y que nunca podrá ser igual al que pasó.
Vivir es cambiar, y las estaciones nos
repiten esta misma lección todos los años.
Cambiar significa pasar por un período de
depresión: todavía no conocemos lo nuevo y
tenemos que olvidar todo aquello a lo que
estábamos acostumbrados. Pero si tenemos un
poco de paciencia, la primavera siempre
llega y olvidaremos el invierno de nuestra
desesperación.
Cambio y renovación son leyes de vida. Es
bueno acostumbrarse a ellas y no sufrir por
cosas que sólo existen para traernos
alegrías.
Zhuang Zi
|
|
El anciano sabio decía
a su discípulo:
--¡Oye! No te quedes ahí, como estúpido,
contemplando todo el tiempo los problemas
que hay en tu camino. Si lo haces,
terminarán por hipnotizarte impidiéndote
cualquier acción. ¡Oye! Tampoco permanezcas
concentrado en tus propias cualidades, te
fueron dadas para ser usadas, no para ser
exhibidas. |
|
Todas las preguntas que se
suscitaron aquel día en la
reunión pública estaban referidas a la vida
más allá de la muerte.
El maestro se limitó a sonreír sin
pronunciar una sola respuesta hasta acabar
la reunión. Tiempo después, los discípulos
le preguntaron por qué se había mostrado tan
evasivo.
--¿No habéis observado que los que no saben
qué hacer con esta vida son precisamente los
que más desean otra vida que dure
eternamente?
--Pero ¿hay vida después de la muerte o no
la hay?–insistió de nuevo un discípulo.
--¿Hay vida antes de la muerte? ¡Esta es la
cuestión!–replicó el maestro.
|
|
Todas las preguntas que se
suscitaron aquel día en la
reunión pública estaban referidas a la vida
más allá de la muerte.
El maestro se limitó a sonreír sin
pronunciar una sola respuesta hasta acabar
la reunión. Tiempo después, los discípulos
le preguntaron por qué se había mostrado tan
evasivo.
--¿No habéis observado que los que no saben
qué hacer con esta vida son precisamente los
que más desean otra vida que dure
eternamente?
--Pero ¿hay vida después de la muerte o no
la hay?–insistió de nuevo un discípulo.
--¿Hay vida antes de la muerte? ¡Esta es la
cuestión!–replicó el maestro.
|
|
Un estudiante acudió a
Bankéi y le planteó su problema:
--Maestro, tengo una irascibilidad
ingobernable ¿Cómo puedo curármela?
--Vaya... Tienes una cosa realmente extraña
–respondió Bankéi–. Quisiera verla.
--Ahora mismo no puedo mostrársela –repuso
el estudiante.
--Ya... ¿Y cuándo me la puedes mostrar?
–preguntó Bankéi.
--Me viene de improviso.
--Entonces –concluyó Bankéi– no ha de ser de
tu propia y verdadera naturaleza. Si lo
fuera, podrías mostrármela en cualquier
momento. Cuando naciste no la tenías y tus
padres no te la dieron. Piénsalo bien. |
|
Nasrudín comenzó a charlar
con algunos amigos. Uno de ellos, de
repente, le preguntó por su mujer:
--¡Ah, mi mujer! Se ha quedado en casa.
--¿A qué se dedica? –preguntó el otro.
Nasrudín se encogió de hombros y le dijo:
--Insignificancias, cosas sin importancia,
pequeñas cosas sin trascendencia alguna. Se
encarga de llevar a cabo las tareas del
hogar, cuida de nuestros hijos y los ayuda a
estudiar, va al mercado, hace reparaciones
cuando son imprescindibles, como pintar la
casa y arreglar lo que se rompe... Saca agua
del pozo y riega la huerta, también atiende
a su madre enferma y se hace cargo de la
mía. A veces visita a su hermana y le ayuda
con los niños... cosas así, pequeñas cosas
sin trascendencia.
--¿Y tú que haces? –le preguntó otro de los
reunidos.
--¡Ah amigos, yo soy verdaderamente
importante, claro! Yo soy el que investiga
si Dios existe. |
|
Los discípulos buscaban la
Iluminación, pero no sabían en
que consistía ni cómo podía llegarse a ella.
Preguntaron y el Maestro les dijo:
--No puede ser conquistada. No podéis
apoderaros de ella.
Pero al ver el abatimiento de los
discípulos, el Maestro añadió:
--No os aflijáis, tampoco podéis perderla.
Y esta es la fecha en que los discípulos
andan buscando lo que ni puede ser perdido
ni puede ser adquirido. |
|
--¿Existe alguna forma
de medir las propias fuerzas espirituales?
-- Muchas.
-- Dinos tan sólo una.
-- Tratad de averiguar con que frecuencia
perdéis la calma a lo largo de un sólo día. |
|
–¿Hay algo que
yo pueda hacer para llegar a la iluminación?
–le preguntaba un discípulo a su maestro.
–Tan poco como lo que puedes hacer para que
amanezca por las mañanas.
–Entonces, ¿para qué valen los ejercicios
espirituales que tú mismo me recomiendas?
–Para estar seguro de que no estarás dormido
cuando el sol comience a salir. |
|
Durante un viaje,
Buda encontró a un yogui apoyado en una sola
pierna.
--Quemo los errores de mi pasado -explicó el
hombre.
--¿Y cuántos errores has quemado ya?
--No tengo ni la menor idea...
--¿Y cuántos te falta quemar? -insistió
Buda.
--No tengo la menor idea
--Entonces es hora de acabar con esto. Deja
de pedir perdón a Dios y ve a pedir perdón a
aquellos a quienes heriste. |
|
Una vez dijo un sabio:
-- Debes esforzarte en ser paciente tanto
con lo que quieres como con lo que no
quieres, pues ambos te pondrán a prueba.
Ejercita los dos tipos de paciencia y merece
el nombre de 'ser humano'. |
|
Un hombre fue al mercado
y llegó a la tienda de Nasrudín. Había un
pollo colgado.
–¿Cuánto pesa? -preguntó a Nasrudín.
–Verá... dos kilos y medio -contestó nuestro
amigo.
–¿No tiene uno más grande? -volvió a
preguntar el cliente.
–Voy a mirar -respondió Narsrudin.
Lo cierto es que Nasrudín sólo tenía aquel
pollo pero no quería perder la venta. Así
que se metió en la trastienda y al minuto
volvió con el mismo pollo entre las manos,
habiéndole dado la vuelta.
–Señor, éste otro pesa tres kilos -dijo
Nasrudín.
–Muy bien -dijo el cliente satisfecho-
¡Póngame los dos! |
|
Un
buscador espiritual viajó a la
India en su afán por encontrar a un
verdadero iluminado. Viajó durante meses.
Visitó desde los Himalayas, recorrió
montañas, dunas, desiertos, ciudades y
pueblos. Obtuvo mucha información y, por
fin, halló en un lugar retirado y según
todos los testimonios, un verdadero "hombre
realizado".
El graznido de los cuervos rompía el
silencio de una tarde apacible. El hombre se
hallaba bajo un rododendro, en actitud
meditativa. El visitante lo saludó
cortésmente, se sentó a su lado y le
preguntó:
--Antes de que usted hallase la realización,
¿se deprimía?
--Sí, claro, a veces -repuso tranquilamente
el iluminado.
El buscador hizo una segunda pregunta:
--Dígame maestro, y ahora, después de su
iluminación, ¿se deprime?
--Sí, claro, a veces. Pero ya ni me importa
ni me incumbe. |
|
El ser humano
es una casa de huéspedes, una alegría.
Una depresión,
una maldad,
un despertar
momentáneo,
aparece como un visitante
inesperado.
Dales la bienvenida y hazlos pasar a todos.
Aún si se trata de una multitud de penas,
que arrasan tu casa vaciándola de sus
muebles,
sin embargo,
trata a cada huésped
honorablemente.
