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Intervenciones
en este debate:
Artículo
Original de Ricardo Díaz Mayorga "¿Una Ética del yagé?"
Sep. 16 de 2005
Edward Blandón
"¿Una qué de qué?
Nov. 1 de 2005
"Las
simplificaciones del médico Blandón" - Respuesta de Ricardo Díaz
Dic. 16 de 2005
Edward Blandón
"Yagé: Tercera toma"
Feb. 1 de 2006
"Centrar
el debate" Respuesta de Ricardo Díaz
Mar. 7 de 2006
Edna Rocío Meneses
"El yagé es más que una planta"
Abr. 27 de 2007
Shirley
"Casos sin contexto"
Ene.15 de 2008
"Información
deleznable"
Respuesta de Ricardo Díaz
Ene.
18 de 2008
Leonardo
Rodríguez "Me sentí insultado"
Ene. 17 de 2008
Laura
Rodríguez "Vive y deja vivir"
Marzo 5 de 2008
Ricardo
"Viva la medicina ancestral del Yagé"
Marzo 8 de 2008
Jorge
Alberto Zuluaga Vélez "No importa que sea urbano o rural"
Mayo 10 de 2008
Yolanda
Vargas Cabrera "Alternativa para el desarrollo del espíritu"
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Inicio
> Yagé
y EMC > Etica del yagé
Para debate
¿Una ética del yagé?
Por Ricardo Díaz Mayorga
Para la revista “El
Malpensante” fue escrito este artículo en que el autor registra el
incremento en la difusión del yagé en el medio urbano colombiano y
avanza en una propuesta sobre el destino de la utilización de este
brebaje de la medicina tradicional indígena, en la que según él, debe
privilegiarse la dimensión terapéutica, dejando lo religioso para el
fuero íntimo. Se invita a los lectores a pronunciarse sobre este artículo y sobre las
demás intervenciones que se hagan sobre el tema. Las intervenciones se
irán incluyendo en la medida que se reciban.
Hay un
inusitado aumento en el registro del tema del yagé, —brebaje purgante y
medicinal de los indígenas del piedemonte andino-amazónico—, en diferentes
medios, desde documentales en cadenas internacionales, notas periodísticas e
“informes” en noticieros de TV, hasta reportajes en revistas light y libros especializados. Esta
nueva visibilidad de los indios y su medicina tradicional ya responde menos
a los anteriores enfoques sensacionalistas y exotistas con que el tema se
trataba. Ahora, el notable incremento de los eventos en los que se toma yagé
presiona su presencia en los medios: el yagé se ha vuelto noticia.
La nueva demanda de la medicina indígena tiene muy diversas procedencias. Ya
no proviene sólo del estrato tres hacia abajo, tradicionales consumidores de
los brebajes y yerbas de los indios y de los impostores de los indios (Indio
Amazónico y similares); hay ahora unos nuevos consumidores de estrato cuatro
para arriba, con formación académica y motivaciones menos mágicas y
milagreras —aunque buena parte de los nuevos consumidores reencauchan la
milagrería y nuevas formas religiosas en la sopa de la “Nueva Era”—
.
Bueno es reconocer que el uso de la planta tiene una doble dirección: el
propiamente terapéutico o medicinal, entendido el brebaje como purgante; y
la utilización religiosa, de múltiples y complejas manifestaciones, de la
que son ejemplo paradigmático las iglesias ayahuasqueras del Brasil,
particularmente el Santo Daime que tiene ya ramificaciones en Europa (en
nuestro medio lo usan desde gnósticos, cristianos de diversas vertientes,
católicos heterodoxos, hasta religiosidades hechizas con iluminado a bordo).
Esa doble dirección puede hacerse de nuevo una sola si se comprende la
religiosidad —la espiritualidad en general—, como una “función psíquica”,
esto es, como una necesidad a resolver por el individuo para su estabilidad
y su salud. O si se acepta, desde lo terapéutico, que la purga que se hace
con el yagé es también espiritual: un encuentro de la dimensión profunda de
la persona con “lo trascendente”, “el Espíritu”, “lo divino”, o “el
Misterio”, o comoquiera que se denomine esta dimensión –religiosa o
espiritual– de la que Wittgenstein dice que no se puede hablar con sentido
porque no hay, no se puede construir, un "juego de lenguaje" para ello, al
ser una cuestión estrictamente subjetiva, inexpresable en un lenguaje
unívoco.
