A los que llegaban del gueto de Varsovia les esperaban terribles tormentos. Las mujeres y los niños eran separados de la multitud y conducidos a los lugares donde ardían los cadáveres, en lugar de ir a la cámara de gas. Las madres enloquecidas de terror eran obligadas a pasar con sus hijos entre los ardientes hornos sobre los que miles de muertos se retorcían entre las llamas y el humo, con contorsiones y sacudidas como si hubieran vuelto a la vida, mientras los vientres de las embarazadas muertas estallaban por el calor y sus hijos nonatos ardían en los úteros abiertos de sus madres. Esta visión podía volver loca hasta a la persona más equilibrada.
Si se hace infinitamente duro leer esto, el lector debe creerme que también es infinitamente difícil escribirlo. Alguien puede preguntar: “¿Y porqué escribir sobre esto, porqué recordarlo?” Es el deber del escritor contar esa terrible verdad y el deber civil del lector es conocerla. Quien mirara hacia otro lado, quien cerrara los ojos sin querer saber nada insultaría la memoria de los muertos.
Vasili Grossman
En Treblinka, artículo reproducido en “Un escritor en guerra”
NB. Son estos horrores los que olvidan los dirigentes del estado de Israel, que hoy [Dic. 29-2008] acribillan al pueblo árabe de Palestina en Gaza.



Ayahuasca