Puede estar despejándote
para una nueva
delicia.
El pensamiento oscuro,
la vergüenza,
la
maldad
recíbelos en la puerta riéndote,
invítalos a pasar.
Siente gratitud por quienquiera que venga,
porque cada uno ha sido enviado
cómo un guía
del más allá.
Rumi
|
|
--¿Cómo
puedo yo experimentar
mi unidad con la creación?
--Observando y escuchando -respondió el
Maestro.
--¿Y cómo he de escuchar?
--Siendo un oído que presta atención a la
cosa más mínima que el universo nunca deja
de decir. En el momento que oigas algo que
tú mismo estás diciendo, detente. Ya no
escuchas.
|
|
Había una
vez un rey violento, ignorante e
idólatra. También sufría una dolorosa
locura. Un día juró a su ídolo personal por
si le concedía satisfacer cierto deseo, él
apresaría a las primeras tres personas que
pasaran por su castillo y las obligaría a
consagrarse de por vida al culto del ídolo.
Naturalmente, el deseo del rey se cumplió.
Enseguida envió soldados a la carretera para
que le llevaran a las tres primeras personas
que encontraran.
Las tres personas fueron un erudito, un
santo descendiente de una antigua línea de
santos y una prostituta.
Cuando los arrojaron a los pies del ídolo,
el rey les contó su voto y les ordenó que se
doblegaran ante la imagen.
El erudito dijo:
--Esta situación cae, sin duda, dentro de la
doctrina de “fuerza mayor”. Hay numerosos
precedentes que permiten que uno parezca
estar de acuerdo con una costumbre si se le
obliga a ello, sin que exista culpabilidad
real de tipo legal o moral.
Así que le hizo una profunda reverencia al
ídolo. El santo, cuando llegó su turno,
dijo:
--Como persona especialmente protegida por
cuyas venas corre la sangre de tantos
santos, mis propias acciones purifican todo
lo que hago. Por tanto, nada impide que
actúe como me pide este hombre.
Y se inclinó ante el ídolo.
La prostituta dijo:
--¡Ay de mí! Yo no tengo ni formación
intelectual ni prerrogativas especiales. Por
eso me temo que, me hagas lo que me hagas mi
rey, no puedo adorar a este ídolo ni
siguiera de forma fingida.
Antes esta respuesta, la enfermedad del rey
loco desapareció súbitamente. Como por arte
de magia se dio cuenta del engaño de los dos
adoradores de la imagen. Mandó decapitar al
erudito y al santo, y liberó a la
prostituta.
|
|
Un pez oyó
hablar a unos hombres de una
substancia milagrosa llamada "agua". El pez
se quedó tan intrigado que reunió a varios
amigos peces y les anunció solemnemente que
se iba a buscar esta maravillosa substancia.
Los amigos le ofrecieron una ceremonia
adecuada y le despidieron.
Mucho después de que lo
hubieron dado por perdido en su peligroso
viaje, el pez llegó de regreso viejo,
cansado y deshecho. Los amigos se
apresuraron a darle la bienvenida y le
preguntaron ansiosos:
--¿Lo encontraste? ¿Hallaste la substancia
milagrosa?
--Si –respondió el pez–. Pero no os creerías
lo que he descubierto.
Acto seguido, el viejo pez se alejó
despacio.
|
--¿Cómo alcanzaré la vida
eterna? -le preguntaron a un
sabio.
--Ya es la vida eterna. Entra en el
presente.
--Pero si ya estoy en el presente... ¿o no?
--No.
--¿Por qué no?
-- Porque no has renunciado al pasado.
--¿Y por qué iba a renunciar a mi pasado? No
todo el pasado es malo...
--No hay que renunciar al pasado porque sea
malo, sino porque está muerto. |
Una vez llegaron cinco
viajeros a las puertas del Cielo.
-- ¿Quiénes sois? -preguntó el guardián.
-- Yo soy la Religión -dijo el primero
-- Yo la Juventud.
-- Yo soy la Comprensión -dijo otro
-- Yo soy la Inteligencia.
El último dijo:
--Yo soy la Sabiduría.
Entonces el guardián del Cielo pidió a los
viajeros que se identificaran.
La Religión se arrodilló y rezó. La Juventud
rió y cantó. La Comprensión se sentó y
escuchó. La Inteligencia analizó y opinó.
Por último la Sabiduría contó un cuento. |
Le dijo el sabio
al hombre de negocios:
--Del mismo modo que el pez perece en tierra
firme, así también tú mueres cuando te dejas
enredar en el mundo. El pez necesita volver
al agua... y tu necesitas volver a la
soledad.
El hombre de negocios no salía de su
asombro.
--¿Debo, pues, renunciar a mis negocios e
ingresar en un monasterio?
--No, nada de eso. Sigue con tus negocios y
además entra en tu corazón. |
Cuando seas inspirado
por una gran meta, un extraordinario
proyecto, todos tus pensamientos extrapolan
sus límites, tu mente transciende
limitaciones, tu consciencia se expande en
todas direcciones y te encontrarás en un
mundo nuevo, grande y maravilloso. Fuerzas
adormecidas, facultades y talentos se
manifiestan, y descubres que eres una
persona mucho más grande de lo que tú jamás
has pensado ser.
Pantajali
El Amor es el medio
por el que
los mensajeros del misterio
nos dicen las cosas.
El Amor es la madre,
somos sus hijos.
Brilla en nuestro interior,
visible-invisible, cuando creemos o dejamos
de creer,
O sentimos que empieza a crecer de nuevo.
Rumi |
El conquistador del amor
es aquél a quien el amor conquista.
Aplícate, con pies y manos, a la búsqueda,
pero cuando llegues al mar, deja de hablar
del río
Eres esclavo de fama y vergüenza,
¿Qué es la eternidad para ti?
Una miríada de obstáculos están en tu
camino,
tu coraje vacila y se acaba.
Toda tu charla es un mero juego de palabras
mientras sigas en la trampa.
Eres un recién llegado a la existencia
deja de hablar de eternidad
cuando aun no diferencias tu cabeza de tus
pies.
No hay dualidad en el mundo del amor,
¿Qué es toda esa charla de "tu" y de "yo"?
¿Cómo puedes llenar una taza que ya está
llena?
Tráete todo entero a esta puerta,
si traes sólo una parte no habrás traído
nada.
De El jardín amurallado de la verdad,
pág. 52.53, Hakim Sanai |
Un hombre vio una vez
a un zorro inválido que tenía buena
presencia y se preguntó cómo se las
arreglaría para estar tan bien alimentado.
Decidió observar y descubrió que el zorro se
había instalado cerca de un lugar donde un
león traía su presa. Después de comer, el
león se alejaba, y el zorro comía los
restos. De modo que el hombre decidió dejar
que el destino le sirviera a él de la misma
manera.
Se sentó en la calle y esperó. Todo lo que
sucedió fue que se volvió cada vez más débil
y hambriento, y nada ni nadie se interesaba
por él.
A su debido tiempo, una voz le dijo:
--¿Por qué tienes que comportarte como un
zorro inválido? ¿Por qué no deberías ser un
león, así los demás podrían beneficiarse de
lo que dejas? |
Un hombre rico
decidió visitar a un santo para obtener su
bendición. Realizó un largo viaje acompañado
por una deslumbrante comitiva y al fin llegó
al hogar del sabio.
--¡Oh, Iluminado! -exclamó el hombre rico al
estar en presencia del sabio -¡Maestro cuyas
invocaciones obtienen siempre respuesta, di
una oración por mí.
--¿Qué oración quieres que realice?
-preguntó el santo.
--Pide que nunca caiga en un estado inferior
al que me encuentro ahora.