Pero el nuevo registro de los medios trae también señales de que el
crecimiento del consumo del yagé no gusta a todos. Ha habido asaltos
policiales y de otras formaciones armadas a tomas de yagé, amenazas a los
taitas, “denuncias” de sectores oficiales de la medicina sobre esta
“invasión de la brujería” (con los viejos argumentos de la intolerancia y la
persecución a los indios). Asoma su pezuña la Prohibición.
Debe reconocerse que el uso del yagé no se expandió de manera ordenada y
coherente, ya que —como señala J. Weiskopf en su Yagé, el nuevo purgatorio—
“el yagé salió de la mano de los indios”. Y salió para las utilizaciones
religiosas y para-religiosas señaladas, para las usos terapéuticos y,
también hay que decirlo, para los manejos comerciales de ética dudosa —como
casi todo lo comercial, máxime en las condiciones despiadadas de los
mercados del presente— en manos de suplantadores, charlatanes y brujos
provincianos de todo tipo que ven aquí una “oportunidad de negocio”.
Es por tanto importante deslindar campos. Cualquiera que sea la motivación
de los que reconocen en el uso del yagé un derecho, p.e. el del libre
desarrollo de la personalidad, deben preocuparse por defender una ética de
su uso. Y ya no una ética soportada en un sistema religioso: es demasiado
tarde para que en nuestro medio se desarrolle un proceso de conformación y
consolidación de una tradición como la de las iglesias ayahuasqueras del
Brasil, fenómeno que lleva allí poco más de un siglo.
Y sí predominantemente terapéutica, dejando lo religioso para el fuero
íntimo. Y terapéutico en una dimensión actual, esto es intercultural (o
cross-cultural como se denomina en EU), aceptando que existen diversas
culturas médicas, no solo la occidental, y que esa diversidad puede ser
complementaria. Esta nueva comprensión ha avanzado más en otros países: el
científico estadounidense M. Winkelman define estas plantas como “psicointegradoras”;
el médico francés Jacques Mabit dirige en Perú un centro para el tratamiento
de adicciones con una práctica médica combinada, etc. Colombia, con su
inmensa riqueza étnica y biótica, bien podría ponerse a la vanguardia de
esta línea de investigación, si sólo nuestros científicos y médicos
depusieran la intolerancia y la soberbia, para intercambiar conocimiento y
procedimientos con los médicos indios.
Publicado en la revista “El Malpensante”,
Nº 65 de Sep.16 a Oct 31 de 2005.
¿Una qué de qué?
En el número 65 del Malpensante el autor de “¿Una ética del yagé?” invita a
la comunidad médica a usar esta bebida con una motivación “predominantemente
terapéutica”, en una dimensión crosscultural (?) y “dejando lo religioso
para el fuero íntimo”, para luego tildarnos de intolerantes y soberbios.
¿Terapéutica para qué? Talvez la respuesta esté en asistir a una toma de
yagé, a 160.000 pesos por persona, ofrecida y coordinada por el autor del
artículo mencionado. No sé si así funciona la ética del yagé; de lo que sí
puedo hablar un poco es del efecto que produce y de porqué los profesionales
de la salud no lo consideramos una opción terapéutica.
La palabra hoasca denomina la cocción de una especie de raíz,
Banisteriopsis caapi, triturada y hervida con Psychotria viridis.
El resultado es un brebaje conocido como ayahuasca, caapi, daime, yagé o
natem, según la región. Aunque hay variaciones, el común denominador es la
harmina harmalina y la tetrahidroharmalina (THH),
identificadas hace unos 50 años como los componentes principales del brebaje
y responsables de sus efectos. Harmina y harmalina inhiben el funcionamiento
de la enzima mono amino oxidasa (MAO), y THH inhibe la recaptación de
serotonina. Eso significa que luego de una dosis considerable de sugestión,
al tomar yagé se está intoxicado con una gran cantidad de dopamina,
noradrenalina y serotonina (normalmente destruidas por la MAO) disponibles
para estimular el cerebro en una proporción mayor de lo que hacen
normalmente. Como si se hubiera tomado algunas pepas de éxtasis o de
antidepresivos y, por supuesto, con los mismos riesgos que esto conlleva.
