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Tarea Urgente!
Día Mundial del Agua
Por
la defensa del Derecho al Agua ante los
grandes intereses multinacionales
Por Wenonah Hauter

Nos
hallamos en la encrucijada de dos futuros.
El futuro por el cual estamos trabajando es
uno en el cual los gobiernos establecen el
derecho al agua y el agua recobra su
legítimo lugar como bien común. Es un futuro
en el cual las 2.000 millones de personas
que no tenían acceso al agua han ganado
acceso a agua potable y a precios
asequibles. Es un futuro donde los 2
millones de personas que mueren por agua
contaminada cada año, vive. Es un futuro
donde el agua no se está diezmando,
contaminando o desviando. Es un futuro con
agua limpia y abundante bajo control
democrático.
El segundo futuro es el futuro por el cual
estamos luchando por evitar. Es un futuro
donde el agua está siendo controlada por un
poderoso cartel corporativo que ha tomado
control de cada aspecto del agua para su
propio beneficio. Es un futuro donde las
corporaciones poseen los ríos, lagunas y
acuíferos y donde los servicios municipales
de acueducto son privatizados. Es un mundo
donde las corporaciones venden a las élites
enormes cantidades de agua de boutique
envasada en plástico a precios exorbitantes
y donde todo el mundo toma aguas negras
reutilizadas. Es un futuro donde las
corporaciones compran, venden y comercian
agua en el mercado abierto; y donde
transportan agua por enormes tuberías a
cientos y, a veces, miles de millas de las
cuencas y acuíferos para venderla en las
grandes ciudades e industrias. Es un mundo
donde en lugar de prevenir la enorme
contaminación –se le paga a las compañías
grandes montos de dinero por dudosas
soluciones tecnológicas para descontaminar.
Esto suena como un mundo de ciencia ficción
pero estamos comenzando a ver este futuro
materializarse. La revista Fortune ha
llamado el oro del siglo XXI al agua. El
sector financiero y algunas de las más
poderosas corporaciones del mundo ven el
agua como una propiedad roja.
La escasez de agua, la contaminación de agua
y el cambio climático son tres propulsores.
Las fuentes de agua naturales se están
menguando a un ritmo peligroso y el cambio
climático está exacerbando el problema. La
creciente población humana y el inapropiado
uso del riego están acabando con los mayores
acuíferos del mundo. En los Estados Unidos,
el 80% del agua consumida es para uso
agrícola. Treinta y un países están
afrontando escasez de agua. Partes de
África, China, México y el Medio Oriente y
algunos lugares del Oeste de Estados Unidos
están literalmente quedándose sin agua.
Considerando la magnitud de la crisis y el
número de vidas en peligro, uno pensaría que
los líderes mundiales dejarían de lado los
intereses económicos de las corporaciones y
desarrollarían una estrategia para abordar
seriamente la crisis del agua. Pero, estas
ricas corporaciones son tan poderosas que
están literalmente comprando las políticas
públicas sobre el agua al nivel nacional e
internacional.
El Sur Global es visto como una oportunidad
para hacer ganancias con el agua. El Fondo
Monetario Internacional y el Banco Mundial
han forzado a los gobiernos a reestructurar
sus economías, a dejar de financiar los
servicios públicos y a utilizar sus recursos
para pagar su deuda. Y en la medida que los
países pasan apuros por pagar pesadas cargas
de deuda, la solución propuesta por el Banco
Mundial y el Fondo Monetario Internacional
es la de subastar los recursos naturales y
empresas de los países.
Las instituciones financieras
internacionales en cambio usan su enorme
poder económico para obligar a los países en
desarrollo a contraer préstamos a altas
tasas de interés para construir y reparar la
infraestructura de agua. Estos créditos a
menudo son condicionados. Esto significa que
les dicen que tienen que privatizar los
servicios del agua y cobrar altas tarifas
por el servicio. Quieren que los pobres, que
ganan un dólar o dos al día, paguen una alta
proporción de su ingreso por el agua.
Esto es muy hipócrita. En los Estados Unidos
contamos con servicios de agua universales
porque fue una decisión política deliberada.
Al finalizar el siglo XX, el cólera, la
disentería y otras enfermedades ocasionadas
por el agua estaban aumentaban velozmente,
de manera que en lugar de pedirle a los
pobres que pagaran por los servicios de
acueducto y alcantarillado, se decidió
invertir los recursos públicos provenientes
de los impuestos en la infraestructura del
agua.
