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OSTEOPATÍA, un diálogo con el cuerpo
Por: Ana Cecilia
Ospina Voltz
Alguien
me pidió un relato sobre mi experiencia como
osteópata en Francia; aquí va. Pero me
parece que antes es necesario explicar
brevemente lo que es la osteopatía.
La osteopatía es una terapia manual que,
aunque fue practicada instintivamente en la
antigüedad, en Egipto, en Grecia por
Hipócrates de Cos, en Roma por Claudio
Gallien, en Irán por Avicenas, fue
estructurada por un médico militar
norteamericano, el doctor Andrew Taylor
Still, a finales del siglo XlX. El doctor
Still tenía un gran conocimiento de la
anatomía y fisiología humanas y, gracias a
sus observaciones, llegó a la conclusión de
que hay una relación estrecha entre la salud
y el equilibrio funcional del conjunto de
las estructuras del cuerpo humano.
Él introdujo la noción de globalidad: el ser
humano posee los medios para curarse (autocurarse).
La idea es que la vida es el movimiento y la
salud es el equilibrio. Y la osteopatía
trata de restablecer los equilibrios
perturbados en todos los planos funcionales
del cuerpo humano –físico, emocional,
mental, intelectual y espiritual–,
utilizando como única herramienta “las
manos”.
Otra noción sobre la osteopatía que él
introdujo es la de que "la estructura
gobierna a la función" y que "el rol de la
arteria es absoluto". Así, el osteópata, con
sus manos y a través del tacto detecta las
restricciones de movilidad o bloqueos –sobre
la estructura– para después tratarlas y
restablecer así la circulación sanguínea y
energética obteniendo entonces una
regulación neurológica, hormonal,
circulatoria y del esqueleto, que favorece
las posibilidades de autocuración o de
auto-reparación. Es importante buscar la
lesión primaria responsable del
desequilibrio, y una vez tratada, se
desbloquean muchas otras lesiones a
distancia.
William G. Sutherland desarrolló la
osteopatía craneana. En la medicina
alopática se considera que el cráneo es
inmóvil porque las suturas craneanas se
sueldan con los años. A través de sus
observaciones en los peces y luego en los
humanos, llegó a la conclusión de que las
suturas craneanas son libres y que los
huesos del cráneo se mueven como las placas
tectónicas terrestres –sobretodo en los
recién nacidos y en los niños– y que una
buena movilidad craneana es signo de buena
salud.
Continuando con sus observaciones encontró
una relación entre el cráneo y el sacro a
través de las meninges a lo que llamó,
"mecanismo craneo-sacral". Y encontró
también que este mecanismo tiene su propio
ritmo, diferente al ritmo cardiaco y
respiratorio, y lo llamo: "MRP" o mecanismo
respiratorio primario, el cuál dirige y
controla todas las grandes funciones del
cuerpo.
La aplicación de la osteopatía craneana es
importante en los bebés y hasta la
adolescencia, aunque se emplea igualmente en
el adulto, para tratar diversos problemas
por ejemplo: trastornos de la postura,
trastornos del sueño, problemas endocrinos,
otorrinolaringológicos y oftalmológicos.
De Estados Unidos la osteopatía pasó a
Inglaterra y de ahí se fue difundiendo por
Europa. Después, en Europa, se fue
desarrollando la osteopatía visceral que
actúa sobre los sistemas uro-genital –y en
obstetricia también–, digestivo, neuro-vegetativo,
inmune y sobre la homeostasis en general.
Y como el hombre no es el único ser vivo
sobre la tierra, poco a poco la osteopatía
va teniendo acogida entre los caballos, los
perros y creo que los gatos. ¿Qué les
parece?
En cuanto a mi experiencia les cuento que,
desde que estaba en bachillerato y nos
dieron nociones de anatomía, me sentí
atraída por el sistema músculo-esquelético.
Me acuerdo que dibujé todo el esqueleto,
hueso por hueso.