El sabio estuvo de acuerdo y efectuó la
oración. Bueno. Algunos años más tarde, el
santo entró en un miserable mercado y
encontró a un mendigo, vestido con harapos,
que le atacó cuando le vio.
--¡Yo soy aquel magnate por quien tú
rezaste, falso y villano supuesto santo!
-gritó el mendigo.
El sabio dijo:
--¿Cuál es con exactitud tu queja?
--¿Queja? ¡Mírame, pidiendo limosna e
infeliz...!
--La oración ciertamente obtuvo respuesta.
Tu estado era codicia e inseguridad, y aún
te encuentras fuertemente atrapado en sus
garras. |
–¿Hay algo que
yo pueda hacer para llegar a la iluminación?
–le preguntaba un discípulo a su maestro.
–Tan poco como lo que puedes hacer para que
amanezca por las mañanas.
–Entonces, ¿para qué valen los ejercicios
espirituales que tú mismo me recomiendas?
–Para estar seguro de que no estarás dormido
cuando el sol comience a salir. |
|
Hoy, como cualquier otro día, nos
despertamos vacíos y asustados.
No abras la puerta del estudio y empieces a
leer.
Coge un instrumento musical.
Deja que la belleza de lo que amamos sea lo
que hacemos.
Hay cientos de formas de arrodillarse y
besar el cielo.
Rumi |
|
|
|
Drogadicto. Esa era la
meta a la que me dirigía: a
desempeñar el papel definitivo y fatal de
joven aspirante a negro. Excepto que mis
fumadas no habían sido motivadas por mí, aun
intentando demostrar lo 'hermano' que era.
Al menos no por aquel entonces. Fumaba justo
por lo contrario, porque así evitaba
preguntarme quién era, porque suavizaba el
relieve de mi corazón y difuminaba las
esquinas de la memoria. Descubrí que no
había diferencia alguna entre fumar porros
en la nueva y reluciente furgoneta de un
compañero blanco de clase, o en la
habitación de la residencia universitaria de
algún hermano que hubiera conocido en el
gimnasio, o en la playa con una pareja de
jóvenes hawaianos que habían abandonado la
escuela y ahora pasaban la mayor parte del
tiempo buscando una excusa para armar
bronca. Nadie te hacía preguntas sobre si tu
padre era un ejecutivo ricachón que engañaba
a su esposa o un tipo en paro que te pegaba
cada vez que se dignaba volver a casa.
Podías estar aburrido, o solo. Todo el mundo
era bien recibido en el club de los
descontentos. Y si la fumada no podía
resolver lo que te hacía sentir mal, al
menos haría que te rieras de la locura en la
que se había metido el mundo y ver la
hipocresía, la mierda y la moralidad de
pacotilla.
Barack Obama
En “Los sueños de mi padre” –
Autobiografía |
|
Penetra
sordamente en el reino de las palabras.
Allí están los poemas que esperan ser
escritos.
Están paralizados, pero no hay
desesperación,
hay calma y frescura en la superficie
intacta.
Helos solos y mudos, en estado de
diccionario.
Convive con tus poemas antes de escribirlos.
Ten paciencia, si oscuros. Calma, si te
provocan.
Espera que cada uno se realice y se consuma
con su poder de palabra
y su poder de silencio.
No fuerces al poema a desprenderse del
limbo.
No cojas del suelo el poema que se ha
perdido.
No adules al poema. Acéptalo.
Como él aceptará su forma definitiva y
concentrada en el espacio.
Acércate más y contempla las palabras.
Cada una
tiene mil facetas secretas bajo la faz
neutra
y te pregunta, sin interés por la respuesta,
pobre o terrible, que pudieras darle:
¿Has traído la llave?
Carlos Drummond de Andrade
de "La rosa del pueblo"
|
|
La
soberbia niega y contradice lo
que la humildad afirma y aconseja. Mientras
la soberbia estimula la arrogancia, la
vanidad, la egolatría y la presunción de
querer ser lo que no se es, la humildad es
la virtud que da el conocimiento de sí
mismo, de las limitaciones, las debilidades
y las capacidades para tratar con prudencia
y obrar con respeto ante todo ser
viviente.
La satisfacción y envanecimiento de las
dotes propias con desprecio de las de los
demás, es también una de las posturas
mentales de la soberbia. La altivez,
altanería, jactancia, arrogancia,
presunción, fatuidad, ufanía, pedantería,
humos, descaro, endiosamiento,
impertinencia, ínfulas, insolencia,
empecinamiento, copetudez, fanfarronería son
algunas de las infinitas máscaras de la
soberbia.
La soberbia es el amor excesivo de sí mismo,
que por presunción, vanidad y jactancia
mueve al ser humano a idealizarse como un ser superior a sus semejantes.
Del blog:http://centroluminoso.blogspot.com/
|
Estamos en
Tierra de los Tontos.
--Analiza siempre las pruebas con espíritu
crítico -aconsejó un sabio a uno de sus
estudiantes-. Mira, voy a ponerte a prueba
en lo referente a la factibilidad de los
hechos. Si te dijese: ¡Trepa por ese rayo de
luna...! ¿Qué responderías?
--Diría que podría resbalarme al subir...
--¡Ves, hombre, estás equivocado! Debiste
haber contestado que sería necesario hacer
muescas con un hacha para afirmar los pies
en ellas y poder subir. |
|
"... un siglo después de
la llegada de Kago a la Tierra, cualquier
forma de vida en aquel globo que había sido
de un sustancioso azul verdoso, pacífico y
húmedo, estaba muerta o a punto de morir.
Por todas partes se encontraban los
caparazones de los grandes escarabajos que
los hombres habían construido y adorado.
Eran automóviles. Lo habían matado todo.
El propio Kago había muerto mucho antes que
el planeta. Estaba tratando de dar una
charla en un bar de Detroit acerca de lo
nocivos que eran los automóviles. Pero como
era tan diminuto, nadie le prestaba la menor
atención. Se tumbó a descansar un momento y
un obrero-automóvil borracho creyó que era
un fósforo y lo mató al frotarlo varias
veces contra la parte de debajo de la barra,
intentando encenderlo."
Kurt Vonnegut
"El Desayuno de los Campeones"
|
|
Se cuenta que en un pueblo
del interior, un grupo de personas se
divertían con el tonto del pueblo: un pobre
infeliz, de poca inteligencia, que vivía
haciendo pequeños mandados y la limosna
pública.
Diariamente, algunos hombres llamaban al
tonto del pueblo al bar donde se reunían y
le ofrecían escoger entre dos monedas. Una
era de tamaño grande, de 400 reales, y la
otra tenía menor tamaño pero era de 2000
reales.
Él siempre cogía la más grande de tamaño y
menos valiosa, lo que era motivo de risa
para todos. Un día, alguien que observaba al
grupo divertirse con el inocente hombre, le
llamó aparte y le preguntó si no sabía que
la moneda de mayor tamaño valía menos.
El tonto del pueblo le respondió:
–Claro que lo sé, no soy tan tonto. La
grande vale cinco veces menos, pero el día
que escoja la moneda pequeña el juego
acabará y no voy a ganar más mi moneda
diaria. |
|
–¿Qué es el destino?
-le preguntó, al viejo Nasrudín, un erudito
queriendo atraparlo en contradicción.
–Una sucesión interminable de eventos
interrelacionados, cada uno influyendo en
los demás -dijo.
–Esa respuesta no satisface. Yo creo en la
causa y efecto.
–Muy bien -replicó Nasrudín-, observa eso.
Y apuntó a un cortejo que pasaba por la
calle. Iban a ajusticiar un hombre.
