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Michel
Maffesoli, el célebre profesor de la Cátedra
Durkheim de la Sorbona y director del Centro de
Estudios de lo Actual y lo Cotidiano de esa
institución estuvo en Colombia. Habló del tiempo
efímero, de las barbaries contemporáneas, de la
política como espectáculo y de la invención de lo
cotidiano hoy.
Obras de Maffesoli en español:
Lógica de la dominación,
Eds. 62, Barcelona, 1977;
La violencia
totalitaria: ensayo de antropología política,
Herder, Barcelona, 1982;
El tiempo de las tribus,
Icaria, Barcelona, 1990;
El conocimiento
ordinario. Compendio de Sociología, Fondo
de Cultura Económica, México, 1993;
De la orgía: una
aproximación sociológica, Ariel, Barcelona,
1996;
Elogio de la razón
sensible: una visión intuitiva del mundo
contemporáneo, Paidós, Barcelona, 1997;
El instante eterno. El
retorno de lo trágico en las sociedades postmodernas,
Paidós, Buenos Aires, 2001;
El nomadismo: vagabundeos iniciáticos,
Fondo de Cultura Económica, México, 2004;
La
transformación de lo político. La tribialización del
mundo postmoderno, Herder, México, 2005.
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Maffesoli
Sociología
posmoderna
Las
artes de lo efímero hoy
Por Fabián
Sanabria
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Maffesoli acompañado del profesor
Fabián Sanabria de la UN.
Foto de
Víctor Manuel Holguín/Unimedios |
Los
asistentes que aplaudieron con fervor al
autor del Elogio de la razón sensible,
colmaron el Auditorio Virginia Gutiérrez de
la Universidad Nacional, la Casa Bolívar y
la Biblioteca Luís Ángel Arango,
confesándonos en diversos momentos su
cansancio ante las reflexiones que suelen
saturarnos con tanto “deber ser”, en vez de
presentarnos algunos de los sentidos que
numerosas dinámicas sociales proyectan a
través del simple hecho de religarse al
otro, gozando quizás el síntoma promiscuo de
recrear instantáneamente un lazo intenso con
él. De ese “goce”, o para decirlo en
términos de uno de los herederos
intelectuales de Georg Simmel, de esa “re–liance”,
quedaron algunos trazos que entre notas y
paréntesis me permito evocar…
Fabián Sanabria: A las
disciplinas sociales (herederas de la
teología) les encanta seguir hablando de
“deber ser”, tienen la pretensión de
seguirnos “salvando” con “nuevos rostros de
la caridad”... ¿Estudiar lo cotidiano es una
manera de renunciar a la tentación de “hacer
el bien”?
Michel Maffesoli: Exactamente.
Se trata de ver más acá de los “grandes
sistemas”. Más acá de los “micro–poderes” y
de la dominación, donde se encuentra y
divaga el hombre sin atributos, el día a
día, el tiempo que pasa. Y hay que estar a
la altura de eso.
Estar “a la altura de lo cotidiano”
es, como usted dice parafraseando a algún
filósofo, ¿“apreciar la carne de lo social”?
Sí. Porque las disciplinas sociales (entre
otras cosas la palabra disciplina nos ha
causado mucho mal), se han vuelto abstractas
y han perdido el vitalismo de lo que ocurre,
del acontecimiento, del transcurrir efímero
que es el lazo social. Se podría decir que
le hacen falta sentidos a las mal llamadas
“ciencias sociales”.
Usted habla frecuentemente del
sentimiento trágico de la vida. ¿En qué
sentido lo trágico se opone a lo dramático?
En el sentido de que para quienes
asumimos el sentimiento trágico de la vida
no hay ni historia ni economía de la
“salvación”, como tampoco un futuro
domesticado. Simplemente las cosas ocurren y
los hechos sociales transcurren en momentos
que felizmente se diluyen…
Si hablamos de que no hay más
salvación en sentido teleológico, sino que
predominan “instantes”, ¿no es ésta una
“vuelta al paganismo”?
Indudablemente. Se trata de volver a
la tierra, que es la raíz de todo paganismo.
Porque se puede vivir sin un Dios único,
humanamente, ajustándonos a lo que tenemos y
conquistamos paulatinamente…
¿Deberíamos asumir en las sociedades
contemporáneas una cierta “condición
poscristiana”?
Yo diría que hay que asumir, como
Baudrillard, un “pensamiento radical”. Es
decir, no repatriar más el goce, no
posponerlo, sino todo lo contrario: vivirlo
plena y auténticamente. Ese es justamente el
“instante eterno”, lo que yo he llamado la
“sombra de Dionisio” que nos cubre, el
retorno de una suerte de “erotismo social”:
re–conocer esa especie de SATURACIÓN de
todos los órdenes que las instituciones
niegan pretendiendo “protegernos”, porque no
les conviene que no creamos más en ellas.
