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Foto en Home: Planta de yagé. Tomada por
Ricardo Díaz en el Centro Takiwasi, en Tarapoto, Perú.
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Ricardo
Díaz interviene en el Simposio sobre Yagé de Manizales
Foto de
Angela Patricia Zea |
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Yagé Simposio Manizales-Oct.2009
Yagé, para desmedicalizar la Salud
Por:
Ricardo Díaz Mayorga
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Sección central del tríptico "La
cena cósmica" del pintor austriaco
Heinz Gohl (1934-1999) |
El
debate académico sobre el yagé, el avance en
su conocimiento, tiene una doble
importancia. Para el Yagé y sus Operadores:
que su utilización sea considerada con
respeto y seguimiento. Para la Academia y la
Salud: reconocer un formidable recurso
terapéutico.
El
yagé: recurso terapéutico genérico
El concepto de Estados Modificados de
Conciencia es la mejor perspectiva de
aproximación de la ciencia occidental a los
enteógenos. Los EMC ya han sido estudiados
como recurso terapéutico genérico que se
remonta a los albores de la civilización
humana [cfr. Michael Winkelman].
Los EMC o Enteogénesis (Dios en mí), al
producir un estado de ampliación de
conciencia, y/o, una conexión con la
Totalidad o el Misterio –con Dios, o con la
trama de la Vida, o con el flujo de la
Energía (expresión multisémica)– inducen una
concepción totalizadora de la salud. A
diferencia de la medicina convencional es no
solo una “técnica de sanar”, de apagar los
pequeños incendios de los síntomas, sino una
visión integral y profunda de la salud del ser humano.
Yagé y Medicina
La práctica médica implica aquel camino
complejo que va de lo genérico a lo
particular: de la descripción y definiciones
sobre las enfermedades a las personas concretas
(“Existen enfermos, no enfermedades” –
Hipócrates). Hay dos saberes implicados: el
del médico y el del propio paciente. Luego
no es aceptable una actitud autoritaria del
terapeuta de “Yo soy el médico!”, o “yo soy
el que sé”. También porque la sanación se da
en el paciente y con su participación. Es
inconveniente y soberbia la actitud
terapéutica de “yo te curo”. Más adecuado y
real es contribuir a que el paciente
identifique su enfermedad y se “apropie” de
ella (cfr. “La enfermedad como camino”
Dethlefsen y Dahlke), y proponer
alternativas terapéuticas (no ordenar, no
mandar, no dominio).
El yagé puede contribuir a esa conciencia y
propiciar un paciente empoderado y a cargo
de su vida, de su situación y de su destino.
Según sea ese grado de conciencia se dan los
grados de intervención del médico.
Yagé y Religión
Los conceptos (o representaciones) sobre la
divinidad, sobre lo trascendente, no son
exclusivos de las formaciones religiosas. No
pueden aceptarse monopolios en la
representación de lo trascendente. Tampoco
los intermediarios son indispensables. En
últimas, para cada individuo, la
representación que cuenta es la propia.
La anterior idea lleva al concepto de
Laicidad, que significa: No poner al mando
una confesión religiosa determinada, sino
respetar la forma de las creencias
individuales, subjetivas. No puede haber
objetividad –lenguaje homogéneo– en este
tema [L. Wittgenstein].
La configuración religiosa supone siempre un
aparato, una organización, una empresa (la
empresa o asociación del culto), con
funcionarios, jerarquía, preceptos y normas,
etc. Es un poder terrenal, con
intereses materiales, con imbricaciones
concretas a otros ámbitos de poder, y con
los encargados de la res pública (el
Estado).
Hay también la dimensión comunitaria de la
religión: el religare del grupo, de
la comunidad, por ejemplo en las prácticas
colectivas de sanación de lo comunitario.
La aspiración religiosa se manifiesta, desde
una perspectiva individual, como una
necesidad de pertenencia al grupo; de
reconocimiento y aceptación en el
sentimiento. Un espíritu sano puede
participar en cualquier ritualidad.