–A ese hombre lo van a ahorcar. Dime ¿lo van
a ahorcar porque alguien le dio una moneda
de plata que le permitió comprar el cuchillo
con el cual cometió el crimen, o porque
alguien le vio cometer el crimen y lo
denunció, o porque nadie se lo impidió, o
porque el juez lo ha decidido, o porque en
su infancia nadie le enseñó a respetar la
vida humana, o porque pasaba hambre, o
porque la policía lo atrapó o porque el
difunto no huyó de él al verlo? |
|
Nashrudin
a veces llevaba a la gente a
pasear en su bote. Un día un pedagogo y
lingüista lo contrató para que le
transbordara al otro lado de un ancho río.
Tan pronto como empezaron a navegar, el
erudito preguntó si la travesía sería
inquietante.
--De eso, pregúnteme nada -contestó
Nashrudin.
--¿Qué, nunca has estudiado gramática?
--No -respondió él.
--Has perdido entonces la mitad de tu vida.
Nashrudin no contestó. Pronto se desató una
terrible tormenta. El endeble barquichuelo
de Nashrudin empezó a hacer agua. Éste se
inclinó hacia su compañero de travesía y le
preguntó:
--¿A nadar usted ha aprendido?
-- ¡No! -contestó el erudito.
--En caso tal, maestro, ha usted toda su
vida perdido porque nos hundiendo estamos.
|
|
Escucha
Escucha a un amigo, y entonces oirás una
idea distorsionada de ti mismo.
Escucha a tu enemigo, y oirás algo también
distorsionado.
La amistad nos ayuda a sobrevivir y nos
fortalece.
La oposición nos hace más fuertes.
Cuando hemos sobrevivido y hemos sido
fortalecidos
nos encontramos con otra versión, distinta a
las del amigo o el enemigo.
Esta es la Visión Superior,
La valía de la Morada se encuentra en el
morador.
Idries Shah |
|
Habiendo tenido noticias
de que la Tierra era terreno de
odio y perversidades, corrupción y
malevolencia, el Sr. Diablo abandonó durante
unos días su reino para disfrutar de un
viaje. En compañía de uno de sus acólitos,
el Sr. Diablo fue a dar un largo paseo por
el planeta Tierra.
Maestro y discípulo iban caminando
tranquilamente cuando, de súbito, éste
último vio una partícula de Verdad.
Alarmado, previno al Diablo:
–Señor, allí hay una partícula de Verdad
¡cuidado no vaya a extenderse!
El Sr. Diablo, sin alterarse en lo más
mínimo, repuso:
–No te preocupes, hijito, ya se encargarán
los humanos de institucionalizarla. |
|
Le preguntaron a Hilmi:
--¿Por qué te tomas tanto interés en
materias que no están relacionadas con el
progreso del ser humano?
Él dijo:
--Cuando quieres saber si el carpintero ha
estado trabajando duro, echas una mirada a
las virutas en su taller no a lo que te dice
que ha hecho. |
|
Un ruiseñor decía, cierta
vez, a un pavo real:
--Cuando trino, la gente me rodea para
escuchar la belleza de mi canto. El hombre
tal vez sea asesino pero también esteta.
El pavo real después de escuchar con
atención, decidió atraer a la muchedumbre
para que admirara su hermoso plumaje,
incomparablemente más exquisito y que ningún
ruiseñor podría exhibir. Con ése propósito
acudió a un lugar dónde se congregaban seres
humanos. Se pavoneó tanto frente a ellos,
plegando y desplegando su cola, escondiendo
y extendiendo sus plumas ante la mirada de
todos, que uno de los espectadores dijo:
--Ese infortunado pavo real tiene algo que
no anda bien. No puede quedarse quieto. Debe
ser alguna enfermedad.
En vista de lo cual tomaron al pavo real y
lo mataron, no fuese que la enfermedad se
propagase a sus aves domésticas. |
|
--¿Por qué no dejas nunca
de hablar de mis errores pasados? -le
preguntó el marido a su esposa-. La verdad,
pensaba que ya habías perdonado y olvidado
lo pasado.
--Y es cierto. He perdonado y olvidado
-respondió la mujer-, pero quiero estar
segura de que tú no olvides que yo he
perdonado y olvidado. |
|
Una caravana que iba
por el desierto se detuvo cuando empezaba a
caer la noche.
Un muchacho, encargado de atar a los
camellos, se dirigió al guía y le dijo:
--Señor, tenemos un problema. Hay que atar a
veinte camellos y sólo tengo diecinueve
cuerdas. ¿Qué hago?
--Bueno -dijo el guía-, en realidad los
camellos no son muy lúcidos. Ve donde está
el camello sin cuerda y haz como que lo
atas. El se va a creer que lo estás atando y
se va a quedar quieto.
El muchacho así lo hizo. A la mañana
siguiente, cuando la caravana se puso en
marcha, todos los camellos avanzaron en
fila. Todos menos uno.
--Señor, hay un camello que no sigue a la
caravana.
--¿Es el que no atastes ayer porque no
tenías soga?
--Sí ¿cómo lo sabe?
--No importa. Ve y haz como que lo desatas,
si no va a creer que siguen atado. Y si lo
sigue creyendo no caminará. |
|
Marco Polo describía un
puente, piedra por piedra.
--¿Pero cuál es la piedra que sostiene el
puente? --preguntó el emperador Kublai Kan.
--El puente no esta sostenido por esta o
aquella piedra -dijo Marco Polo-, sino por
la línea del arco que ellas forman.
Kublai permaneció silencioso, reflexionando.
Después dijo:
--¿Por qué me hablas de las piedras? Es sólo
el arco lo que importa.
--Sin piedras no hay arco -dijo Marco. |
|
Había una vez un hombre
que viajó en búsqueda de la iluminación
espiritual. Finalmente, llegó a la morada de
un sabio que tenía la reputación de ser un
maestro de los más grandes secretos del
alma.
En el preciso momento en que se le hizo
pasar a presencia del hombre ilustre, una
extraña agitación se apoderó de él y cayó al
suelo. Sintió que la misma tierra parecía
quererse abrir y tragárselo.
--Al fin, al fin... te encuentro -balbuceó-.
Oh Maestro, has exaltado mi espíritu, has
conmovido mi ser más íntimo...
--Lo siento, no entiendo bien -dijo el
venerable maestro-. ¿Cómo imaginas que
puedes beneficiarte de lo que ha sido sólo
un ligero terremoto? Ocurren muy a menudo
por aquí... |
|
Un prominente sabio
de Asia Central estaba examinando candidatos
que aspiraban a convertirse en discípulos.
--Veamos, quien quiera entrenamiento y no
aprendizaje, quien desee discutir en vez de
estudiar, quien sea impaciente, quien quiera
tomar en vez de ofrecer... debe levantar la
mano.
Nadie se movió.
--¡Muy bien! -dijo el Maestro-. Ahora
vendréis conmigo y conoceréis a algunos de
mis discípulos. Han estado conmigo durante
tres años.
Les condujo a una habitación de meditación
donde había una hilera de gente sentada y
les dijo:
--Aquellos que desean ser entretenidos en
vez de aprender, quienes son impacientes y
quieren discutir, los que toman y no
ofrecen... por favor, que todos estos se
levanten.
La hilera completa se puso de pie. El sabio
se dirigió al primer grupo:
--Según vuestro criterio, ahora sois mejores
personas de lo que seréis dentro de tres
años, si permanecéis aquí. Vuestra vanidad
actual os lleva incluso a sentiros
importantes. Así que volved a vuestros
hogares y, antes de venir otra vez en el
futuro, si así lo deseáis, reflexionad bien
acerca de si queréis sentiros mejor de lo
que sois o peor de lo que el mundo os
considera. |
|
Un hombre, que imaginaba
ser un genuino buscador del
sentido profundo de la vida, visitó a un
venerable anciano. El sabio era muy, muy
viejo y gozaba de gran reputación como guía
espiritual procedente de una larga línea de
místicos. El hombre lo saludó con estas
palabras:
--Qué maravilloso es que hayas alcanzado una
edad tan venerable y que seas extensamente
admirado por tus austeridades que realzan tu
elevada espiritualidad. ¿Cuáles son las
características más importantes de tu
disciplina?