La MAO inhibida permite además que un agente sicodélico presente en P.
viridis, y normalmente inactivo si se consume por vía oral, llegue a su
sitio de acción en el cerebro produciendo alteraciones en la percepción de
la realidad. Sin la inhibición de la MAO esa sustancia sería destruida por
el organismo sin producir ningún efecto. La misma inhibición de la MAO
permite un mayor efecto de otros componentes del brebaje, según la receta:
nicotina, cocaína, cafeína, atropina, escopolamina y otros alcaloides
aportan lo suyo. Ese encuentro con la dimensión profunda de la persona es,
pues, un estado de intoxicación no muy distinto del que se puede obtener a
las 3 a.m. en los afters de nuestras ciudades. El éxtasis, tan de moda como
el yagé, produce en el sistema nervioso un efecto similar al de este último.
No es necesario entonces adentrarse en el Putumayo para brincar, bailar,
vomitar, alucinar y encontrarse consigo mismo en esa profunda dimensión
espiritual. Simplemente y por menos de 160.000 pesos, métase el fin de
semana a un after party en su ciudad y descubra los misterios de su
existencia.
Nos encontramos entonces ante un individuo que además de estar vomitando y
con diarrea, está alucinando y tiene la mente excitada. Pasada la rasca
presentará con frecuencia episodios de flash back, que consisten en lapsos
cortos en los que se perciben eventos ya sucedidos. Eso sin contar con la
posibilidad, asociada al consumo de yagé, de, digámoslo así, activar un
núcleo psicótico previo y asintomático (como quien dice un rayón que uno ya
tenía), asegurándole una buena temporada en una unidad de salud mental. ¿Qué
podemos hacer con eso desde el punto de vista terapéutico?
La idea del quehacer médico es, dicho brevemente, proporcionar tratamientos
efectivos que brinden el mayor beneficio mientras se expone al paciente al
menor riesgo posible: Lo anterior no nos permite recomendar el yagé como
estrategia terapéutica. Sin embargo, los inhibidores de la MAO se utilizan
como antidepresivos desde hace años, así como los inhibidores de la
recaptación de serotonina. Por la vía de la serotonina disponemos
actualmente de medicamentos efectivos para tratar el vómito, y ni hablar del
valor terapéutico de otros alcaloides como la atropina. Así podría enumerar
varios compuestos derivados de productos vegetales cuyo efecto se ha
depurado y optimizado con la idea de brindar una terapia adecuada con un
margen de seguridad aceptable. Eso es lo que, partiendo en algunos casos del
empirismo y apoyados en lo que nos da la ciencia, podemos ofrecer hoy. Lo
que pasa es que a las pepitas también hay que ponerles fe.
Edward Blandón Castaño, MD
Publicado en la revista “El Malpensante”, Nº 66 de Nov.1-Dic.15 de 2005.
Las simplificaciones del
médico Blandón
La carta impugnadora a mi artículo “¿Una ética del yagé?”, del médico Edward
Blandón , publicada en el número anterior, refleja un gran desconocimiento
de tendencias y temáticas actuales de la investigación médica y psíquica, y
un punto de vista, en mi modo de ver, desinformado y caricaturesco, cuando
no retrógrado y autoritario, que está siendo superado por buena parte de los
que se ocupan del área de la salud humana.
Por ejemplo, Blandón ignora un campo ya no tan novedoso denominado etno
medicina –incluso hay investigación muy prestante en campos denominados
etnosiquiatría y etnopsicología– y que por lo menos han dado buena cuenta de
la pretensión etnocéntrica, de considerar que la única ciencia y el único
conocimiento dignos de llamarse tales, es el que creó la civilización judeo-cristiana
occidental, y que sí hay otras culturas, otros principios y otros
procedimientos de manejo del complejo salud/enfermedad. Es a eso a lo que
denominamos interculturalidad, o cross-cultural, en inglés, de los
que Blandón registra ignorancia absoluta.