También fui hábil en otras manualidades como
la cerámica, la pintura y la música.
Y así, aunque desde pequeña siempre quise
ser médica, al momento de presentar el
examen de admisión a medicina, le di
oportunidad a otra profesión manual, la
fisioterapia, pero no pasé y opté por la
medicina.
En el momento de intentar una
especialización me presenté a fisiatría,
pero no pasé, y me volví bioenergética.
Me fui para Francia y llegué a Marsella
donde realicé mis estudios de acupuntura que
abarcaron un periodo de 4 años. Al cabo de
un año de residir en Marsella conocí a un
osteópata que estaba estudiando energética
china y me conectó con el director de la
escuela de osteopatía de Marsella y entonces
empecé mi formación de 6 años en osteopatía.
El deseo de volverme para mi tierra al cabo
de 4 años como me lo había propuesto se fue
esfumando, no solo por el hecho de haber
empezado esta escuela sino también porque
allí conocí a quien es ahora mi marido.
Durante la época en que estuve en esta
escuela tuve la suerte de tener un
"ramillete" de profesores que me enseñaron
varias técnicas: estructural –semejante a la
quiropraxia–, muscular, facial (mi
preferida) y así cada alumno según su
carácter y facilidades emplearía una u otra
técnica y, entonces, aun siendo de la misma
escuela, surgieron profesionales que
trabajaban de manera diferente.
Yo empecé con la técnica muscular y poco a
poco fui afinando la técnica facial y
sobretodo, la craneana.
Visto desde afuera, cuando uno pone las
manos sobre el paciente y va como
"modelando" el cuerpo –como un trabajo con
plastilina, técnica que también utilicé en
pintura– se puede pensar que es “brujería”,
pero no, es un simple trabajo sobre la
anatomía y la fisiología. Es como un diálogo
con ese cuerpo. Con mucho respeto se le
"pide permiso" a una estructura para poder
relajar o desbloquear otra. Así por ejemplo
se trabaja con "dulzura" y amor sobre el
diafragma para que las vértebras dorsales
bajas y las lumbares altas se relajen y "no
duelan más". O cuando se trabaja un viejo
esguince de tobillo para acabar con dolores
de cabeza crónicos. O cuando "dialogamos"
con el colon para hacer partir un lumbago. Y
al cabo de un momento de dialogar con el
cuerpo se nos va abriendo el alma, y es
cuando el paciente, ser global y holístico,
rompe en sollozos o suelta una carcajada sin
saber porqué, y entonces, vamos modelando el
espíritu también.
Al cabo de los años de práctica, que ya son
14, el tacto se va afinando, las
manipulaciones son más sutiles y "el
diálogo" con el cuerpo –el paciente– se va
haciendo más enriquecedor. Cada vez voy
aprendiendo más de él, como si poco a poco
me desvelaran todos sus misterios.
Así, pude encontrar yo misma la respuesta a
la pregunta que me hacía cuando estudié y
practiqué la medicina alopática: ¿por qué,
si todos somos más o menos distintos, le
damos siempre el mismo medicamento y las
mismas dosis a todos nuestros pacientes? y
con la práctica de esta disciplina encontré
que, a cada vez que "interrogo al cráneo" de
cada paciente, él me dice como lo debo
tratar, con qué técnica y por dónde empezar;
podríamos decir que estoy mas bien haciendo
función de sastre y trabajando sobre
medidas.
No niego que a mi práctica le he mezclado
otras técnicas, como la digito-puntura o
algunos tests de kinesiología lo que me ha
permitido ser más sutil en mis diagnósticos;
es como si, cuando pongo mis manos sobre el
cráneo del paciente, estuviera viendo en mi
bola de cristal.
No sigo contándoles más, porque esto suena a
brujería y acuérdense que, a las brujas, las
queman.
Escrito por la autora para
visionchamanica.com
Publicado en Diciembre 10 de 2011 |