--Primero -dijo el anciano con voz trémula-,
me ciño firmemente al vegetarianismo y
segundo, siempre estoy sereno y nunca, por
ningún motivo, pierdo los estribos con nada
ni con nadie...
En ese momento se oyó un gran tumulto de
gritos y alaridos que procedían de la
cocina.
--No le prestes atención a eso -dijo el
anciano sonriendo-. Tan solo se trata de mi
ilustre padre, que está dándole una paliza
al carnicero por haberse retrasado en
traerle la carne que le encargó. |
|
Un día, un becerro tuvo
que atravesar un bosque virgen
para volver a su pastura.
Como era un animal irracional y joven, abrió
un sendero tortuoso, lleno de curvas,
subiendo y bajando colinas que no hacía
falta subir.
Al día siguiente, un perro que pasaba por
allí usó ese mismo sendero para atravesar el
bosque. Después fue el turno de un carnero,
cabeza de rebaño, que viendo el espacio ya
abierto hizo que sus compañeros siguieran
por allí.
Más tarde, los hombres comenzaron a usar ese
sendero. Entraban y salían, giraban a la
derecha y a la izquierda, subían y
descendían, se desviaban quejándose y
maldiciendo, con toda razón. Pero... no
hacían nada para crear una alternativa
nueva.
Después de tanto uso, el sendero acabó
convertido en un amplio camino donde los
pobres animales se cansaban bajo pesadas
cargas. El sendero les obligaba a recorrer
en tres horas una distancia que podría haber
sido vencida en treinta minutos si no
hubieran seguido la vía abierta por el
becerro.
Pasaron muchos años y el camino se convirtió
en la calle principal de un poblado.
Finalmente, en la avenida principal de una
ciudad. Todos se quejaban del tránsito,
porque el trayecto era el peor posible.
Mientras tanto, el viejo y sabio bosque se
reía al ver como los humanos tienen la
tendencia a seguir como ciegos el camino que
ya está abierto, sin preguntarse nunca si
esa es la mejor elección. |
|
Mientras el demonio estaba
hablando con sus amigos, se
fijaron en un hombre que caminaba por la
calle. Siguieron su recorrido con los ojos y
vieron que se agachaba con mucho interés
para coger algo del suelo.
--¿Qué habrá encontrado? -preguntó uno.
--Un pedazo de la Verdad -respondió el
demonio.
Sus amigos se preocuparon muchísimo. Al fin
y al cabo, un pedazo de la Verdad podía
salvar el alma de aquel hombre y tendrían
una menos en el Infierno. Pero el demonio,
imperturbable, seguía contemplando el
paisaje.
--¿No estás preocupado? -le dijo uno de sus
compañeros- ¡Ha encontrado un pedazo de la
Verdad!
--Oh, no. No me preocupa en absoluto
-respondió el demonio- ¿Sabes qué hará con
este pedazo? Como siempre, creará una nueva
religión y alejará muchas más personas de la
Verdad total. |
|
Había una vez
un vendedor de relojes de pulsera que
descubrió que podía vender con facilidad
relojes a la gente de la ciudad. Ellos
sabían qué era el tiempo. Sin embargo, con
los campesinos le era más difícil. Un día,
estando en el campo, se encontró con un
hombre que cortaba leña. Se hizo la promesa
de que lograría que el campesino entendiese
el valor de un cronómetro. De modo que dijo:
--Buenos días ¿Qué hora es?
El viejo campesino miró la pila de madera y
respondió:
--Faltan veinte leños para la comida del
mediodía. |
|
Ante una batalla decisiva,
el general japonés decidió tomar la
iniciativa y atacar, a pesar de saber que el
enemigo era mucho más numeroso. Aunque
confiaban en su estrategia, sus hombres
estaban temerosos. Camino hacia la
confrontación, resolvieron detenerse en un
templo. Después de rezar, el general se
dirigió a sus soldados:
--Voy a arrojar esta moneda. Si sale cara,
volveremos todos al campamento. Si sale
cruz, significará que los dioses nos
protegen y que derrotaremos al enemigo.
Ahora se revelará nuestro futuro.
Tiró la moneda al aire y los ojos ansiosos
de sus soldados vieron el resultado: cruz.
Todos vibraron de alegría, atacaron con
confianza y vigor y pudieron celebrar la
victoria al atardecer.
Orgulloso, su comandante comentó:
--Los dioses siempre tienen razón. Nadie
puede cambiar el destino revelado por ellos.
--Tienes razón, nadie puede cambiar el
destino cuando estamos decididos a seguirlo.
Los dioses nos ayudan, pero a veces tenemos
que ayudarlos también –respondió, entregando
la moneda a su oficial.
Los dos lados marcaban cruz. |
|
El maestro le insistía a
su discípulo una y otra vez sobre
la necesidad de cultivar el sosiego.
--Deja que tu mente se remanse y se
sosiegue.
--Ya ¿Pero qué más? –preguntaba impaciente
el discípulo.
--De momento, sólo eso.
Pero el discípulo no lograba estar paciente
y se exasperaba, sin dejar de preguntar:
--¿Y qué más?
--De momento, sólo eso. Sé paciente,
sosiégate, recupera la paz interior.
Un día y otro recibía la misma instrucción,
hasta que el discípulo le preguntó:
--Pero maestro, ¿por qué consideras tan
importante el sosiego?
--Acompáñame –dijo el maestro.
Le condujo hasta un estanque y con un palo
comenzó a agitar sus aguas. Entonces
preguntó:
--Mírate ¿Puedes ver tu rostro en el agua?
--¿Cómo voy a verlo si el agua está tan
agitada? –protestó el discípulo, pensando
que el maestro se burlaba de él.
--De igual manera, mientras estés agitado no
podrás ver el rostro de tu esencia, de tu yo
interno. |
|
Se cuenta que dos
estudiantes del Camino
espiritual, comprometidos en su propia
evolución, estaban discutiendo acerca del
ser humano. El primero dijo:
--El hombre llega a la Verdad a través de su
esfuerzo personal y la búsqueda, y
comenzando con ignorancia, alcanza el
conocimiento.
El segundo dijo:
--No. El hombre llega a la Verdad sólo a
través de la guía de Maestros y Gurúes
expertos.
Llegaron casi a las manos. Estaban lejos de
resolver su discusión cuando un verdadero
iniciado, un hombre santo, pasó por
casualidad. Los dos lo conocían y decidieron
referirle la cuestión.
--Pronúnciate en este asunto, por favor –le
urgieron.
--Muy bien ¿Acaso cada uno de vosotros ha
visto dos perros disputando acerca de un
hueso?
--Si, lo hemos visto -dijeron los dos
estudiantes.
--¿Y habéis visto alguna vez al hueso unirse
a la disputa? Pensad en ello.
(R. Tagore) |
|
--Estoy en alquiler
¡contratadme! --gritaba yo una
mañana andando por la carretera.
El rey pasó con su carroza, la espada en la
mano. Me cogió y me dijo:
--Te tomo a mi servicio. A cambio, tendrás
una parte de mi poder.
Pero yo no sabía que hacer con su poder y le
dejé partir en su carroza.
En el ardiente mediodía todas las casas
estaban cerradas. Yo vagaba por caminos
tortuosos. Un anciano se me acercó, llevando
un saco lleno de oro. Se detuvo pensativo y
me dijo:
--Ven, te tomo a mi servicio. Te pagaré con
este oro.
Empezó a contar sus monedas, una a una, pero
le volví la espalda. Caía la tarde. El seto
del jardín estaba florecido. Una hermosa
muchacha se me acercó y me dijo:
--Te tomo a mi servicio y te pagaré con una
sonrisa -pero su sonrisa se desvaneció, le
saltaron las lágrimas y, sola, se perdió de
nuevo en la sombra.
