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Roberto Bolaño
Literatura Posmoderna
Bolaño
otra vez! 2666 su última novela
A
cuatro profesores de literatura, Jean-Claude
Pelletier (francés), Piero Morini
(italiano), Manuel Espinoza (español) y Liz
Norton (inglesa), los une su común
fascinación por la obra de Beno von
Archimboldi, un enigmático escritor alemán
cuyo prestigio crece en todo el mundo. La
complicidad entre los cuatro adquiere pronto
trazas de vodevil intelectual y cosmopolita
–con ménage à trois incluido–, y
desemboca en un disparatado peregrinaje a
Santa Teresa (trasunto de Ciudad Juárez), en
la frontera de México con Estados Unidos,
donde hay quien dice que Archimboldi ha sido
visto. Ya en Santa Teresa, Pelletier y
Espinoza se enteran de que la ciudad viene
siendo desde años atrás escenario de una
larga cadena de crímenes atroces. En los
vertederos de la ciudad no cesan de aparecer
los cadáveres de mujeres, muchas de ellas
apenas adolescentes, con señales de haber
sido salvajemente violadas y torturadas. Es
el primer asomo de la novela al agujero
negro en que terminarán por precipitarse sus
múltiples y procelosos caudales, repletos de
personajes memorables cuyas historias, a
caballo siempre entre la risa y el horror,
abarcan dos continentes e incluyen, entre
muchas otras cosas, un vertiginoso
travelling por la historia europea del
siglo XX, por las ruinas de una cultura y
una civilización en derrota en las que la
literatura continua invocando un simulacro
del salvación.
Resulta imposible sugerir siquiera la
enormidad y las profundidades de un libro
que se construye como una novela empotrada
en otra novela empotrada a su vez en otra
novela… y que se abre así camino en lo
desconocido, allí donde –como dice uno de
los personajes– tienen lugar “los combates
de verdad, en donde los grandes maestros
luchan contra aquello, ese aquello que nos
atemoriza a todos, ese aquello que acoquina
y encacha, y hay sangre y heridas mortales y
fetidez”.
Asombroso alarde de audacia y de poderío
narrativo, 2666 mezcla moldes y
esencias de la mejor narrativa europea y
americana para proponerse como una nueva y
revolucionaria modalidad de novela total,
que combina rasgos de relato detectivesco y
de poema épico, de novela de artista y de
novela filosófica, de fantaciencia y de
reportaje periodístico, para ofrecer,
entreverado a una frondosa meditación sobre
el mal y sobre la muerte, sobre la
literatura y la insignificancia y el olvido,
“un retrato del mundo industrial en el
Tercer Mundo, una panorámica de la frontera,
un relato policial de primera magnitud”.
No parece exagerado sostener que esta novela
prodigiosa está llamada a ocupar un lugar de
excepción comparable al de una novela como
Pedro Páramo. El número que lleva por
título, 2666, bien podría ser la
fecha inscrita en la lápida que nos descubre
a todos, personajes y lectores, como
habitantes de un futuro cementerio olvidado,
poblado de voces. Y desde luego confirma
sobradamente el veredicto de Susan Sontag:
“el más influyente y admirado novelista en
lengua española de su generación. Su muerte,
a los cincuenta años, es una gran pérdida
para la literatura”.
De la contratapa de la edición de Anagrama
de 2666, Barcelona, 2004.
Tomado de la
contracarátula de 2666,
Edición de Anagrama, Barcelona, 2004
Roberto Bolaño (1953-2003), nacido en
Chile, narrador y poeta, se ha impuesto como
uno de los escritores latinoamericanos
imprenscindibles de nuestro tiempo. En
Anagrama se han publicado los ensayos
recogidos en Entre Paréntesis, sus
libros de cuentos Llamadas telefónicas
(premio Municipal de Santiago de Chile),
Putas asesinas y El gaucho insufrible,
y las novelas Estrella distante,
Amuleto, Monsieur Pain,
Nocturno de Chile, Amberes y
Los detectives salvajes (Premio
Herralde de Novela y premio Rómulo Gallegos,
ambos por unanimidad): “La gran novela
mexicana de su generación, expresión del
desarraigo literario visceral de los
latinoamericanos” (J. A. Masoliver Ródenas,
La Vanguardia); “Un carpetazo
histórico y genial a Rayuela de
Cortázar. Una grieta que abre brechas por
las que habrán de circular nuevas corrientes
literarias del próximo milenio” (Enrique
Vila-Matas); “El tipo de novela que Borges
hubiera aceptado escribir… Un libro original
y hermosísimo, divertido, conmovedor,
importante” (Ignacio Echevarría, El País);
“Bolaño consigue fácilmente lo que los otros
escritores apenas han tocado; hablar sobre
el destino de las vanguardias estéticas y
políticas después del fin de la utopía
humana” (Andreas Breitenstein, Neue
Zürcher Zeitung); “Una especie de
ebriedad narrativa que nos deja abrumados,
sonriendo de obnubilación o de admiración” (Fabrice
Gabriel, Les Inrockuptibles); “El
lenguaje de Bolaño, su lenguaje vigilante y
lleno de gracia, su manera de construir unos
textos a la vez desconcertantes, brillantes
e infinitamente próximos, es una forma de
resistir al mal, a la adversidad, a la
mediocridad” (Raphaëlle Rérolle, Le Monde).