El Banco no siempre ha promovido la
privatización como respuesta a los problemas
del sector del agua y saneamiento. Desde los
sesenta hasta gran parte de los ochenta, los
créditos del Banco Mundial a los gobiernos
de los países en desarrollo se concentraban
en la creación y expansión de las empresas
de servicios públicos. Sin embargo, los
intereses corporativos se volvieron más
dominantes como resultado de los gobiernos
de derecha, tales como los de las
administraciones Reagan y Thatcher. Al
finalizar la década, la privatización y la
desregulación fueron consagradas como
política pública en todo el mundo.
La postura oficial es que el sector privado
es más eficiente y costo-efectivo pero la
realidad es más tozuda. La verdad es que las
corporaciones de los países miembros del la
Junta de Gobernadores del Banco Mundial
influencian las políticas del banco para
crear oportunidades de negocios. Estados
Unidos es el accionista y el principal
proponente de la privatización a pesar de
que el 85% de los servicios de agua de
Estados Unidos los proveen agencias
gubernamentales del orden municipal, no el
sector privado.
Irónicamente, la industria multinacional
global del servicio del agua es
mayoritariamente europea. Se ha vuelto una
industria altamente concentrada con un
puñado de corporaciones multinacionales
controlando el mercado privado del agua. Las
grandes corporaciones del agua como Suez y
Veolia son francesas. Se les concedieron
muchos contratos de privatización como
“casos modelo” durantes los últimos quince
años en Argentina, Puerto Rico, Bolivia,
Filipinas, Indonesia y Sur África y otros
países. Los resultados han sido desastrosos
en todas partes. La privatización trae
consigo tarifas extremadamente altas y un
servicio muy malo. A menudo el agua es más
sucia y corre menos frecuentemente que antes
de la privatización. Cuando los pobres no
pueden pagar el agua, toman agua de fuentes
contaminadas y esto resulta en crisis de
salubridad pública. Las compañías privadas
están débilmente reguladas, no hacen las
inversiones que prometen y no cumplen con
los compromisos contractuales de expandir el
servicio a los pobres o de construir y
reparar la infraestructura. Los contratos se
suscriben con falta de transparencia y todo
el proceso está signado por la corrupción.
El Banco Mundial ha sido incapaz de señalar
una sola historia exitosa.
La privatización en Buenos Aires es un
ejemplo. Los programas de ajuste estructural
del Fondo Monetario Internacional y el Banco
Mundial han resultado en reducidos servicios
sociales y de infraestructura pública. El
acuerdo de privatización de Buenos Aires se
dio en 1993, fue altamente alabado
internacionalmente como una historia exitosa
por el Banco Mundial, el gobierno argentino
y la industria del agua. Pero la historia
exitosa se tornó amarga luego de que el
gobierno argentino, durante la crisis
económica de finales de los noventa,
derogara una estipulación contractual que
permitía indexar las tarifas del agua al
precio del dólar.
Durante los primeros ocho años del contrato,
prácticas reguladoras laxas y
renegociaciones del contrato, que eliminaban
el riesgo corporativo, permitieron que la
subsidiaria de Suez, Aguas Argentinas,
obtuviera una tasa de ganancia del 19% sobre
el promedio de sus activos netos. Sin
embargo, para 2002, Suez tuvo que declarar
pérdidas por 500 millones de dólares debido
al colapso económico. Las tarifas de agua,
en lugar de reducirse en un 27% aumentaron
20%. Los pobres de las urbes han cargado
desproporcionadamente con la carga de los
incrementos de las tarifas y el costo de la
expansión del servicio. El no pago por agua
y saneamiento es de un 30%, y los cortes del
servicio son comunes, teniendo los niños y
las mujeres que soportar la carga y las
consecuencias en salud y seguridad. La
empresa pública, Aguas Argentinas, faltó a
su obligación contractual de construir una
nueva planta de tratamiento de aguas
servidas. Como resultado, el 95% del agua
del alcantarillado se vertía directamente al
río de la Plata. Suez demando al gobierno
argentino a través del Centro Internacional
de Arreglo de Diferencias Relativas a la
Inversión, CIADI, del Banco Mundial. El
monto total de la demanda es “secreto” pero
están exigiendo una compensación por las
pérdidas relacionadas con las concesiones de
Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba.
Aunque los más grandes privatizadores son
europeos, Bechtel, una compañía
estadounidense, ha estado activa en América
Latina. Bechtel firmó un contrato con
Guayaquil, una ciudad de Ecuador de casi dos
millones de habitantes. El Banco
Interamericano de Desarrollo concedió varios
créditos para promover y respaldar el
proceso de privatización en Guayaquil y el
Banco Mundial proveyó un seguro contra
riesgos políticos y garantías para proteger
la compañía contra un potencial
levantamiento político y malestar social
local.
La empresa prometió invertir mil millones de
dólares durante los 30 años del contrato.
