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Las preguntas:
¿Qué
es el Cactus San Pedro?
El término “wachuma” también es utilizado para referirse a la planta?
¿Cuándo
fue identificada la mescalina en el cactus San Pedro?
¿Y
cuál es el status legal de la mescalina?
Los
científicos sociales insisten en que es necesario estudiar el consumo de
drogas a partir de un modelo que tenga en cuenta el setting (contexto
social) y el set (expectativa del individuo), oponiéndose a las
lecturas mas estrictamente médicas y farmacológicas que generalmente son
determinantes en el debate público. ¿Porqué Usted ha criticado el modelo del
set y setting?
¿Cuáles
son las diferentes técnicas de preparación del San Pedro?
¿Existen otras especies botánicas que son adicionadas al cocimiento del San
Pedro?
Usted es un coleccionador de San Pedro. ¿Cuál es su experiencia
cultivándolo?
Describa
un poco más su jardín.
¿Qué
se sabe sobre la tradición nativa precolombina de consumo del San Pedro?
¿Qué
es la huilca? ¿Cuáles son las evidencias de que era consumida junto
al San Pedro?
Pero
la huilca y el San Pedro no siempre son consumidos en conjunto.
¿Existen
evidencias históricas de que los Incas utilizaban la wachuma? Este
tipo de idea parece ser moneda corriente entre grupos esotéricos
contemporáneos.
¿Cómo se caracteriza la tradición del consumo mestizo del San Pedro por los
maestros (curanderos) del norte de Perú?
Los
curanderos trabajan mucho con la idea de la hechicería, a la cual
frecuentemente atribuyen la responsabilidad por las enfermedades y la
muerte. ¿Cómo ve Usted este sistema?
¿En
la tradición norteña peruana tanto el paciente como el curandero toman el
San Pedro?
¿Porqué
persisten hoy tradiciones indígenas de consumo de varios alucinógenos (como
los ‘clásicos’ ayahuasca, hongos y peyote) y, en el caso del San Pedro,
queda apenas la vertiente mestiza?
Llama
también la atención que el San Pedro haya ganado menos prestigio en el
ambiente artístico, político y cultural de la contracultura o de la
experimentación psiconáutica en el escenario transnacional. ¿Cómo explica
Usted esa relativa invisibilidad de la wachuma?
¿Porqué?
¿En su opinión cuál es el contexto ideal para consumir el San Pedro?
¿Cómo describiría Usted la “personalidad” del San Pedro? ¿Qué significa él
para Usted?
¿Podría hacer una invocación típica del San Pedro, alguna oración,
estribillo o referencia que asocie con él?
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Una antropología que
florece fuera de la academia:
Anthony Henman y el cactus San Pedrito
Entrevista de Bía Labate
Traducción al español de Ricardo Díaz Mayorga
El antropólogo Anthony Henman es uno de esos personajes paradigmáticos
que nos hace preguntarnos: “¿porqué llevo la vida que tengo?”. Es de
aquellas personas híbridas, cuya identidad cultural es algo imprecisa,
del tipo del que ya se hizo un poco “nativo” (a pesar de sus casi 1.90 m
y su piel rosada). Mezcla de brasileño, inglés y argentino, divide su
tiempo entre una casa de campo en el País de Gales y un tejado en el
encantador barrio colonial de Barranco, en Lima. La casa peruana le
sirve como base para sus viajes por el interior del país en busca de
especies del cactus San Pedro o Wachuma (Trichocereus pachanoi),
un potente alucinógeno cuyo principio activo es la mescalina (el mismo
presente en el peyote, que se hizo internacionalmente conocido a través
de la obra de Castaneda).
Con
54 años, Anthony fue uno de los pioneros de la discusión sociológica
sobre las drogas en el Brasil. Ex profesor de la Universidad de
Campinas, organizó dos compilaciones y escribió tres libros, además de
varios artículos. Su obra más conocida es probablemente “Mama Coca”,
publicada en Londres con un seudónimo, al final de la década del 70. Se
trata de uno de los primeros escritos académicos contemporáneos en
abordar la cuestión de los usos indígenas de la hoja de coca
(Erythroxylum coca) y en criticar los discursos autoritarios y
etnocidas contenidos en la agenda política de la así llamada “guerra
contra las drogas”. Su currículo incluye también investigaciones sobre
el uso de la diamba (Cannabis sativa) entre los indios
Tenentehara del Marañon, la religión ayahuasquera Uniao do Vegetal,
el guaraná entre los Satere-Maue, el consumo de heroína y cocaína en
Europa y los EEUU, y el análisis de las políticas de “reducción de
daños” (estrategias públicas para disminuir los problemas causados por
el consumo de psicoactivos sin pretender su completa prohibición).