El sol reverberaba en la arena y las olas
rompían caprichosamente. Un niño jugaba con
las conchas sentado en la playa. Levantó la
cabeza, me miró como si me reconociera, y me
dijo:
--Te tomo por nada.
Desde que hice este trato, jugando con un
niño, me he convertido en un hombre libre.
(R. Tagore) |
|
Un león fue capturado
y encerrado en una reserva vallada. Para su
sorpresa, encontró otros leones que llevaban
allí muchos años, algunos incluso toda su
vida: habían nacido en cautividad.
El recién llegado no tardó en familiarizarse
con las actividades de los restantes leones,
que se asociaban en distintos grupos.
Un grupo era el de los socializantes, otro
el del mundo del espectáculo y había un
grupo que tenía como objetivo preservar las
costumbres, la cultura y la historia de la
época en que los leones eran libres. Había
un grupo de leones religiosos y otros que
atraían a los que tenían talento literario o
artístico. Había, finalmente,
revolucionarios que se dedicaban a conspirar
contra sus captores y contra otros grupos
revolucionarios. De vez en cuando estallaba
una revuelta y un determinado grupo era
eliminado, o bien, aunque más de tarde en
tarde, resultaban muertos los guardianes del
campo que los encerraba y eran reemplazados
por otros guardianes.
El recién llegado reparó en la presencia de
un león que parecía estar siempre
profundamente dormido. No pertenecía a
ningún grupo y estaba ajeno a todos ellos.
Suscitaba admiración a unos y hostilidad a
otros.
--No te unas a ningún grupo -dijo el
solitario-. Esos pobres se ocupan de todo
menos de lo esencial.
--Y, ¿qué es lo esencial? -preguntó el
recién llegado.
--Lo esencial es estudiar la naturaleza de
la cerca que nos encierra.
|
Hace cientos de años
en una ciudad de Oriente. Un anciano
caminaba de noche por las oscuras calles
llevando una lámpara de aceite encendida. En
cierto momento, un hombre giró una esquina y
tropezó abruptamente con el anciano. El
hombre se puso a gritarle con malos modos:
--¡Vigila viejo, mira por donde vas!
Tras gritar, el hombre se calmó y miró al
anciano a la luz de la lámpara que éste
sostenía. De pronto, reconoció a un amigo.
Se dio cuenta que era Guno, el ciego del
pueblo. Le dijo:
--¿Qué haces Guno, tú ciego, con una lámpara
en la mano? Si tú no ves...
El anciano le respondió:
--Yo conozco la oscuridad de las calles de
memoria. No llevo la lámpara para ver mi
camino, sino para que no tropiecen conmigo y
para que otros encuentren su camino cuando
me vean a mi. |
Un grupo de personas
murieron al mismo tiempo en una
catástrofe y se sorprendieron al encontrarse
en un mundo muy similar a éste. Tenían a su
disposición todo tipo de entretenimientos y
todas las facilidades posibles. Se
asombraron aun más al descubrir que estaban
en el infierno.
Aquellos que querían vidas excitantes las
tuvieron. Los que deseaban mucho dinero lo
obtenían. Se satisfacían las ambiciones y
deseos de todo tipo.
Un día conocido como el Día de las Quejas,
un grupo de condenados se dirigió al demonio
controlador y le dijeron:
--Llevamos una vida maravillosa, fiestas,
riquezas, excitación, pero parece como si
nos estuviésemos desgastando. Nos volvemos
poco atractivos unos a otros y lentamente
vamos perdiendo las pertenencias que nos
llegan tan fácilmente...
--Si -dijo el diablo- ¿A que es infernal? |
Un hombre recorrió medio
mundo para comprobar por si mismo
la extraordinaria fama de que gozaba un
famoso líder espiritual. Durante el camino
encontró a un discípulo del afamado sabio y
le preguntó:
--¿Qué milagros ha realizado tú Maestro?
--Bueno, verás... hay milagros y milagros.
En tu país, se considera un milagro el que
Dios haga la voluntad de alguien cuando éste
se lo pide. Entre nosotros, se considera un
milagro el que alguien haga la voluntad de
Dios. |
|
Un
estudiante se quejaba de que no
podía meditar: sus pensamientos no se lo
permitían. Habló de esto con su maestro,
diciéndole:
–Maestro, los pensamientos y las imágenes
mentales no me dejan meditar. Cuando se van
unos segundos, luego vuelven con más fuerza.
No puedo meditar. No me dejan en paz.
El maestro le dijo que esto dependía de él
mismo y que dejara de cavilar.
No obstante, el estudiante
seguía lamentándose de que los pensamientos
no le dejaban en paz y que su mente estaba
confusa. Cada vez que intentaba
concentrarse, todo un tren de pensamientos y
reflexiones, a menudo inútiles y triviales,
irrumpían en su cabeza.
El maestro entonces le dijo:
–Bien. Agarra esta cuchara y tenla en tu
mano. Ahora siéntate y medita.
El discípulo obedeció. Al cabo de un rato el
maestro le ordenó:
–¡Deja la cuchara, ahora!
El alumno así hizo y la cuchara cayó,
obviamente, al suelo.
Miró a su maestro con
estupor y éste le preguntó:
–Entonces, ahora dime quién agarraba a
quién, ¿Tú a la cuchara o la cuchara a tí?
|
Estaba un sabio sentado
a la orilla del Ganges instruyendo a sus
discípulos acerca del apego cuando otro
joven discípulo, aparentemente rico y
ostentoso con sus joyas, se acercó al grupo
diciendo.
--He aquí, divino maestro, que traigo un
regalo digno de ti.
Todos se acercaron a mirar el valioso regalo
que el recién llegado sacó de entre un
pañuelo de seda. Algunos no pudieron evitar
algunas exclamaciones de admiración que
escaparon de sus bocas. Eran un par de
brazaletes de oro con piedras preciosas
finamente incrustadas.
El maestro sondeó con su mirada al joven
discípulo y tomando uno de los brazaletes lo
miró con cariño y minuciosamente, y lo
arrojó al Ganges. Todos quedaron
estupefactos. Tras un momento de total
confusión y vacilación se lanzaron al agua
en busca del brazalete.
Al cabo de muchas horas, ya cayendo la
tarde, el discípulo rico volvió al maestro y
rogándole le preguntó.
--Maestro, a lo mejor pudiera encontrar el
brazalete si me indicas por donde cayó al
río.
El sabio no dijo palabra alguna. Tomó el
segundo brazalete, lo miró y lo lanzó al
río.
- Allí --dijo. |
Estaba un sabio sentado
a la orilla del Ganges instruyendo a sus
discípulos acerca del apego cuando otro
joven discípulo, aparentemente rico y
ostentoso con sus joyas, se acercó al grupo
diciendo.
--He aquí, divino maestro, que traigo un
regalo digno de ti.
Todos se acercaron a mirar el valioso regalo
que el recién llegado sacó de entre un
pañuelo de seda. Algunos no pudieron evitar
algunas exclamaciones de admiración que
escaparon de sus bocas. Eran un par de
brazaletes de oro con piedras preciosas
finamente incrustadas.
El maestro sondeó con su mirada al joven
discípulo y tomando uno de los brazaletes lo
miró con cariño y minuciosamente, y lo
arrojó al Ganges. Todos quedaron
estupefactos. Tras un momento de total
confusión y vacilación se lanzaron al agua
en busca del brazalete.
Al cabo de muchas horas, ya cayendo la
tarde, el discípulo rico volvió al maestro y
rogándole le preguntó.
--Maestro, a lo mejor pudiera encontrar el
brazalete si me indicas por donde cayó al
río.
El sabio no dijo palabra alguna. Tomó el
segundo brazalete, lo miró y lo lanzó al
río.