También el médico de Medellín pasa por sobre resultados recientes de
investigadores occidentales que cada vez más insisten en el carácter
psicosomático de las enfermedades y el carácter que la mente y la conciencia
(Blandón carece de la sutileza para incluir este concepto en su comprensión
y para distinguir niveles de profundidad en esa dimensión humana), ejercen
sobre la autorregulación del organismo físico. Pero lo más ordinario del
planteamiento de este médico, es ignorar un instrumento terapéutico
tradicional de muchas culturas, y retomado hoy en día por la investigación
médica occidental, como son los Estados Modificados de Conciencia y
compararlo con cualquier traba o rasca, desconociendo el marco de
especificaciones rituales dentro del cual se inducen, sean producidos con
sustancias o plantas de poder o con otras técnicas. Esta sutileza
antropológica escapa a alguien que no solo ignora lo ya señalado, sino que
desconoce también otra de las condiciones contemporáneas de la producción de
conocimiento como son la interdisciplinariedad y la multidisciplinariedad,
que hace que muchas situaciones complejas –¡y qué mas complejo que el ser
humano!– deban ser miradas y analizadas desde perspectivas simultáneas de
diferentes ciencias y campos científicos. Esto no se enseñaba cuando el
médico Blandón pasó por la universidad, o se lo quedaron debiendo.
Habría mucho más que decir sobre la carta en referencia –p.e., sobre la
estrategia del terror implícita en la idea de que podemos tener un “núcleo
psicótico previo y asintomático”, una especie de monstruo dormido, que se
nos destape con la experiencia del yagé– pero ni el artículo –con el límite
conocido de 700 palabras–, ni esta, que más que una respuesta es un reclamo
a la comunidad medica, lo permiten; reclamo a la tolerancia y a no
enceguecerse con la idea de que son poseedores de la única verdad revelada
sobre la vida de la gente.
Ricardo Díaz Mayorga
Publicado en la revista “El Malpensante”, Nº 67 de Dic.16 de 2005 - Ene.31
de 2006
Yagé: Tercera toma
Es tal la pobreza argumentativa del
señor Díaz Mayorga, que para defender su posición no le queda otra opción
que insultarme. Eso ni me preocupa ni me sorprende. Lo que si me preocupa es
que ustedes permitan que espacios como éste se conviertan en una plaza de
mercado, que es lo que sucede cuando se dejan de lado los argumentos y las
ideas. Creo que los lectores estamos interesados en conocer posiciones,
argumentos, ideas respecto a una realidad, y no en saber si alguien piensa
que otro fulano es retrógrado, ignorante, autoritario, desinformado u
ordinario. Díaz Mayorga no esboza siquiera un argumento medianamente sólido
que respalde su exposición.
La etnomedicina, desarrollada inicialmente en Estados Unidos en los años
sesenta, no se reduce a tomar cuanto brebaje se les haya ocurrido a grupos
sociales “primitivos”; producto de ella son los estudios que han permitido
comprender mejor el funcionamiento y los efectos de sustancias como las
presentes en el yagé y sintetizar, como lo dije en carta anterior publicada
en el número 66, medicamentos efectivos y seguros. Por supuesto ese no es su
único alcance, pero ese sería otro tema. Si hay que decir que la
etnomedicina no puede perder de vista la realidad biológica de la
fisiología, la patología, la semiología y la epidemiología. Puedo, por otro
lado, hacerles partícipes de muchos estudios que demuestran con claridad el
carácter psicosomático del proceso salud-enfermedad. Existe particularmente
uno, bastante bonito, que demuestra la mediación del efecto placebo en las
intervenciones terapéuticas; ya bien clarito lo dije: a las pepitas también
hay que ponerles fe. En cuanto a los estados alterados de conciencia, de
entrada la embriaguez alcohólica lo es, así que podríamos también entonces
proponer el uso del alcohol con fines terapéuticos. Pero eso no es tan
sencillo. Lo que yo cuestiono en el fondo es la relación riesgo-beneficio de
los métodos empleados.
El señor Díaz, no sé basado en qué, cuestiona incluso mi formación como
médico y como especialista. Desestimo también esas palabras. Pero lo que me
parece el colmo es que cuestione la formación impartida y la calidad
académica de la universidad que me formó. ¡Qué tal: meterse con la
Universidad de Antioquia solo por atacarme a mí! Una institución
caracterizada no sólo por su gran producción en investigación (en medicina,
ciencias básicas biomédicas y muchas otras áreas del conocimiento) sino
también por ser un espacio abierto al debate, por su concepto de tolerancia
y por su cross-culturalidad. Actualmente, en el programa del pregrado en
medicina de esa universidad existe un curso llamado Medicina Complementaria.
