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Chinchorrosofía Amazónica
Interculturalidad ecológica
Chinchorrosofía: una ontología amazónica
Por: Juan Camilo
Cajigas

Especifico a continuación
algunas nociones de lo que denomino la
epistemología de la abundancia. Son
interpretaciones metafóricas de la forma de
operar del pensamiento amazónico.
Curar el
mundo
Curar es
cuidar. La cura proviene de un acto
ancestral que trae consigo la
fuerza/potencia de los Orígenes. Acceder con
mente clara a esa dimensión inmaterial donde
la vida es fuente permanente. Desde allí
alimentar con aliento primigenio, renovado
lo que se manifiesta en el mundo cotidiano.
Y así seguir configurando una forma-mundo
que desde los orígenes funciona así. Curar
es enlazar, permanentemente transformar la
curación: el poder del pensamiento conecta
los flujos de energía-vida (yuruparí
[2]) que
organizan el territorio y nuestro cuerpo.
Cuando todo está entrelazado en distintos
niveles y de variados modos lo muy pequeño
influye en lo grande: orar y soplar pre-vienen
y curan en un presente atemporal más allá de
las distancias y los momentos.
La
palabra no se limita a nombrar la realidad;
más que eso, alumbra determinados campos de
lo real ejecutando acciones sobre los
diferentes cuerpos y objetos como aplacar,
enfriar, envenenar, endulzar. La palabra
tiene un carácter eficaz, produce realidades
desde el plano de lo inmaterial, latente,
virtual, “en espíritu”, hacia el plano
material. Nombrar es afectar con el poder de
la palabra.
Territorio/maloca
Para
cuidar y organizar el territorio la maloca
es el espacio de referencia fundamental.
Todo lo que está situado afuera tiene dentro
de la maloca su parte correspondiente; así
los estantillos corresponden a los cerros
tutelares, las anacondas recrean el
territorio, el techo marca el paso de las
constelaciones. A través de este tipo de
pensamiento topológico es posible comprimir
en una región limitada un espacio ilimitado
conservando ciertas relaciones y
proporciones. El territorio es una gran
maloca y la maloca es un microterritorio.
La
matriz de los multiversos refiere a
una constitución cosmológica
pluridimensional. En este caso lo real opera
a partir de la superposición de planos donde
se concreta la materialidad de las cosas. No
podemos referirnos a un universo, sino más
bien a multiversos, a la presencia de campos
de realidad operando de manera paralela.
Los diversos espacio/tiempo se comprimen y
dilatan de acuerdo a las reglas de
constitución de cada plano/mundo posible.
Por eso en la maloca se agencia a través de
los diferentes planos de realidad la
administración de la vida en el territorio.
Todos somos
gente
Los
animales son gente, al igual que los
demonios y los espíritus. Cada uno de ellos
tiene sus costumbres, sus ritos, sus lugares
de caza, su coca. Dentro de esta cosmología
cada entidad, sea cosa, animal o fenómeno
natural, es un cuerpo; el cuerpo es una
“ropa” o “máscara” que se puede poner y
quitar. Ese cuerpo (la danta, la yuca, lo
humano) articula un punto de vista; el
cuerpo necesita de un punto de vista para
crear entonces una perspectiva. Cada
“máscara”/cuerpo encarna una cierta forma de
sentir, de moverse, de afectar. Lo podemos
identificar de acuerdo a sus hábitos.
Entonces la humanidad (ser gente) es
compartida; todos somos gente, aunque
encarnamos y activamos puntos de vista
singulares, asumimos corporalidades
particulares. Cada cuerpo expresa un mundo;
a través de cada cuerpo se experiencia un
mundo. No hay un uni-verso o un mundo del
cual los humanos seamos la única referencia;
aparecen multi-versos, una multiplicidad de
versos encarnados que constituyen mundos,
reinventándose a cada momento.
