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Medicinas Étnicas
La Medicina Tradicional Embera
Entrevista con el dirigente Embera Guzmán
Caisamo
Por: Ricardo Díaz Mayorga
Medellín, Colombia, Octubre 2 de 2006.

Indígena Embera catío, tomada de
www.oei.es
P/ ¿Cuáles son los
rasgos principales de la Medicina
Tradicional Embera?
R/ No soy la persona más indicada para
hablar de la medicina de la cultura Embera,
ya que eso compete a los Jaibanás. Los
jaibanás son los médicos tradicionales.
Junto con los botánicos mantienen para la
cultura embera el conocimiento, la historia
y la tradición práctica de las plantas
medicinales. En nuestra cultura siempre han
existido esas dos personalidades, muy
importantes.
Los jaibanás son entonces las personas
indicadas para hablar de la importancia que
tienen las plantas medicinales. Yo por haber
vivido dentro de la cultura embera he tenido
algún acercamiento a estos sabedores, sobre
todo porque uno de niño pasa por ese periodo
en que el jaibaná es el que lo atiende, que
lo baña con plantas medicinales; también, el
que está pendiente del problema de salud de
la comunidad, el que practica el ritual,
toda esa ritualidad para la curación, para
la prevención, etc.
Y ya ahora, por fuera de la comunidad,
cuando intento ese ejercicio de analizar el
asunto del jaibanismo, del conocimiento de
estos personajes sobre las plantas, voy
descubriendo la importancia que tienen las
plantas medicinales y me asombro cada día de
que no sé nada frente a ese conocimiento tan
profundo que manejan el jaibaná y los
botánicos, que conocen de una manera muy
particular esa relación hombre-naturaleza;
esa realidad que conoce el jaibaná de la
espiritualidad de las plantas, de pensar que
ellas son seres humanos, que tienen ciertos
atributos para la salud del pueblo embera.
Cuando digo que uno se asombra es porque un
jaibaná te puede hablar de las plantas
medicinales existentes y de todas las
combinaciones que manejan y todo el poder
que tienen esas plantas. Y uno a veces dice,
“esa planta no me dice nada a mí, yo la
puedo arrancar y punto”. Pero para el
jaibaná no, porque él tiene una estrecha
relación con el espíritu de esas plantas y
con el espíritu del bosque, de los árboles,
etc.; el jaibaná maneja de alguna manera la
magia que tienen la selva y esas plantas,
bien sea a través de su sueño, bien sea a
través de su práctica y de su relación
permanente con ellas.
Siempre he pensado que la racionalidad
científica de la cultura occidental muy
difícilmente puede entender el tipo de
lenguaje de esta visión, de este
conocimiento tan profundo, que muchas veces
no está dentro de lo tangible y por más que
Ud. lo lleve al laboratorio a alguna
comprobación no la va a encontrar porque eso
va más allá de lo físico, de lo tangible.
Yo valoro mucho y creo profundamente en las
plantas medicinales, porque he visto con mis
ojos el poder de curación que tiene la
planta, para la mordedura de culebra, para
estancar sangre, para partos sin dolor, para
todas esas cosas. Uno más allá no va, soy
embera pero yo no me he metido en ese mundo.
Simplemente he observado; sí me gustaría
estudiarlo más, pero se requiere dedicarse a
eso.
P/ ¿Cómo es la transmisión del
conocimiento en la Medicina Tradicional
Embera?
R/ Yo tuve un tío práctico en Medicina
Tradicional –jaibaná, que en el lenguaje
colonial se llama chamán–; este hombre era
muy sabio, desafortunadamente se murió y
nadie quedó con ese conocimiento, nadie
investigó, de los hijos que él tuvo ninguno
se preocupó por aprender.
Yo cuando era estudiante de bachillerato
tuve la curiosidad de aprender y el me dijo
“La única manera para que Ud. pueda aprender
conmigo es ir al monte”. Uno de joven es muy
atrevido, y también por la curiosidad, lo
acompañé alguna vez al monte; pero era muy
duro e implicaba mucha concentración y mucha
disciplina de memoria, entonces no fui
capaz. El me decía, “Ud. sabe escribir pero
no va a escribir, solo ponga atención y
memorice”. Y ya en el monte me explicaba:
esto es esto y esto sirve para esto, etc.
Caminamos como desde las 6 de la mañana
hasta las 4 de la tarde, y cuando regresamos
me preguntó “¿Y Ud. tiene hambre?, ¿Sí?,
pues coma esto y tome agua”. Y al otro día
íbamos a salir otra vez, pero yo renuncié
porque eso es muy duro. Hoy pienso que es
algo maravilloso internarse en el mundo de
la sabiduría, pero es difícil aguantar ese
ritmo.
Los conocimientos de los pueblos indígenas
están ahí, casi inexplorados;
desafortunadamente los viejos se están
muriendo. La pregunta es ¿Cómo acceder a ese
conocimiento? Yo pienso que debe ser por un
indio no contaminado por el mundo de
Occidente; porque uno que pasó por la
escuela, el colegio y la universidad tiene
un esquema ya construido desde allá y hay
que hacer un ejercicio regresivo muy fuerte,
lo que ya se ha dicho: descolonizarse un
poquito, bajarse de ese pensamiento; es
desaprender, poner en blanco la mente y
volver a arrancar otra vez y eso es muy
complicado. Tiene que tener disciplina y
mucha voluntad.