Léase bien: complementaria, no alternativa, ni paralela, ni opcional. El
curso pretende brindar elementos que les permitan a los médicos que se
forman adquirir ese conocimiento desarrollado por fuera de la medicina
occidental, y complementar su formación con una guía académica y con
conocimiento claro al respecto, sin perder de vista nuestro fin único: el
paciente. Tal vez no me equivoque si digo que es la única facultad de
medicina del país que ofrece esta formación a sus médicos (si alguna otra lo
hace, no estoy enterado y ofrezco disculpas por la omisión).
Yo también tengo que confesar mis “pecadillos”: uso la acupuntura y la
terapia neural, las recomiendo a mis pacientes y las he aplicado en mí.
También estoy embarcado actualmente en un muy interesante proyecto que tiene
que ver con magnetoterapia. ¡Sí!, con imancitos. Esa vaina como que funciona
y es segura para el paciente. Cosa importante esta última, pues los riesgos
asociados a algunas actividades o estrategias terapéuticas suenan a
terrorismo cuando uno los escucha mencionar por allá, desde las sombras,
pero dejan de serlo cuando se los vive de frente. Las complicaciones (no
solo psiquiátricas, también cardiovasculares, pulmonares, etc.) derivadas de
actividades como, sólo por poner un ejemplo, la toma de yagé, no son
tratadas por el chamán ni el sobandero ( y esto lo digo con todo el
respeto): vienen a nosotros, los médicos occidentales. A los que juramos con
solemnidad un día primun non nocere: ante todo no hacer daño. Y a
quienes nos toca ver a las personas morir en nuestras narices, a quienes nos
toca ver manos y piernas amputadas por mordeduras de serpiente tratadas con
rezos y bendiciones. Sólo por poner un ejemplo.
Edward Blandón; MD
Publicada en “El Malpensante” Nº 68 de
Febrero 1-Marzo 15 de 2006.
Centrar el debate
El antropólogo estadinense Clifford Geertz ha dicho que la ciencia avanza a
través del debate refinado. Claro que en este caso el debate ha derivado
hacia cuestiones sucedáneas, olvidando lo central, que fue planteado por mi
en el artículo original. Y es que hay formas de hacer los debates, salirse
por las ramas es una, hacer gala de conocimientos librescos es otra.
Indignarse ante la evidencia de que estamos atrasados en conocimientos puede
ser otra. Arroparse en el prestigio de la Universidad de Antioquia puede ser
otra! En fin, creo que es mejor dejar de lado las jeremiadas de Blandón y
volver a lo sustantivo. Y esto, insisto, no va solo para el Sr. Blandón, que
de pronto se metió en un debate para el que no estaba preparado, sino para
el conjunto de la comunidad que presta servicios de salud.
Y el argumento central es elemental: reconozcamos que existen recursos
médicos de otras culturas no-occidentales, que pueden ser utilizados por
médicos occidentales en acuerdo con los conocedores y operadores de esos
recursos. Estos intercambios ya están ocurriendo en nuestro medio y creo que
merecen más atención y análisis. Así mismo las múltiples experiencias que se
están dando a nivel mundial. Dentro de estos recursos –de entre una gran
cantidad de plantas y técnicas– el del yagé, un poderoso purgante del que ya
existe bastante documentación para probar sus beneficios, es solamente uno.
Entidades tan reconocidas como la Organización Mundial de la Salud OMS,
vienen planteando desde 1974 la importancia de las medicinas tradicionales y
ha establecido estrategias –como la más reciente de 2002-2005, documento
público que llamamos a estudiar– para su promoción y para su inclusión en
los sistemas de salud de todos los países miembros.
Creo que una de las cuestiones más decisivas en este debate, y que atañe ya
no solo al personal sanitario, sino a los que somos pacientes, es el de la
forma como se comprende la diada salud/enfermedad. Es en últimas en el
paciente en el que se manifiesta este complejo equilibrio, y debería ser él,
en últimas, el primer llamado a comprender qué le ocurre y porqué. De ahí la
importancia de aquellos recursos terapéuticos que permiten un mayor
autoconocimiento de las personas, y una mayor conexión consigo mismos, con
su entorno y con su sentido de vida. Variables que creo, ningún médico
desconoce hoy día. Esta visión lleva al abandono de las actitudes
autoritarias por parte de los terapeutas –todos, incluidos los
tradicionales– de que son ellos los que saben y el paciente solo tiene que
obedecer. No quiere esto decir que se niegue el aporte de los diversos
intermediarios sanitarios y técnicas terapéuticas, que pueden constituir
referencias y recursos en las decisiones que adopte el paciente.