Desde lo alto de sus cabellos blancos y desgreñados, Anthony declara sin
ceremonias que abandonó definitivamente la academia. Encima de todo este
hombre es un empírico o, en otras palabras, un amante de las plantas.
Sus favoritas son la coca y el San Pedro, que cultiva cariñosamente en
su jardín mágico y cocina a partir de técnicas que él inventó.
Acostumbra a consumir este último en forma solitaria, al lado de las
hojas de coca que masca diariamente. Sería difícil precisar su amplio
currículo de experimentaciones psicodélicas, que incluye una casi
sobredosis de heroína en una ocasión en que investigaba a los
junkies.
Padre de seis hijos, ex marido de cuatro mujeres (de varias
nacionalidades), Anthony es un hombre carismático, que sabe cambiar los
duros impuestos y el invierno europeos por el calor de las cholitas
peruanas. El nos concedió esta entrevista en una visita a Sao Paulo a
comienzos del 2004.
Bía: ¿Qué es el Cactus San
Pedro?
Anthony:
El San Pedro incluye varias especies de un género que antiguamente era
llamado Trichocereus y ahora fue reunido dentro del género
Echinopsis. Son por lo menos tres especies principales: la E.
Pachanoi originaria del Ecuador y norte del Perú, extendiéndose
hasta Huarás y Huanaco; la E. Peruvianus, que comienza en el
departamento de Lima y va hasta Cuzco; y la E. Bridgesii, que va
alrededor del lago Titicaca y llega a La Paz. En el sur de Bolivia y en
el norte de Argentina hay unas dos o tres especies más que no se conocen
muy bien. Son bastante diferentes entre sí: unas miden de 5 a 6 metros,
otras nunca pasan de 1.5 m; algunas tienen troncos de 30 cm de espesor y
otras de apenas 7 cm; hay especies con 4, 5 ó hasta 12 segmentos o
divisiones laterales. La cantidad de espinas también varía mucho. Pero
todas las especies contienen el mismo principio activo, la mescalina.
Esta aparece siempre, más o menos, en la misma concentración, un 1.2%
del peso de la planta verde. Una dosis activa de mescalina es de cerca
de 300 mg, entonces para tener un buen efecto es necesario procesar 250
g de planta en estado crudo.
B: El término “wachuma” también es utilizado para referirse a la
planta?
A: Wachuma es el nombre indígena antiguo del San Pedro. La
primera descripción detallada de su uso es del padre Bernabé Cobo, un
jesuita que hizo un trabajo sobre plantas, animales y minerales en el
siglo XVII. El cambio de nombre para el San Pedro tiene que ver con la
utilización mestiza de esta planta, que se desarrolló en los últimos 200
ó 300 años.
B: ¿Cuándo fue identificada la mescalina en el cactus San Pedro?
A: Esta es una cuestión interesante, porque la identificación de la
mescalina en el San Pedro no fue inmediata. La mescalina en sí fue
aislada en la década de 1890 en los EEUU, a partir del peyote
(Lophophora williamsii). En esa época, poetas e intelectuales
experimentaron un efecto alucinógeno por primera vez en la era moderna e
industrial. Paralelamente, en la década de 1930 la variedad E.
Pachanoi del San Pedro estuvo ampliamente difundida como una
curiosidad botánica y como base de injerto para otras especies de
cactus, teniendo presencia en casi todos los viveros de cactus del
mundo. Pero esto ocurrió antes de que las personas se dieran cuenta de
que esta especie contenía mescalina. Aunque hubiese usos tradicionales
del San Pedro en el Perú, los botánicos no se interesaron mucho en
investigarlos. En los años 40, algunos médicos en Lima sugirieron que
podría haber mescalina en el San Pedro, pero no consiguieron hacer los
análisis necesarios. Fue solo en 1960 que se dio esta identificación y
la publicación de los hallazgos. Si pensamos en el descubrimiento de los
hongos, de la mescalina presente en el peyote, o en el LSD, eso se da en
una fecha relativamente tardía.