El plano
inmaterial/espiritual
La
realidad/mundo no se reduce a lo que se ve,
ni a lo que puede hacer la gente en su
estado mental cotidiano; todo está siendo
gracias a la operación efectiva del plano
inmaterial. El mundo es a la vez material e
inmaterial, presenta una doble
configuración. Por eso “todo tiene
espíritu”: que no se mire no quiere decir
que no esté, sólo “viendo” se reconfiguran
las zonas de indeterminación, los bordes
grises y aparece lo que también está ahí. El
plano inmaterial/espiritual coexiste con
este plano material; las diversas realidades
operan por superposición de planos. El lugar
y el momento están abiertos a los mundos
posibles, virtuales, materializados por el
poder de la palabra. En ese plano, las cosas
están prefiguradas, están en potencia. Sólo
el pensamiento en su dimensión chamanista
accede a este plano de potencialidad pura;
allí el espacio/tiempo se reduce a cero, y
las leyes que rigen el orden material/físico
no operan. En este salto cuántico del
pensamiento chamanista es posible acceder a
la fuerza de los Orígenes y encauzar
aspectos de la organización de la vida en el
territorio.
Cosmopolítica
Cada
gente tiene su territorio, sus espacios de
caza, sus rituales y costumbres. Debajo del
agua, a nivel del piso o en las copas de los
árboles se manifiesta una dinámica biosocial.
Cuando la gente que proviene de los ayawa
[3]
busca la cacería o la pesca deben establecer
acuerdos previos con los “dueños” de la otra
gente y de los diferentes lugares
“pagándoles arriendo”. Estos acuerdos están
basados en el intercambio y la reciprocidad
constituyendo una diplomacia cósmica. En el
plano inmaterial, el payé intercambia,
ofrece mambe y otros elementos de poder por
presas de caza para garantizar la
restitución de la energía tomada de los
ciclos cósmicos. Quien toma debe dar algo a
cambio. En caso contrario se genera un
desbalance que puede traer como
consecuencias desordenes y conflictos
sociales. Las reglas de intercambio y
reciprocidad están pautadas ritualmente en
el contexto de una organización chamanista;
los procesos rituales distribuidos en las
funciones del baile, como danza chamánica
que conjura en el plano micro las
corrupciones del plano macro, y la oratoria,
como el nombrar curativo/soteriológico de
las cosas y los lugares, posibilita el
manejo superespecífico de los recursos. La
organización ritual chamanista agencia
entonces una cosmopolítica que garantiza la
reprodución/multiplicación de los
territorios ancestrales, a partir de la
curación de las épocas siguiendo el ritmo de
las constelaciones.
El biopoder
de la Abundancia
El
cambio, la destrucción y el desorden son
disposiciones permanentes del territorio
–todo tiende a empeorar–, la dinámica propia
de la naturaleza está marcada por los ciclos
continuos de degeneración y regeneración. La
naturaleza no complace a la gente. En la
base de la vida cotidiana opera, entonces,
una ecosofía de la
reproducción/multiplicación de la vida. Esta
ecosofía sigue los parámetros que desde los
Orígenes posibilitan un sistema de manejo de
las diferentes casas de origen y la
administración general del territorio
ancestral; el seguimiento estricto de estas
normas y funciones, a través de dietas y
rituales, garantiza la reproducción de los
ciclos ecológicos y biológicos. La
reproducción de la Vida opera a partir del
biopoder de la abundancia manifestado en la
buena administración del entorno, pero
también en el buen vivir de la gente en la
selva a partir de la autoproducción de sus
condiciones de existencia (cosechas,
fertilidad de las mujeres, salud de los
niños).
Por eso
en este contexto parece extraña la “visión
de la escasez”, del “agotamiento de los
recursos naturales” – a la manera de una
“escatología ambiental”-; esta visión sólo
proviene de una actitud basada en la
producción y restauración técnica del mundo
y, en general, de una sociedad sustentada en
el sobreconsumo, la sobreexcitación y la
opulencia. Se olvida que este Biopoder de la
Abundancia está garantizado desde los
Orígenes, a partir del respeto por las
regulaciones ecológicas entre la gente, los
animales y las plantas. Si bien, estas
regulaciones pueden verse afectadas por un
mal manejo espiritual/material del entorno y
provocar la disminución de sus funciones
eco/biológicas. Desde esta perspectiva la
actual crisis ambiental es producto de un
manejo global no regulado, no intermediado
por las pautas de potenciamiento y
restricción ritual de los ciclos biológicos
del entorno, y de control psicológico y
social. El biopoder de la abundancia
consolida una visión transversal y compleja
de la comunidad humana y de lo Vivo.
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