Lo que yo puedo contar es eso. Ese contacto
tan maravilloso que yo viví, que experimenté
y que desafortunadamente no volví a repetir
con mi tío, y me dije “yo no se nada”. Yo
creo que mi tío sabía más que cualquier
biólogo.
P/ Precisamente, los biólogos y los
botánicos formados en universidades buscan a
estas personas para aprender sus saberes.
R/ Mi tío me dio lecciones en esos dos días,
cátedra, todo lo que quiera.
¿Qué sigue de aquí? No sé. La medicina
occidental ha profundizado en muchos
aspectos, yo me maravillo y lo reconozco
cada día: transplantes de corazón, cirugías
del cerebro, de los ojos, de los oídos,
injertos, todo eso me parece maravilloso.
Pero hace falta la combinación de esos dos
saberes, para construir una verdadera
ciencia, unos verdaderos conocimientos
científicos resultado del encuentro, de la
complementación de los dos saberes. Un tipo
que fuera experto en los dos mundos, sería
un sabio. Porque también hay que admirar la
ciencia occidental, como lo de los
transplantes de corazón, pero con las
plantas también se pueden hacer cosas.
Algo como esto: En el Chocó a un tipo que ya
estaba casi muerto, desahuciado, le dijeron
“No, eso ya no tiene cura, llévenlo para la
casa a que muera tranquilo”. El tipo sin
renunciar a las últimas posibilidades dijo
no, voy a ir donde un experto en botánica,
yerbatero que llaman, en el Chocó les dicen
chinango, eso es de la cultura embera. Los
chinango son expertos en reconocer desde la
visión, son visionarios, pero ellos tiene
que tomar plantas especiales y ellos se
transforman y van reconociendo lo que tiene
el paciente. Entonces al tipo, después de
una noche de estas, el chinango le dijo “Ud.
lo que tiene es esto, yo en 15 días lo
levanto”. Y lo puso en tratamiento 15 días,
muy disciplinadamente, y en 15 días lo paró.
Al mes fue al médico a hacerse la revisión y
no le encontraron nada, totalmente sano,
algo increíble.
El yerbatero pone a la persona a tomar
plantas medicinales, purgándola a punta de
plantas, lavándola con plantas: bebida,
bebida, purgante, purgante, y el baño, y el
baño, purgante, bebida… Uno puede decir “Ah,
eso es muy largo”, pero ahí el que obra es
el poder de las plantas, yo en eso si creo…
P/ Y lo que ellos mueven que, como
decías antes, no es constatable por el
conocimiento Occidental…
R/ Desde la racionalidad científica no se
entiende eso.
P/ Y como no lo entienden, no existe.
R/ Exacto. Me parece que eso es fundamental.
Pero fíjese que hoy en día, dentro del
tratado del TLC aparece un tema importante
sobre el conocimiento tradicional. Y eso va
a ser un hecho: así sea que ellos no lo
reconozcan, el saber popular, indígena,
afro, campesino, está en la mira de las
grandes empresas farmacéuticas como la
Bayer; ellos tienen muy claro que este siglo
va a ser el de la revolución verde, el
conocimiento tradicional va a ser muy
importante para fortalecer la economía
capitalista. Y la industria Bayer la va a
meter fuerte para poder investigar estos
conocimientos tradicionales.
P/ En cuanto a la distinción que
hacías entre el botánico y el jaibaná, ¿qué
nombre tiene el botánico en lengua?
R/ Ellos en lengua dicen neanacdipá, que es
“el que sabe mucho sobre las plantas
medicinales”. La palabra neaná quiere decir
como veneno –planta-veneno–, pero también
planta curativa, “planta que envenena pero
planta que cura”. Hay personas que se
especializan en eso, estudian mucho las
plantas y se dedican a conocerlas, a
combinarlas, a experimentar con ellas, pero
más de ahí no llegan; ellos saben es de eso:
que está alborotado el cuerpo… ah, para eso
sirve tal cosa; que la cabeza se está
llenando de granos, sirve tal cosa; que una
culebra me mordió, ah, tal planta sirve,
pero mas de ahí no pasan.
En cambio el jaibaná tiene los dos
conocimientos, el jaibaná necesariamente
tiene que dominar la parte espiritual y la
corporal; lo que hace un jaibaná primero en
una noche es cantar el jai, y a través de
ese canto hace el diagnóstico y en esa noche
el jaibaná viaja a través del sueño y a
través del canto convoca a todos los
espíritus que él requiere, de animales,
plantas, etc. y al invitar a todos esos
espíritus él lo que hace es consultar qué es
lo que tiene el paciente, qué le pasó; el
viaje es a dónde ocurrió la enfermedad, qué
fue lo que pasó. Porque según ellos, cuando
se enferma la parte espiritual se enferma la
parte corporal, hay un desequilibrio en el
cuerpo, entre los espíritus y el cuerpo;
entonces van a dónde ocurrió ese
desequilibrio, qué le pasó a la persona ¿se
golpeó? ¿se asustó?, o tomó tal planta
venenosa, se alimentó de tal cosa, o alguien
le hizo daño –lo que llaman maleficios–,
etc. El médico regresa y le dice al
paciente, a las dos o tres de la mañana, Ud.
estuvo en tal parte, o tuvo esta pelea, o
comiste tal cosa, o tu espíritu se relacionó
con tal cosa, o te caíste, y le indica la
forma de aliviarse: hay que tomar esto y
esto, etc.