B: ¿Y cuál es
el status legal de la mescalina?
A: Está en todas las listas de sustancias prohibidas, hecho que,
desgraciadamente, va a ser muy difícil de cambiar. Al mismo tiempo, las
especies vegetales que contienen mescalina están en una tierra de
nadie, no son propiamente ni legales ni ilegales. En los países andinos,
no ha habido aun un debate legal significativo en torno al estatuto del
San Pedro. El peyote, al contrario, generó bastante polémica, como
resultado de su consumo por la Native American Church (NAC) en
los EEUU y por los Huicholes en México. En los dos casos, el resultado
de la discusión fue el peor posible, pues se estableció un apartheid
étnico donde solo se puede ser de la NAC si se tiene sangre indígena; y
en México, solo los Huicholes están autorizados a colectar y consumir
peyote; ni siendo indígena de otra etnia se tiene ese derecho.
B: Los científicos
sociales insisten en que es necesario estudiar el consumo de drogas
a partir de un modelo que tenga en cuenta el setting (contexto
social) y el set (expectativa del individuo), oponiéndose a las
lecturas mas estrictamente médicas y farmacológicas que generalmente son
determinantes en el debate público. ¿Porqué Usted ha criticado el modelo
del set y setting?
A: Norman Zinberg estableció estos conceptos durante los años 1960. Sus
investigaciones fueron importantes porque demostraron que las personas
podían tener una relación no problemática con los opiáceos, en la época
considerados el colmo de todo, que llevaban inevitablemente al vicio,
etc. Pero, desde el punto de vista teórico, la separación entre estas
esferas hecha por los comportamentalistas, una escuela de psicología
norteamericana cuyas raíces, en la década de 1940 y 50, asumían una
división poco adecuada entre “mente” y “cuerpo”. Set y setting
son, en el fondo, una reedición de ese dualismo: las expectativas del
sujeto (set) representan el aspecto mental, y el ambiente
cultural (setting), el cuerpo. Cuando esos conceptos son
fetichizados se termina con un modelo un poco mecánico –hay una
sustancia X, que combinada con una expectativa Y y un
ambiente Z, va a producir tal efecto–. Pero al analizar la
experiencia de una persona vemos que la cosa es más complicada. Hay
muchas feed back loops (vueltas de retroalimentación): cosas que
vienen de la cabeza y van para el cuerpo y viceversa. Es muy difícil
decir exactamente si una sensación que está en el cuerpo viene de una
euforia cerebral o viceversa. Preferiría un modelo donde se asume que el
efecto de una sustancia es de alguna manera imprevisible. El hombre
nunca conseguirá domesticar totalmente la experiencia. Esa magia es,
desde el punto de vista indígena sudamericano, lo que se concibe como el
“espíritu de la planta”. Ese espíritu es autónomo, tiene su propia
fuerza. Y eso está más allá de la división mente/cuerpo. Yo defiendo el
concepto de la planta maestra (o profesora), la planta que
enseña, que reduce esa prepotencia humana de que todo puede ser
controlado por medio de disciplinas físicas y mentales.
B: ¿Cuáles son las diferentes técnicas de preparación del San Pedro?
A: Ahí comenzamos a entrar en la cuestión de la relación que el hombre
andino tuvo con el San Pedro desde las primeras épocas pre-cerámicas,
entre 2 ó 3 milenios A/C. Restos de la planta fueron encontrados en
varias excavaciones en el litoral peruano. Pero en estos lugares la
wachuma no crece naturalmente pues ella se da entre 2 y 3 mil metros
de altitud. Dadas las condiciones de transporte de la época –y
considerando que una caminata de la sierra hasta la playa sería de por
lo menos 80 km– es muy poco probable que se transportase el cactus en su
estado verde. Probablemente fue así que surgió la técnica de dejar el
San Pedro secar al sol. Independientemente del registro arqueológico, lo
que predomina actualmente en el Perú es el cocimiento de la planta
verde: se corta el cactus en tajadas y se cocina por varias horas.