Si la moral occidental específicamente
se “satura”… ¿Convendría mejor hablar de una
“ética inmoral”?
Sí. Hoy día hay que ser inmoral para
darle hospedaje a la ética porque el mundo
ya no se desplaza linealmente ni
circularmente, sino en espiral, siempre
abierto y fragmentario, inacabado,
aparentemente quieto pero prolongándose a
velocidades que producen vértigo.
Y ¿dónde queda la estética, si se
quiere las Flores del Mal, no solo las de
Baudelaire, sino también las del pequeño
Rimbaud que se las apropió?
No puede haber ética sin estética.
Eso es lo que justamente proclamaron los
poetas malditos que usted cita. El “Yo soy
otro” es el mejor desafío del conocimiento
social hoy: asumir que no podemos seguir
reenviando el otro al mismo, sino que el
otro debe ser otro y escapársenos después de
que lo rocemos…
Se supone que estamos cansados de
“asociar el creer al ver”, ¿ha llegado el
tiempo de tocar, de oler, de rozar?
Claro. El mundo de las ópticas está
mandado a recoger para ser cambiado por lo
háptico, es decir, por los sentidos, los
mismos que nos enseñaron a esconder porque
supuestamente eran “fuente de pecado”.
Usted señala en buena parte de sus
libros, cómo la moral moderna nos obligó a
“posponer el goce”, ¿habría que volver al
Carpe Diem?
Por supuesto. Porque posponer el
goce nos vuelve asépticos y paranoicos. Ya
es tiempo de reconocer que las casas de la
modernidad se están quemando y no vale la
pena salvar pedazos de muebles chamuscados…
Si las “casas de la modernidad se
están quemando”… ¿Más nos vale aprender de
ciertas culturas juveniles, que reivindican
no tener un “proyecto” viviendo como mejor
pueden?
Tal vez haya que conquistar lo que
muchos jóvenes llaman el “pegante de la
vida”.
¿El pegante de la vida es lo cool?
Sí, esa es la palabra fetiche de
hoy. Y esa palabra produce cuerpos,
estéticas, manifestaciones musicales y
deportivas, grandes celebraciones, emociones
de las profundidades…
Usted dice que ya no cabe Historia
pero sí destino, ¿toca abrirse a las gracias
posmodernas?
Pues yo ya escogí y es a ustedes a
quienes les toca decidir. Si quieren sigan
haciendo ciencia que yo prefiero errar y
buscar conocimiento, nacer con… Pero si
algunos se ponen a errar –con las
incertidumbres que eso conlleva– es posible
hacerse señas…
Azares y aventuras son divagaciones
juveniles… ¿Algo así como no perder la
capacidad de escandalizar?
En efecto.
Entonces resulta grato compartir las
pasiones, ¿y las pulsiones también?
Es algo que vale la pena poner a
prueba en todo caso. Tratar de rencontrar el
sentido orgiástico –que no se debe confundir
con los orgasmos– de la vida.
Lévi–Strauss nos enseñó muy bien que
el pensamiento salvaje no es el de los
salvajes, que todos de algún modo bricolamos
y combinamos tantas piezas de rompecabezas
que ya no hay identidad sino
identificaciones…
Identificaciones múltiples y
variadas. Se puede ser un prestigioso
profesor de día y un cliente riguroso de una
casa nocturna al abandonar la universidad.
Pero hay cosas que parecen volver como
las capuchas que usan tantos jóvenes que
parecen “monjes posmodernos”…
A eso me refiero con El
re–encantamiento del mundo. La moda va y
vuelve y hoy cada vez pretende volvernos más
ligeros. ¿Qué no decir de los aparatos
tecnológicos que parecen pegársenos a la
piel como el teléfono móvil?
O sea que ¿ya no hay que domesticar el
mundo sino quizá dejarnos envolver por él?
Aproximadamente, porque el mundo ya
nos ha envuelto
¿Qué hacer entonces en la Universidad,
una institución tan conservadora como la
sagrada familia?
La universidad proviene de la
palabra universitas, es decir, es el
claustro separado de la catedral donde se
formaban los clérigos. El problema es que la
universidad no ha hecho sino formar
párrocos…
¿Toca entonces renunciar a la “torre
de marfil” de la academia?
Gramci tenía razón cuando hablaba
del “intelectual orgánico”. Hay que
reconocerse como parte de lo que se describe
para poder pasar de lo construido a lo dado.
No hay que buscarle tantas paranoias al don.
Hay que en buena medida “dejarse dar” y
“dar”.
Entrevista tomada de UN Periódico,
edición Nº 122 de Mayo 10 de 2009.
http://www.unperiodico.unal.edu.co
Lea un
artículo de la profesora Laura Chuaqui Numan
que establece las fuentes de la sociología
de Maffesoli, los conceptos más utilizados y
las problemáticas abordadas por este autor
en:
http://www.umce.cl/revistas/dialogoseducativos/dialogos_educativos_n1_articulo_06.pdf
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