De ahí proviene uno de los paradigmas actuales más importantes en la
comprensión y solución de los problemas sanitarios: el empoderamiento del
paciente sobre su salud y su vida, su responsabilidad indelegable para
mantenerla.
Creo que lo demás puede ser motivo de debate más detallado, –más fino, al
decir de Geertz–, y si tal vez, menos emotivo y arrogante. Al efecto hemos
abierto en la página
www.visionchamanica.com un espacio para este debate, en donde se
han reproducido y se reproducirán todas las intervenciones al respecto.
Ricardo Díaz Mayorga
Enviada al "El Malpensante" en Marzo 7/06
y no publicada por los editores de esta revista.
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Intervenciones
El Yagé es más que una planta
Queriendo participar del debate abierto después de la publicación del
artículo “¿Una ética del yagé?”, con el cual el señor Edward Blandón Castaño
no está de acuerdo, pues refuta con “explicaciones científicas” el texto
escrito por el señor Ricardo Díaz Mayorga; digo con toda certeza que las
palabras del señor médico no son mas que palabras, pues a la hora de la
verdad el YAGE es más que una planta con sus respectivos componentes
químicos.
Teniendo en cuenta que nos encontramos en un país “democrático y libre” es
preciso decir que la opinión del señor Edward es respetable; mi
inconformidad radica en el irrespeto que éste causa a todo un conglomerado
de personas con una identidad y cultura propia al comparar el yagé con la
droga, mas específicamente con las pepas de éxtasis. Lo que él no se da
cuenta, teniendo en cuenta que ha recibido una educación estrictamente
superficial debido a su camino, es la inmensidad espiritual que el tema
presenta en su contexto puesto que aquí juega la comprensión de lo que es el
equilibrio entre cuerpo-alma.
Según las palabras textuales del señor Blandón “la idea del quehacer médico
es proporcionar tratamientos efectivos que brinden el mayor beneficio
mientras se expone al paciente al menor riesgo posible” si este es el
quehacer de la medicina occidental, entonces ¿como explica él todos los
efectos secundarios que causa la droga que ellos utilizan?
Mientras el YAGE proporciona efectos directamente (sin matar a nadie, si se
usa y maneja adecuadamente y por manos limpias y con conocimiento) la
medicina o droga que este médico utiliza sí mata y acaba, pero la diferencia
es que lo hace lentamente o a largo plazo por los efectos secundarios que la
mayoría de sus medicamentos trae.
¡El Yagé no es solo una planta cualquiera, el Yagé es una planta sagrada!
Edna Rocío Meneses
torcacita_em@hotmail.com
Enviado a
www.visionchamanica.com en Abril 27 de 2007
Casos sin
contexto
Gracias por este debate porque ayuda a muchos a aclarar dudas sobre este
tema tan delicado.
Hay un artículo del doctor Eduardo Barreto en
www.geocities.com/saludintegral_cali/articulos/yage.htm
donde trae a colación varios casos de jóvenes que están internados o con
problemas psiquiátricos por la toma del yagé. Solo que lo curioso es que el
Dr. Barreto trae los casos aisladamente sin saber cómo fue la toma de cada
uno o dónde fue realizada. En sí, en mi modo de ver, son casos muy sueltos;
dejo este artículo para debate ya que es otro más que se une al del Dr.
Blandón.
¿Qué opinas de estos casos Ricardo? Sería bueno entrar en contacto con estos
médicos a ver de qué contexto los sacaron. Su correo es:
unzueta@emcali.net.co
Cordial saludo
Shirley
Enviado a
www.visionchamanica.com en Enero 15 de 2008
Información Deleznable
Hola Shirley. Quiero agradecerte muy
especialmente tu intervención y la información que me envías.
Ya he visitado el sitio de los “doctores” caleños. Hay muchas imprecisiones,
desconocimiento y oscurantismo en estos “científicos” nativos, no es claro
el objetivo o sentido de este site. Es además de ese tipo de páginas en
Internet que son puestas y dejadas expósitas sin que nunca nadie las vuelva
a actualizar ni a responder por ellas. Ésta fue puesta en Febrero de 2006 y
luego no ha sido cambiada en nada. Creo que esto debe también llevarnos a
refinar nuestras búsquedas en Internet, para aprender a descartar
información irrelevante o inconsistente.