Después se cuela y se eliminan las partes sólidas de la planta, para
tomar el líquido viscoso que sobra. Recientemente algunas personas, yo
inclusive, han redescubierto la técnica original de secar la planta
antes de cocinarla. Creo que, de alguna forma, esto afecta su
rendimiento, haciendo que algunos precursores de la mescalina se
conviertan en mescalina, potencializando el efecto total.
B: ¿Existen otras especies botánicas que son adicionadas al cocimiento
del San Pedro?
A:
En la tradición del norte del Perú los curanderos usan plantas llamadas
michas, que ellos dicen que aumentan el poder de la bebida.
Sirven para “seguir el rastro” (rastrear), quiere decir, seguir una
pista para el tratamiento de enfermedades provocadas por causas mágicas.
El uso de estas especies favorecería la interpretación de las
alucinaciones del curandero y del paciente. Pero varias de estas plantas
no tienen ningún poder psicoactivo, o sea, tienen apenas “eficacia
simbólica”. Aquellas que tienen algún contenido farmacológico activo son
de la familia de las Solanáceas, principalmente Brugmansias,
que se concentran en el noroeste amazónico en las áreas adyacentes a los
Andes. La Brugmansia candida es una variedad con flor blanca que
se ve en Sierra del Mar y en Mantiqueira; otra que se cultiva mucho en
los jardines de la Amazonía es el Toé.
B: Usted es un coleccionador de San Pedro. ¿Cuál es su experiencia
cultivándolo?
A: A él le gusta un terreno bien drenado, con un poco de arena y piedra.
En general, yo dejo el San Pedro unos seis meses sin agua al inicio para
desarrollar bien su raíz. Una vez que las raíces ya han salido, la
planta debe tener un régimen parecido al cerrado (la sabana seca
del centro del Brasil): lluvias razonables por unos seis meses al año, y
seis meses de tiempo seco. Cuando cultivamos esas plantas en la
intimidad de nuestro jardín, ellas terminan volviéndose personajes.
Todos los días cuando me levanto tengo un momento de concentración
frente a ellas, tengo una relación con cada una. Además de eso, por
cuestión de abono, pero también por razones mágicas, echo cosas
vegetales alrededor del San Pedro, como colillas de cigarro, restos de
te, café, mate, etc. Parece que a él le gusta.
B: Describa un poco más
su jardín.
A: En Lima tengo unas cien plantas en recipientes de diferentes
tamaños. Algunas ya tienen dos o tres metros y otras son muestras que
acabo de colectar y están en vasijas pequeñas, desarrollándose bien. En
Inglaterra, que tiene un clima no muy favorable (húmedo y frío), creé
artificialmente un invierno seco andino. Entre octubre y marzo no les
doy agua y las dejo dentro de la casa, donde reciben calefacción y sol.
Durante el verano europeo, las coloco afuera. Como llueve bastante,
acaba siendo parecido al verano de la sierra del Perú. Pero en Lima el
mismo cactus crece dos veces más.
B: ¿Qué se sabe sobre la tradición nativa precolombina de consumo del
San Pedro?
A: Hay evidencias arqueológicas de que el San Pedro era usado
ritualmente en el Horizonte de Chavin, una de las primeras
civilizaciones peruanas, alrededor de los 800 A/C, especialmente en el
centro ceremonial de Chavin de Huantar. En este lugar hay
representaciones de sacerdotes con el cactus en la mano, pero es difícil
saber los detalles del culto que allá se practicaba. Probablemente
incluía un momento de concentración en un patio externo a la pirámide y
después las personas pasaban adentro, donde había una serie de pequeños
corredores y salitas, y un sistema muy complejo para dejar pasar aire y
agua, lo que producía efectos sonoros bien interesantes en el interior
de la pirámide. Es posible visitar esos lugares, yo ya estuve allá y
puedo decir que es fascinante! Enseguida, los participantes eran
conducidos a un gran monolito de piedra que representaba a su mayor
divinidad, un gran felino –más que un simple jaguar– con atributos de
cobra, pájaro y otros animales. El arqueólogo Richard Burger, de la
Universidad de Yale, afirma que el ritual incluía también la ingestión
de otra sustancia. De acuerdo con el investigador –y concuerdo con su
visión–, en el momento de mayor intensidad probablemente ellos inhalaban
una dosis de huilca.