También prometieron conectar a 55 mil
suscriptores más e incrementar la cobertura
hasta un 90% en acueducto y 60% en
alcantarillado. Pero no pudieron cumplir con
sus promesas. El mantenimiento, la inversión
y expansión de los servicios son exiguos;
las quejas se acumularon en los siguientes
seis años. Estaban tratando únicamente
alrededor del 5% de las aguas servidas y
evacuando el resto, incluidas las materias
fecales y los desperdicios domésticos e
industriales, directamente al río.
El departamento de salud empezó a emitir
informes a la prensa documentando los
problemas de salud que los niños estaban
padeciendo en las comunidades río abajo de
la ciudad porque estaban tomando agua justo
donde desembocaba el alcantarillado. Las
tarifas del agua subieron y cobraban a la
gente exorbitantes montos de dinero que no
correspondían a la cantidad de agua que
estaban consumiendo. Muy pronto centenares
de personas hacían fila todos los días
frente el área de servicio al cliente de la
compañía para quejarse por las facturas que
estaban recibiendo.
En algunas áreas la compañía cortaba el agua
durante 23 horas al día durante días y
semanas para evadir la responsabilidad de
proveer una fuente de agua alternativa.
También se rehusó hacer pública la
información sobre la calidad del agua.
Grupos ciudadanos están pidiendo al gobierno
que multe a la compañía por 1.5 millones de
dólares por incumplimiento de las
obligaciones contractuales. Este caso aún
está pendiente en el CIADI.
Al otro extremo del mundo, Dar es Salaam, en
Tanzania tiene una experiencia similar, pero
con una compañía diferente. Me complace
mucho contarles que justo la semana pasada
se dio una gran victoria contra la
privatización en Tanzania. En 2003, como
resultado de unos créditos condicionados del
Banco Mundial y el FMI, la empresa municipal
de Dar es Salaam fue privatizada mediante un
contrato de concesión a diez años otorgado a
una sociedad controlada por la británica
Biwater. Noventa y ocho por ciento de la
inversión estaba destinada al 20% más rico
de la población. El restante 2% se debía
gastar en las áreas pobres de Dar es Salaam
en un proyecto contratado con una ONG. Luego
de dos años de incumplir con la provisión
del servicio, el gobierno de Tanzania
rescindió el contrato. Biwater respondió
colocando una demanda por 20 millones de
dólares ante el CIADI del Banco Mundial. El
CIADI resolvió en favor de Tanzania. Este
fallo fue apelado y justo la semana pasada
el tribunal del CIADI confirmó el derecho de
Tanzania de rescindir el contrato con
Biwater y rehusó su demanda por US$20
millones.
Otra victoria se dio en Johannesburgo. Hace
cinco años, con el pretexto de que iban a
arreglar una infraestructura envejecida, los
residentes de Soweto, una comunidad pobre de
Johannesburgo, Sur África, enfrentó la
instalación obligada de medidores prepago. A
quienes se resistían se les intimidaba y se
les cortaba el servicio de agua. La
comunidad respondió organizando la Coalición
Contra la Privatización del Agua y colocando
una demanda judicial en julio de 2006,
cuestionando la legalidad y la
constitucionalidad de la limitación del
suministro gratuito de agua y la instalación
de los medidores de agua prepago. La
Coalición obtuvo una gran victoria en junio
cuando un juez de la Alta Corte de
Johannesburgo falló a su favor, declarando
la instalación forzada de los medidores de
agua prepago ilegal e inconstitucional. El
juez ordenó incrementar el límite del
suministro de agua gratuita de 6 kilolitros
por hogar al mes a 50 litros por persona al
día. Aunque el fallo ha sido apelado y se
espera que vaya hasta la Corte
Constitucional, esto no desmerita el
significado de la victoria.
En África sub-Sahariana, 80% del total de
contratos de privatización – tanto
concesiones como arrendamientos – en 2006,
han sido terminados o están sujetos a
grandes disputas entre las autoridades
públicas y los operadores privados.
La privatización también ha sido un total
fracaso en el Norte Global. Hay un
movimiento en Francia para reemplazar las
empresas privadas por públicas. Y como dije
anteriormente, Francia es el país residente
de las más grandes compañías de agua del
mundo. Hay una coalición de alcaldes de todo
el país que están presionando para devolver
a manos públicas sus sistemas de acueducto.
París acaba de expulsar del país a Suez. Con
el expreso deseo de mantener estables los
precios, el Concejo Municipal de París
anunció en junio que el sistema de acueducto
de la ciudad volvería a control público en
un 100% para el 2009.
En Estados Unidos el 85% de los servicios de
agua son públicos y la privatización no es
popular. Las batallas contra la
privatización que enfrentamos son a la vez
similares y diferentes a las de aquí.