El primer error garrafal de los doctores Barreto-Unzueta es atribuir el
ceremonial médico del yagé a una comunidad Waunana de la selva chocoana,
cuando la mínima información sobre esta planta y su tradición médica es que
su origen y utilización procede de comunidades indígenas del Putumayo,
–kofanes, sionas, ingas, coreguajes, kamsás– y más precisamente del
Piedemonte Andino-Amazónico desde el sur de Colombia hasta Bolivia.
Ya éste dato geográfico-etnográfico establece una duda inmensa sobre qué
tipo de planta han tomado estos doctores y con qué tipo de personajes lo han
hecho (los jaibanás, son efectivamente los médicos tradicionales o
“chamanes” de la etnia waunana y también de los Embera, vecinos geográficos
de ellos, pero su planta sagrada no es el yagé y su tradición ritual-medica
no tiene nada que ver con el yagé). Existe en la región selvática del Chocó
una planta denominada pildé, que hasta donde sabemos es
utilizada por los médicos tradicionales afrodescendientes y a la que se
atribuyen efectos similares al yagé. Pero falta documentación al respecto.
Otra muestra de desconocimiento craso de los médicos del sitio sobre “Salud
Integral” de Cali, es hablar de adicción en el caso del yagé. No se puede
hablar de adicción en el caso de las plantas o sustancias visionarias como
el yagé –también el peyote, el yopo, el san pedrito, etc.– que son usadas
dentro de marcos rituales y con las precauciones adecuadas. La situación de
adicción se manifiesta en las personas en una suerte de enajenación y
degradación continuada y progresiva, que usualmente se presenta en usuarios
de psicótropos activantes del sistema nervioso central como la cocaína, la
heroína, las anfetaminas y otros estimulantes, o en usuarios de psicótropos
depresores del SNC, como el alcohol o la marihuana. Ese tipo de situación no
se presenta en personas que se purgan con yagé –que también es psicotrópico,
pero de la categoría de los visionarios– en las condiciones adecuadas. No se
conocen casos de degeneración personal, cuadro común en adictos, en los
consumidores más habituales de yagé que son los taitas mismos. Es probable
que por fuera del marco ritual adecuado –que juega un papel de contención y
control de la experiencia– puedan presentarse evoluciones psicóticas como
las que refieren los casos mencionados por estos médicos.
Ciertamente, como señalas en tu mensaje, estos médicos no especifican las
condiciones en las que esas personas que supuestamente tomaron yagé lo
hicieron. No basta con decir que se tomó yagé, hay que decir con quién, en
dónde, con qué preparación previa, etc. Así, las descripciones grotescas de
los “casos” presentados solo pueden tener una motivación descalificadora y
caricaturesca de algo que es mucho mas serio y consistente de lo que se
presenta. Cuestiono, por ejemplo, las descripciones de la “doctora” Ángela
Riaño, quien no es ninguna doctora sino una periodista amarillista de aquí,
de Bogotá; o el testimonio de una supuesta “antropóloga” que se fue a
conocer el yagé a las selvas del Chocó con los waunana ¡!?? (¿Dónde
estudiaría antropología esta dama?).
En fin, creo que esta información no merece mayor importancia. Enviaremos a
estas personas el contenido de estas comunicaciones a ver si están
dispuestos a intervenir en este debate y explicar el objetivo de la
información que ponen en Internet.
Mil gracias nuevamente por tu intervención!!!
Respuesta de Ricardo Díaz Mayorga en Enero 18 de
2008
Me sentí
insultado
A decir verdad, me sentí insultado cuando leí la
comparación del yagé con una droga cualquiera tomada en cualquier fiesta
adolescente. El problema es que mi argumentación, al igual que la de Edna
Rocío Meneses según creo, parte de un punto de vista muy subjetivo. Yo
también considero que el yagé es una planta sagrada, a la cual no se puede
acceder con su descomposición química en un laboratorio. Se debe tener una
pregunta, una intención, una búsqueda, y dejarse guiar por ella en una
ceremonia de alguien con conocimiento de la planta. El doctor Blandón habla
desde un punto de vista materialista occidental, yo hablo desde mi
percepción de la espiritualidad, que es algo enteramente personal, tal vez
no exista el acuerdo mínimo para un debate. Sin embargo, pienso que el
doctor pudo ser mas respetuoso en su comentario.