La variable religiosa convencional introduce
distorsiones en la práctica médica del yagé:
Desviación hacia una representación
determinada de Dios –creando dependencia y
relación de dominio–. Además, disputas entre
representaciones –la válida, la verdadera,
la mejor–.
Yagé y Lenguaje
Desde una visión radical de la relación
Cultura/Naturaleza, la realidad es inefable…
Le ponemos palabras, la representamos para
comunicarnos. Esta representación será
siempre un artificio y será siempre
transitoria (provisional, relativa). Si la
realidad es impermanente, más lo son
las palabras: relatividad del lenguaje, no
dogmatizar, no sentenciar, no reificar: las
palabras siempre serán aproximativas. Las
palabras son hipótesis de la realidad. Y el
lenguaje, los lenguajes, deben entenderse
como “juegos de lenguaje”, según L.
Wittgenstein.
La confusión de la realidad con las palabras
ha sido tematizada por autores como G.
Luckas, y W. Benjamín, y M. Taussig; quienes
han llamado a esto: reificación.
También don Juan Matus, el personaje de C.
Castaneda, advierte sobre no quedar
atrapados en la descripción de la realidad
que recibimos desde la infancia.
Lenguaje y enfermedad: Esas palabras [las de
la enfermedad que me diagnostican] ¿soy yo?
¿me identifican? [“Existen enfermos, no
enfermedades” – Hipócrates]. Ese malestar,
esa disfunción ¿me identifican?, o ¿será una
búsqueda de identidad? ¿de ruta …? ¿de
resolución de un problema…?
Tarea de la enfermedad: yo debo
llegar a entender mi cuerpo y mi realidad y
a representármela, y a diseñar mis conductas
y comportamientos (comida, ejercicio, estilo
de vida…), que resuelvan lo problemático, lo
disfuncional: Encontrar mis circunstancias
adaptativas.
El lenguaje (la representación) puede llevar
a la desconexión con la realidad, que se
manifiesta en enfermedad. La purga con yagé
abre la posibilidad de reconexión cambiando
el punto de vista con el que vemos nuestra
realidad.
Yagé y Poder
Para tener Salud debo desmarcarme del
Sistema [o relativizarlo], debo buscar
alternativas al Sistema de Vida Consumista
predominante.
La descripción predominante de la realidad
atraviesa toda la Institucionalidad dentro
de la que vivimos –la familia, las empresas,
la Educación, los Medios de Comunicación, el
Derecho, etc.– y se manifiesta en todos los
enunciados normativos. Relativizar todas
estas descripciones [identificando, por
ejemplo, los intereses que las soportan] es
también una manera de proteger nuestra salud
mental y física.
Propuesta
Desmedicalizar el tema de la salud: La vida
y la Salud son mucho más que la descripción
médica. La salud es muy importante como para
dejársela solo a los médicos [y sobre todo ¡mi
salud!] Apropiarme [o crear] el lenguaje
adecuado para comprender mi cuerpo y mi
salud.
Desde lo general: Abrir camino a un nuevo
paradigma de la salud: Multicultural,
con diversas alternativas médicas.
Participativo, con un paciente al mando.
El yagé nos ayuda a llegar a esa conciencia.
Manizales, Octubre 17 de 2009.
El
anterior escrito es una guía-resumen de la
charla pronunciada por el autor en el
Simposio “El Yagé: Una mirada
multidisciplinaria del Remedio”, programado
y realizado por la Maestría en Cultura y
Drogas del Departamento de Antropología y
Sociología de la Universidad de Caldas, en
Manizales Colombia, en Octubre 14-17 de
2009. Comunicaciones con el autor en
neochamanic@gmail.com
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Comentarios
En general el escrito es claro y
con gran carga de subjetividad: médicos y curas están en tu
mira. Integrarlos a la clarificación de la praxis y la
conceptualización es más práctico y menos desgastante que
enfrentar esos dos poderes. Desde adentro del intestino de la
bestia la puedes derrotar o transformar sin traicionar tus
principios, creencias o valores acerca del yagé.