Nuestra infraestructura de agua está vieja y
necesita muchas reparaciones. Las
inversiones necesarias no se han hecho y
todos los años hay un faltante de US$22.000
millones entre lo presupuestado y lo que se
necesita.
Esta situación ha creado el espacio para que
corporaciones privadas liciten y ganen
contratos de administración y operación de
servicios de agua y alcantarillado para
regiones enteras. Constantemente vemos cómo
el control corporativo ha provisto un
servicio de más baja calidad y hay ahora
muchos casos donde las municipalidades han
cancelado contratos de privatización
exitosamente y recuperado el control
público.
Mi organización, el Observatorio de la
Alimentación y el Agua (Food and Water Watch)
trabaja con comunidades locales para frenar
la privatización. Atlanta es un buen ejemplo
de cómo el modelo ha fallado en Estados
Unidos. Se trataba de un contrato a 20 años
por US$428 millones con United Water, una
subsidiaria de Suez. La promocionaron como
la oleada del futuro. La compañía comenzó
por despedir la mitad del personal, 400
personas. Esto es la manera típica de la
compañía de ahorrar costos. La compañía no
pudo cumplir con los acuerdos contractuales.
Había un retraso de 14.000 órdenes de
trabajo, demora en las reparaciones,
respuestas inadecuadas a las emergencias. El
agua salía carmelita en muchas partes de la
ciudad y había “días de hervir el agua”. La
ciudad perdió millones de dólares porque
United Water no estaba no estaba leyendo,
instalando o manteniendo los medidores del
agua con la frecuencia necesaria, y tampoco
estaba recolectando a tiempo las facturas
retrasadas. Cuando la ciudad le pidió a
United Water los archivos de facturación, la
compañía se negó a hacer públicos los
registros completos. Cuando se abrió la
investigación al alcalde por recibir fondos
de Suez a cambio de aprobar el contrato, la
decisión de rescindir un contrato de 20 años
16 años antes parecía obvia.
Stockton, California es otro ejemplo. Uno de
los más sonados acuerdos de privatización de
los Estados Unidos. En 2002, el alcalde Gary
Modesto desató una amplia protesta al
proponer un contrato de concesión por 600
millones dólares a OMI-Thames Inc para
administrar y operar la empresa municipal de
alcantarillado. El alcalde argumentaba que
el acuerdo le ahorraría a la ciudad millones
de dólares. En julio del año pasado, un juez
dictaminó que el contrato violaba la ley
ambiental de California. Durante cuatro
años, la Coalición Interesada de Ciudadanos
de Stockton había impulsado una campaña de
base que culminó con esta victoria legal.
Los ciudadanos documentaron varios de los
problemas causados por la privatización,
incluidos el alza de las tarifas más allá de
lo pactado, abundantes filtraciones del
alcantarillado en los conductos de agua
locales y un pésimo mantenimiento de la
infraestructura. La compañía devolvió el
control de la empresa a Stockton en marzo de
2008.
La promoción de la privatización del agua
por parte las instituciones financieras
internacionales, los Estados Unidos y otros
gobiernos ha estimulado un creciente
movimiento social. En Estados Unidos, la
privatización de la infraestructura del agua
es muy controversial dentro de las
comunidades. Y hay un movimiento nacional de
organizaciones que están luchando contra la
privatización de los recursos del agua en
Estados Unidos y en todo el mundo.
Colombia no está sola en esta lucha. Se
están librando batallas contra la
privatización en todo el mundo. Los
problemas que enfrenta Colombia por la
privatización del agua son sistémicos y
deben combatirse a muchos niveles – desde el
nivel macro donde el Banco Mundial está
presionando la privatización mediante un
préstamos para el desarrollo condicionados,
hasta el nivel micro donde las comunidades
están combatiendo las corporaciones
multinacionales y controlar localmente las
lagunas y ríos.
Un movimiento global ha nacido que ha
declarado el agua como un derecho humano, un
bien público y parte de los bienes comunes.
En el Hemisferio Occidental hay una
coalición grande y fuerte oponiéndose a la
privatización del agua. La Red Vida está
conformada por organizaciones activistas de
casi todos los países del hemisferio. Se va
a reunir en Bolivia en septiembre próximo
para continuar el esfuerzo conjunto por
combatir la privatización y luchar por agua
limpia, segura y a precios asequibles para
todos. Hay redes similares en África, Europa
y Asia. Los activistas del agua de todo el
mundo permanecen comunicados mediante
correos electrónicos e Internet y trabajan
juntos en esta brega.
Intervención de Wenonah Hauter –Directora
Ejecutiva de Food and Water Watch– en el
"Foro Navegación del Río Bogotá", Campaña
del Referendo del Agua
Bogota, 31 de julio de 2008
Traducción de Elizabeth Beaufort (Liga de
Usuarios de Servicios Públicos) |