Literatura
De
Bolaño y punto
Por:
Daniel Ramírez González*
Antes
de empezar tengo que ser enfático en algo:
Las líneas que siguen son escritas desde los
zapatos de un admirador y en gran medida
adepto a la obra de Roberto Bolaño. Es por
eso que en adelante tal vez se haga evidente
cierto tono visceral, y es que cómo no serlo
cuando se habla de uno de los más grandes
escritores latinoamericanos de todos los
tiempos. Bolaño murió en el año 2003, justo
el de su aniversario número cincuenta, y
dejó al mundo de las letras con el sinsabor
de que sus mejores obras aún no se habían
escrito.
Nació en Santiago de Chile; muy joven se
mudó a México junto a sus padres y volvió a
su tierra por los días del golpe de estado
en el que fue derrocado Salvador Allende.
Con ese golpe, según él, se acabó el sueño y
empezó la realidad. Nuevamente en México,
fundó junto a otros poetas el Infrarrealismo,
una especie de movimiento literario de
vanguardia. Publicó varias compilaciones de
poemas, se hizo narrador y se fue a vivir a
España, en donde, durante varios años vivió
de ganar concurso literarios de segunda
categoría. Años y libros después, Roberto
Bolaño es encumbrado como tótem de la
literatura hispanoamericana moderna, como
paso obligado para todo aquel que escriba o
aspire a hacerlo. Hoy por hoy –seguramente
sin pretenderlo– es pieza más que
fundamental en el canon literario de nuestro
continente, dentro de un círculo
supremamente exquisito presidido por Borges
y Cortázar.
En vida el escritor chileno se tornó en una
suerte de punto de referencia para los
escritores de su misma generación, entre los
que él mismo se declaró el mejor. Son varios
de ellos, entre los más prominentes de las
letras en este lado del mundo, los culpables
de que la fama de Bolaño crezca cada segundo
al levantarlo como estandarte de la
literatura de nuestros días. No en vano el
argentino Rodrigo Fresán pronosticó que
“Bolaño –como Borges– estará en todas
partes, en todos esos libros que escribió y
en todos esos libros que no llegó a escribir
pero, aun así, siempre al frente y en el
frente, peleando y peleándose”. O “Hay que
leer y releer a Bolaño. Es el mejor. En él
está toda la literatura contemporánea, y
mucho más” escribió Santiago Gamboa en un
artículo como despedida tras su muerte. Y el
peruano Fernando Iwasaki sentenció que “hay
que estudiarlo como contemporáneo de
Quevedo, Stendhal y Dostoievski, porque los
clásicos no mueren y él es ahora uno de
ellos”.
Roberto Bolaño por años publicó sus libros
con editoriales regionales, sin existir para
la crítica y siendo un desconocido en su
país. La suerte finalmente le dio cacería
cuando en 1998, con su novela “Los
detectives salvajes” –que es considerada tan
relevante como “Rayuela” y “Cien años de
soledad”– obtuvo el Premio Herralde de
Novela, y un año después el tan añorado por
muchos, Premio Rómulo Gallegos.
Sus novelas –“La pista de hielo”, “Estrella
distante”, “Nocturno de Chile” entre otras–
cuentos y poesía, son un paseo
autobiográfico, un camino atravesado por un
estilo en el que, como dice la periodista
Mónica Maristain, “con su afilado humor, con
su exquisita inteligencia, su pluma certera,
de gran riesgo poético y profundo compromiso
creativo, es digno de la atención de quienes
lo admiran y, por supuesto, de quienes lo
detestan”.
Con su muerte quedaron huérfanos cientos de
sus lectores que esperaban que la tinta de
la pluma de Bolaño corriera por muchos años,
con esos finales desconcertantes que dan
vueltas y vueltas en la cabeza. A ellos y a
la literatura latinoamericana les dejó –nos
dejó–, un testamento al mejor estilo Bolaño,
“2666”, una novela de 1.125 páginas que
escribió robándole noches a la muerte que
durante varios años le pisó los talones a
causa de una insuficiencia hepática, la
misma que finalmente le dio jaque mate.
Cedido por “Arbolea” Nº 18,
publicación de la Universidad Sergio
Arboleda.
*Daniel Ramírez González es estudiante de la
Escuela de Comunicación Social de dicha
Universidad.
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