En algunos párrafos la sintaxis requiere un ajuste. Acumulaste
autores en un párrafo sin necesidad. Distribúyelos mejor.
Panaceas para la salud puede haber. Para la psiquis también.
Para la mente también.
Un abrazo ayaguasquero-yagesero
Gustavo Cazall
INTERLEADER - California
Octubre 23 - 2009
Me alegró mucho que pudiera venir
al Simposio. Le cuento que me encantó su intervención al final.
Muy concreto y claro. Fue excelente como cierre del evento.
Ofelia Gallego Beltrán
Octubre 24 – 2009
Muy interesante ya que abre
muchas preguntas y el variopinto de los enfoques sobre el uso
del remedio es aclarador.
Tengo un par de observaciones. Al abrir al hablarle a la
Academia y la Salud, al respecto del tema del yagé como recurso
terapéutico, creo que pueden generarse malentendidos en relación
al enmarcarlo también como medio para vivir una experiencia
religiosa. Siendo cierto, el matiz, independiente de la laicidad
con que es tratado, le merma contenido al ámbito
psicoterapéutico y con ello lo aleja de la discusión verdadera y
lo lleva a lo teológico.
El tono, algo panfletario y de crítica al stablishment
(religioso-corporativo, alopático, consumista, institución) es
algo que muchos compartimos, pero sí creo que lo aleja de puntos
de encuentro que, en mi pensar, es lo que deberíamos encontrar.
No hay necesidad de que “ellos” se sometan a nuestro punto de
vista y ni siquiera lo acepten, tienen sus razones dadas sus
experiencias al igual que nosotros las tenemos. Siento que hacen
falta espacios de dialogo en este país y el yagé puede ayudarnos
a ello, no desde atrincherarnos en la crítica al sistema de
valores, de salud y corporativo, sino desde una reflexión
profunda sobre las posibilidades que la planta permite, hasta
llegar a un estudio interdisciplinario, donde desde diferentes
ámbitos podamos compartir experiencias, con la academia, la
salud y la educación, sin prejuiciarnos de la malignidad del
otro.
Te invito que hagamos mensualmente unas Rondas de Reflexión,
donde personas de otras disciplinas, puedan compartir en una
discusión abierta sobre el tema. La diversidad de estas personas
nos permitirá crear espacios de diálogo y encuentro a futuro.
Cuenta conmigo y con Centro Luminoso para abrir estos espacios.
Saludos,
Alejo Retamal
Director Fundación Centro Luminoso
Octubre 25 - 2009
Re/ Sí es complejo el manejo de la “variable religiosa”, creo
que la cuestión, aún para los terapeutas “occidentales”, es de
reconocer que esa variable está ahí en el hecho terapéutico y
que cuenta e influye en la estabilidad psíquica y salud del
paciente, y que independiente de las creencias, o precisamente
por eso, lo mejor es el manejo laico de la cuestión. No veo
porqué esto disminuya la “cientificidad” del manejo de la salud
de la gente, a menos que esa cientificidad sea solo otro
prejuicio.
Puede que el tono no sea el adecuado –los campos están bastante
polarizados, y ciertamente es por desconocimiento–. Creo que sí,
no se trata de someter a nadie a “nuestras posiciones”, sino
abrir espacios de intercambio donde se puedan establecer cuáles
son los “juegos de lenguaje” que se están jugando, o más
llanamente: De qué es que se está hablando. En esa
dirección me parece magnífica tu iniciativa de abrir ese espacio
de “Rondas de Reflexión”, con participaciones
multidisciplinarias que ayuden a dilucidar y establecer los
términos de una práctica terapéutica multicultural.
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