- Allí --dijo. |
Había una vez,
en un país muy lejano, dos príncipes que se
enfrentaron en un duelo. Como era costumbre
en aquel lugar, el vencedor disponía de la
vida del vencido y lo ejecutaba.
El príncipe vencido fue llevado al palacio
del vencedor pero en vez de recluirlo en una
mazmorra, fue instalado en una de las
mejores estancias de palacio. Todos los día
era atendido con gran solemnidad, como
correspondía a su linaje, y se le ofrecían
grandes fiestas y comidas exquisitas.
Pero el príncipe vencido sabía que tarde o
temprano iba a ser ejecutado y cada día que
pasaba su angustia iba creciendo.
Un día pudo mandar un mensaje al príncipe
vencedor pidiéndole, que por caridad,
acabara con su sufrimiento y le quitara la
vida.
El príncipe atendió su súplica y dispuso lo
necesario para que la ejecución se llevara a
cabo al día siguiente.
Aquella mañana, con motivo de la ejecución,
se convocó a toda la corte a la fiesta más
grande que se pueda imaginar. Había música y
danzarines, las mejores comidas y bebidas
estaban presentes en enormes y lujosas
mesas. Todo era fastuoso. Pero el príncipe
vencido sabía que lentamente llegaba el
momento de su ejecución y su angustia crecía
por momentos. La fiesta seguía y un grupo de
danzarines bailaba en el centro de la gran
estancia con enormes espadas curvas en sus
manos, daban la sensación de volar para
asombro de la audiencia.
El príncipe no soportaba más la angustia y
gritó al anfitrión:
--¡Por favor, ordena mi ejecución, no
soporto más esta angustia!
--Amigo, ya has sido ejecutado. Mueve tus
hombros, verás como tu cabeza cae al suelo
--dijo el príncipe vencedor. |
Al atardecer,
un pastor se disponía a conducir el rebaño
al establo. Entonces contó sus ovejas y, muy
alarmado, se dio cuenta de que faltaba una
de ellas. Se angustió y comenzó a buscarla
durante horas, dio vueltas y gritos cada vez
mas ansioso hasta que se hizo muy avanzada
la noche. No podía hallarla y empezó a
llorar desesperado. Entonces, un hombre que
salía de la taberna y que pasó junto a él,
le miró y le dijo:
--Oye pastor, ¿por qué llevas una oveja
sobre los hombros? |
Se cuenta que una vez
alguien le dijo al sabio Leonardo da Vinci:
–No te comportas como un gran poeta ni como
un sabio que dicen que eres, ¿cómo sabemos
que eres genuino?
El respondió:
–Tú, por otra parte, te comportas casi
exactamente como un ser humano... ¡Así es
como sabemos que aún no eres uno! |
Había un gorrión minúsculo
que, cuando retumbaba el trueno de la
tormenta, se tumbaba en el suelo y levantaba
sus patitas hacia el cielo.
--¿Para qué haces eso? -le preguntó un
zorro.
--Para proteger a la tierra, que contiene
muchos seres vivos -dijo el gorrión-. Si por
desgracia, el cielo cayese de repente ¿Te
das cuenta de lo que ocurriría? Por eso
levanto mis patas, para sostenerlo.
--¿Con tus enclenques patitas quieres
sostener el inmenso cielo? -preguntó el
zorro.
--Aquí abajo cada uno tiene su cielo –dijo
el gorrión–. Vete... tú no lo puedes
comprender. |
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En cierta
época existió un rey que tenía
muchas responsabilidades a las que hacer
frente. Pensó que si podía hallar la
respuesta a ciertas preguntas sabría siempre
lo que tendría que hacer, en cualquier caso
y esto le ayudaría mucho en su tarea.
Estas eran las tres preguntas que se
planteó:
1) ¿Cuál es el mejor momento
para hacer las cosas?, 2) ¿Quiénes son las
personas mas importantes?, 3) ¿Qué es lo más
importante?
El rey ofreció una importante recompensa a
quien supiera las respuestas. Muchos fueron
a responder, pero nadie lo hizo a su
satisfacción.
Finalmente, angustiado por las muchas
responsabilidades y decisiones que debía
tomar, fue a visitar un ermitaño que vivía
en las cumbres montañosas y que era conocido
por su sabiduría.
El rey llegó hasta donde vivía el anciano y
le formuló las tres preguntas. Éste le
escuchó con atención, pero no dijo nada y
siguió con su tarea de cavar el huerto.
El rey miró al anciano y se fijó que tenía
aspecto de estar muy fatigado.
--Dame la azada, yo cavaré mientras tu
reposas --dijo generosamente el rey.
Y así el ermitaño pudo descansar mientras el
rey trabajaba en el huerto.
Después de un buen rato, el rey se sintió
cansado del trabajo, dejó la azada en el
suelo y dijo:
--Si no puedes responder mis preguntas no
debes temer nada. Simplemente dímelo y me
marcharé.
--¿Oís como alguien corre? –preguntó de
repente el ermitaño al rey, a la vez que
señalaba algún lugar del bosque.
De pronto, de entre los arbustos salió un
hombre tropezando y agarrando su estómago
entre las manos. Cuando el rey y el ermitaño
llegaron hasta él, cayó desmayado. Vieron
que el hombre tenía un corte muy profundo en
el cuerpo. El propio rey limpió la herida
del hombre. Éste, al despertar, pidió agua y
el mismo rey fue hasta una fuente cercana y
le trajo agua. El hombre bebió agradecido y
se durmió.
Entre el rey y el anciano transportaron al
hombre hasta la cabaña de éste y lo tumbaron
sobre su cama. El rey, cansado de tanta
actividad, se sentó a pensar pero se quedó
también dormido.
A la mañana siguiente, el rey se sorprendió
de ver dónde estaba y de ver al hombre
herido que estaba frente a él con la vista
fija.
--Perdonadme –murmuró el hombre con
humildad.
--¿Perdonadme? –dijo el rey levantándose–
¿Qué has hecho para necesitar mi perdón?
--Vos no me conocéis majestad, pero yo os
consideraba mi peor enemigo. Durante la
última guerra vos matasteis a mi hermano y
os quedasteis con nuestras tierras.
El hombre siguió contando que, escondido
entre los arbustos, esperaba a que el rey
regresara de su visita al ermitaño para
matarlo, pero uno de los guardias que
protegían los accesos a la montaña, le vio y
le hirió.
--Conseguí huir de vuestro guardia, pero si
su majestad no me hubiera encontrado y
ayudado como lo hizo, ahora estaría muerto.
Yo planeaba mataros y resulta que me habéis
salvado la vida. Me siento avergonzado y
agradecido.
El rey reflexionó sobre la historia del
aquel hombre y le devolvió las tierras. Una
vez el hombre se hubo marchado, el rey se
dirigió al anciano y le dijo:
--Gracias buen ermitaño, ahora debo irme a
seguir buscando para encontrar las
respuestas a mis preguntas.
El ermitaño se puso a reír y le respondió:
--¡Vuestras preguntas están contestadas
majestad!
Y ante la mirada de sorpresa del rey le
explicó:
--Si vos no me hubierais ayudado a cavar el
huerto y simplemente os hubierais marchado
con prisas buscando las respuestas, el
hombre al que habéis ayudado hubiera salido
en algún punto del camino de regreso y os
hubiera herido o matado. Por tanto, el
momento más importante para vos
fue mientras estabais cavando mi huerto. La
persona más importante fui yo mismo, la
persona con la que vos os encontrabais y lo
más importante fue sencillamente ayudarme.
Más tarde, cuando encontramos al hombre
herido que iba montaña arriba, el momento
más importante fue cuando le curasteis la
herida evitando que muriera. Si hubiera
muerto, vos y él nunca hubierais llegado a
conoceros y trabar la nueva amistad que
ahora os une. Y en aquel momento, él era la
persona más importante del mundo, y el
objetivo más importante curarle la herida.