Según me han explicado, ellos preguntan a
las plantas y ellas les dicen qué se
necesita. Por eso al otro día el jaibaná
sale al monte a buscar las plantas, después
hace el tratamiento, los mismos espíritus de
las plantas le dicen cómo debe curar, si es
baño, si es purgante, si es tomando, si hay
que cocinar la planta, toda la dosificación.
Entonces el médico puede decirle al otro
día, váyase y venga dentro de ocho días o
quédese de una vez yo le hago el
tratamiento. Casi siempre, si la enfermedad
es grave, le dice quédese le hago el
tratamiento.

P/ Existen los embera catío y los
embera chamí. Haznos, por favor la
distinción entre los dos grupos y las
medicinas correspondientes.
R/ El tronco embera es la familia grande. De
ahí empieza lo que son: los embera-chamí,
oibida, los eyobida que son los
katío, y los
dobida que les dicen cholos, que es la
denominación española. Para nosotros embera
significa gente, o persona; entonces, en
oibida –los chamí– la palabra
oi significa
monte, selva adentro, en eyobida –los catío–
eyo significa la falda de la montaña, la
parte alta, y en dobida –los cholos– do
significa la parte baja, o los rios, los que
viven en los ríos, los ribereños; entonces,
los chamís son personas o gente que viven en
la selva, los katíos son gente o personas
que viven en la montaña, en la parte alta, y
cholos o personas que viven a la orilla del
río: do, río y bida, existencia. Son tres
grupos embera que lingüísticamente tienen
variación dialectal; pero en materia del
dominio de las plantas medicinales son casi
iguales, porque las plantas están en
dependencia del lugar, el clima, etc., pero
entre los tres comparten y se intercambian
conocimientos de las plantas, no hay ningún
problema en el compartir el aprendizaje, los
de arriba van al río a aprender… etc.
P/ Hay relación con el grupo waunana,
del Chocó?
R/ No, porque no hay entendimiento a nivel
del habla, eso inmediatamente crea una
barrera. Con los Kuna tampoco.
P/ El grupo que llaman en Caldas
Cañamomos, ¿son emberas?
R/ Si, son emberas-chamí que de alguna
manera han conservado sus prácticas
medicinales, pero han perdido la lengua y
tienden a ser campesinado.
P/ Ya están muy aculturados.
R/ Sí, así es.
P/ Dentro de lo que conoces de la
investigación antropológica y etnográfica,
que se ha hecho sobre los pueblos embera, en
este campo de la medicina, qué autores, o
qué textos recuerdas, que se hayan
producido?
R/ Que alguien haya hecho un inventario, por
decir, etno-botánico, algunos como el
antropólogo, de aquí de Antioquia, Mauricio
Pardo, mencionan algo pero no en
profundidad, ese antropólogo intentó hablar
un poco sobre el jaibanismo, el tiene un
texto sobre “Los convites de los espíritus jaibana”, creo que hay dos textos escritos
por él, y ahí habla un poco sobre la vida y
la virtualidad del jaibaná.
P/ Luis Guillermo Vasco también hizo algo
sobre los jaibanás…
R/ Sí también. Pero le digo una cosa, Yo he
entrado a leer esos textos, y ellos aquí por
estrategia no dan la información como se
debiera dar, porque siempre opera la
malicia, la desconfianza total. Por librarse
del antropólogo o el investigador dicen
cualquier barrabasada, y ellos creen que se
llevaron buena información y uno que ha
vivido la situación sabe que mucha de esa
información hay que volverla a escribir.
Incluso a los mismos estudiantes indígenas
se les está negando la información, porque
dentro de la visión de los viejos, dicen
“Ah, es que Ud. se lleva la información y
Ud. es el que se enriquece, Ud. va luego y
saca el libro y lo vende ¿y para nosotros
qué?” Hay mucha desconfianza.
Yo ahora voy a entrar a estudiar sobre la
importancia de la oralidad, pero hermano,
hay que pedir permiso, y lo primero qué
preguntan es “¿Y para qué va a hacer eso? ¿A
quién le va a servir eso? Ah, Ud. va a sacar
un libro y va a vender y va a sacar plata ¿y
nosotros qué?”
Guzmán Caisamo es dirigente de la
Organización Indígena de Antioquia – OIA. Es
Licenciado en Educación y en Administración
Educativa por la Universidad de Medellín.
Entrevista en Medellín, Colombia,
en Octubre 2 de 2006, realizada y editada por Ricardo
Díaz para visionchamanica.com . Prohibida la
reproducción sin permiso del Editor.
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