Leonardo Rodríguez
Enviado a
www.visionchamanica.com en Enero 17 de 2008
Vive y
deja vivir
Bueno, respetables todos los puntos de
vista, pero lo mejor es no ponerse a tratar de dar explicaciones a ninguno.
Pienso que las personas que conocen el Yagé y han tenido experiencias con
él, simplemente hacen caso omiso de palabras necias de personas que pueden
tener un punto de vista clínico o de laboratorio, por así decirlo, pero que
nunca han probado o han experimentado el Yagé, nadie puede hablar de lo que
no conoce, los libros dicen muchas cosas pero la experiencia es otra. Yo
nunca he ido a un afterparty o he probado éxtasis, entonces no puedo
hablar de ello, solamente pido a todas las personas que han tocado este tema
en este foro que hablen con respeto, pues todos venimos de raíces indígenas
y el insultarlos a ellos o sus costumbre y rituales es insultarnos a
nosotros mismos.. y si no comparten los lineamientos de la medicina indígena
que por tantos años ha estado presente, simplemente déjelo... y como dicen
por ahí "vive y deja vivir", cada uno en lo suyo sin crítica lo de los
demás,,, Por eso mi Dios nos dio algo único que se llama LIBRE
ALBEDRIO, cada uno hace con su vida lo que desee.. Gracias
Laura Rodríguez
Enviado a
www.visionchamanica.com en Marzo 5 - 2008
Viva la medicina
ancestral del yagé
Aaayyyy Blandón
y su MAO-enzima-harmina-perrarina big-mac y
burguer- king. Con todo el respeto hermanito
Blandón, pero me gustaría ver cuando tomes
medicina como te quedará el intelecto.
1+1=3, hermanito cuando hablamos de indio,
refiérase a la reserva moral del planeta,
cuando hable de yagé refiérase al poder
sanador de nuestra querida nave madre
tierra, que aunque no la consagres ella te
ama profundamente. Mire hermanito Blandón,
aquí de lo que estamos hablando es de la
sanación de la sociedad colombiana, no es
casual que los indios vengan con medicina a
las ciudades es un proceso de sanación de la
tierra, pero me imagino que para usted eso
de ovnis y seres de luz es puro cuento. De
Venezuela saludos hermanitos, que viva la
medicina ancestral del yagé, y para
despedirme Blandón, la vida es tan hermosa y
misteriosa que "HAY QUE ESTAR LOCO PARA NO
ESTAR LOCO DE VER TANTA BELLEZA" como dice
mi abuela: yo no voy a médicos para no
enfermarme... Te deseo una feliz humillación
de tu ego, si te dignas un día a ser el
torero y no el que lo ve desde la TV por
cable. Un abrazo profundo y yagé para Chávez
y Uribe, ni izquierda ni derecha, el centro
del gran misterio.
Ricardo
Enviado a
www.visionchamanica.com en Marzo 8 - 2008
No
importa que sea urbano o rural
Tomar yagé es bueno para el cuerpo y el alma,
opino que si el yagé es entregado con amor y con fines medicinales no
importa que sea urbano o rural total lo que se busca es la sanación y eso
facilita que muchas personas enfermas sanen y así no tener que realizar un
viaje a las selvas que son muy peligrosas por razones que todos conocemos.
Jorge Alberto Zuluaga Vélez
Enviado a
www.visionchamanica.com en Mayo 10 - 2008
Alternativa para el desarrollo del
espíritu
Es natural que personas que no conocen temas
específicos hagan comentarios totalmente salidos de la realidad, como se
escucha a diario acerca del yagé por parte de personas que no tienen ni idea
que es yagé. El yagé es una alternativa para el desarrollo del alma y del
espíritu. Es fuerte porque son muchos los conflictos que debemos desarraigar
de ellos. No es fácil admitir que tenemos tantos conflictos por resolver en
nuestra personalidad. Desarraigar la soberbia, el orgullo, la mentira, de
nuestras vidas no es fácil. Con un trabajo constante y comprometido es como
se logra el nacimiento de hermosos seres, que seremos capaces de construir
un mundo mejor.
Invito a quienes no conocen el yagé a que lo hagan. Es una forma para lograr
cada día ser mejores seres humanos.
Yolanda Vargas Cabrera
Enviado a
www.visionchamanica.com
en Febrero 4 - 2009
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