El momento presente es el
único momento que importa –siguió diciendo
el ermitaño–. La persona más importante es
siempre la persona con la que estás. El
objetivo mas importante es siempre hacer
feliz a la persona que está a tu lado ¿Qué
puede ser más sencillo o más importante?
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Él era un prestigioso
sabio médico. El rey de cierto
país lo llamó para que curase su enfermedad.
El sabio rehusó. Entonces el rey ordenó a
sus soldados que aprehendiesen al doctor y
lo llevasen a su presencia.
Cuando estuvieron cara a cara, el rey dijo:
--Te he traído aquí atado para que me cures,
porque sufro de una inexplicable parálisis.
Si me curas te recompensaré generosamente,
si no, haré que te corten la cabeza.
El médico sabio dijo:
--Vayámonos juntos a una habitación de la
que todas las demás personas sean excluidas.
Cuando estuvieron solos, el sabio sacó un
cuchillo y dijo:
--Ahora me tomaré la revancha por el insulto
de haberme tratado con tanta violencia -y
avanzó amenazante hacia el rey.
Aterrorizado y sin saber qué hacer, el rey
saltó y comenzó a correr alrededor de la
silla, olvidándose de la parálisis en su
ansiedad por escapar del doctor.
Mientras el rey llamaba a los guardias, el
sabio corrió hacia una ventana y escapó.
El rey fue curado por el único método que
podía dar resultado, pero se sintió
resentido con el doctor por muchos años.
Tal es la peculiaridad de las personas que
piensan que el "engaño" es siempre malo.
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En cierta
ocasión había un elefante que
vivía tranquilo. Era majestuoso, sereno y
astuto. Un buen día, una pareja de mosquitos
que pasaban por allí decidieron instalarse
en un rincón de una de las orejas del
elefante. Así que escogieron el rincón que
les pareció más adecuado e hicieron su nido.
Como era propio de la naturaleza del
mosquito, quiso que el elefante supiera de
su decisión y de su existencia, y le gritó,
con un cierto acento sudeño:
--¡¡Elefante, soy el mosquito Azuram y su
esposa!! Por unanimidad hemos decidido vivir
en tu oreja. Te lo comunico para que lo
sepas. ¿Lo entiendes? Soy Azuram y su
familia.
El elefante siguió con su vida,
tranquilamente. La pareja de mosquitos
vivieron el tiempo de una vida de mosquito
en la oreja del majestuoso paquidermo.
Experimentaron momentos de intimidad,
peleas, fiestas de mosquito, incluso se
reprodujeron, hicieron algún amigo y
formaron una familia. Todo en el pequeño
rincón de la oreja del elefante.
De vez en cuando, Azuram comunicaba a gritos
al elefante sus decisiones y acciones, pero
nunca recibía respuesta.
Un buen día, Azuram y su esposa decidieron
cambiar de residencia. Antes de marcharse,
el mosquito quiso que el elefante lo supiera
y le gritó solemne:
--Elefante, te hago saber que hemos decidido
abandonar tu oreja para vivir en otro lugar.
Esperó pero no hubo respuesta por parte del
anfitrión. Azuram se sintió molesto por la
ignorancia a que los sometía el elefante.
Hinchó sus pulmones cuanto pudo, usó sus
alas para dirigir la voz hacia el centro de
la oreja y gritó de nuevo:
--¡¡¡¡Elefante, te hago saber que nos vamos
a otro lugar. Soy Azuram!!!!
Fue entonces que al elefante le pareció oír
de muy lejos una vocecita desgañitándose por
hacerle saber algo. Entonces respondió:
--Tal como has venido... te puedes marchar.

Un príncipe y un sabio
maestro.
--Estoy dispuesto a dejarlo todo -dijo el
príncipe al maestro-. Por favor, acépteme
como discípulo.
--¿Cómo elige un hombre su camino? -le
preguntó el maestro.
--A través del sacrificio -respondió el
príncipe-. Un camino que exige sacrificio es
un camino verdadero.
Entonces el maestro tropezó con una
estantería. Un jarrón valiosísimo se cayó y
el príncipe se arrojó al suelo para
agarrarlo. Cayó en tan mala posición que
consiguió salvar el jarrón pero se rompió el
brazo.
--¿Cuál es el mayor sacrificio, ver
estrellarse el jarrón o romperse el brazo
para salvarlo? -preguntó el maestro.
--No sé -respondió el príncipe.
--Entonces ¿Cómo quieres orientar tu
elección hacia el sacrificio? El verdadero
camino es elegido por nuestra capacidad de
amarlo, no de sufrir por él.

Había una vez un Rey que ofreció un
gran premio a aquel artista que pudiera captar
en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas lo
intentaron. El Rey admiró todas las pinturas, pero
sólo hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo
que escoger entre ellas.
La primera era un lago muy tranquilo, un espejo
perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas
que lo rodeaban. Sobre ellas había un cielo muy azul
con tenues nubes blancas. Todos los que miraron esta
pintura pensaron que reflejaba la paz perfecta.
La segunda pintura, también tenía montañas pero eran
escabrosas. Sobre ellas había un cielo furioso del
cual brotaba un impetuoso aguacero con mil rayos.
Montaña abajo aparecía un espumoso torrente de agua.
Nada de esto se revelaba como algo pacífico.
Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, vio tras
la cascada un delicado arbusto creciendo en una
grieta de la roca. En el arbusto había un nido.
Allí, en el rugir de la violenta caída de agua,
estaba sentado plácidamente un pajarito en medio de
su nido... La Paz perfecta.
El Rey escogió la segunda pintura y explicó a sus
súbditos el motivo: "Paz no significa estar en un
lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro ni
dolor. Paz significa que, a pesar de todas estas
cosas, permanezcamos calmados dentro de nuestro
corazón. Este es el verdadero significado de la
Paz."

|
Érase una vez un hombre que construía un faro
en medio del desierto. Todo el mundo se burlaba de
él y lo llamaban loco.
–¿Para qué un faro en medio del desierto? –se
preguntaban.
El hombre no hacía caso y seguía callado haciendo su
labor. Un día, por fin, terminó de construir el
faro. Llegó la noche sin luna y sin estrellas, un
espléndido rayo de luz empezó a girar en las
tinieblas del aire, como si la Vía Láctea se hubiera
convertido en carrusel luminoso.
Y sucedió que en el momento en que el faro comenzó a
lanzar su luz, de pronto, surgió en medio del
desierto un mar iluminado por un río de luz, y hubo
en el mar buques trasatlánticos, pasaron submarinos,
ballenas, aparecieron puertos con mercaderes de
Venecia, piratas de barba roja, holandeses errantes
y sirenas...
Todos se asombraron, menos el constructor del faro.
Él sabía que si alguien enciende una luz en medio de
la oscuridad, al brillo de esa luz surgirán muchas
maravillas. |
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Una serpiente había mordido a tantos
habitantes de la aldea que eran muy
pocos los que se atrevían a aventurarse en
los campos. Pero era tal la santidad del
Maestro del lugar que se corrió la noticia
de que había domesticado a la serpiente y la
había convencido de que practicara la
disciplina de la no violencia.
Al poco tiempo, los habitantes de la aldea
habían descubierto que la serpiente se había
hecho inofensiva. De modo que se dedicaban a
tirarle piedras y a arrastrarla de un lado a
otro agarrándola por la cola.
La pobre y apaleada serpiente se arrastró
una noche hasta la casa del Maestro para
quejarse.
El Maestro le dijo:
–Ay, amiga mía, has dejado de atemorizar a
la gente y eso no es bueno.
–¡Pero si fuiste tú quien me enseñó a
practicar la disciplina de la no violencia!
–Yo te dije que dejaras de hacer daño, no de
silbar. |
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