B: ¿Qué es la huilca? ¿Cuáles son las evidencias de que era
consumida junto al San Pedro?
A: La huilca (paricá en Brasil) es un polvo preparado
a partir de las semillas de la Anadenanthera peregrina, un árbol
muy común en la selva, que crece desde los Andes hasta Sao Paulo. Esta
semilla contiene dimetiltriptamina, el mismo principio activo de la
ayahuasca (Banisteriosis caapi + Psichotria viridis). Cuando se
toma el San Pedro y se adiciona huilca, se hace que el viaje que
hasta ahí sería mescalínico –o sea, sin grandes fantasías visuales–
provoque una alteración pronunciada en el campo visual. Ese efecto (de
la huilca) dura máximo de media a una hora. Probablemente en este
momento las personas eran colocadas delante de la imagen felínica. Esta
tesis se apoya en la existencia, en Chavin, de una serie de cabezas
incrustadas en las paredes de la pirámide en varios niveles de
transformación: desde un humano totalmente humano, hasta un felino
totalmente dragón. La metamorfosis, como demostraron algunos
investigadores, está claramente asociada con la hinchazón de la nariz.
Mi interpretación es que, al adicionar la huilca –que era
inhalada–, se producía una transformación felínica, una verdadera
“encarnación” del espíritu tutelar del culto. Hay también muchas
evidencias del uso conjunto de las dos sustancias (San Pedro y huilca)
en otras culturas que aparecerán después, en el Horizonte Medio
del Perú, entre los Mochica, los Nasca y los Wari.
B: Pero la huilca y el San Pedro no siempre son consumidos en
conjunto.
A: Es verdad. Las “tabletas” de huilca, especie de bandejitas
para aspirar el polvo, también estuvieron ampliamente difundidas en el
sur andino, hasta el norte de Chile y el norte de Argentina. Ahí no se
sabe con certeza si las personas usaban el cactus también; es difícil
precisar si las dos plantas siempre fueron asociadas o en algunos casos
usadas separadamente. En el caso amazónico es claro que la huilca
fue usada sin San Pedro, en una extensa área que incluía parte del
Brasil. Pero las evidencias de Chavin me estimularon a hacer
experiencias conmigo mismo y con por lo menos veinte personas bajo mi
orientación. Todos parecen concordar en que el efecto combinado de San
Pedro y huilca es más interesante, llevando a espacios más
insólitos de aquellos provocados por cada una de las sustancias
separadamente.
B: ¿Existen evidencias históricas de que los Incas utilizaban la
wachuma? Este tipo de idea parece ser moneda corriente entre grupos
esotéricos contemporáneos.
A: No hay absolutamente ninguna evidencia histórica en este sentido,
así como no hay pruebas arqueológicas, ni etnográficas de que los Incas
consumiesen ayahuasca. Hay certeza, sí, de que usaban hojas de coca y de
que consumían las semillas de huilca molidas, mezcladas en la
chicha (bebida de maíz fermentado).
B: ¿Cómo se caracteriza la tradición del consumo mestizo del San Pedro
por los maestros (curanderos) del norte de Perú?
A: El consumo del San Pedro fue condenado por los misioneros, siéndole
atribuida una gran carga de brujería, de rito satánico. Las nuevas
prácticas mestizas –que adoptaron el término San Pedro en una referencia
a la simbología cristiana, con un claro objetivo de legitimar su
consumo– surgieron a partir de una tradición que existía antes, de
raíces indígenas, pero que fue fuertemente afectada por la colonización
española. Las prácticas indígenas fueron replanteadas a partir no solo
del cristianismo, sino de conceptos mágicos esotéricos del Mediterráneo,
los cuales, a su vez, incorporaban elementos árabes, clásicos, paganos,
cabalísticos, etc. Este nuevo tipo de uso permanece sociológicamente
invisible hasta la década de 1930, cuando se naturalizó entre las demás
tradiciones médicas folclóricas peruanas, llegando a ser hoy totalmente
aceptado como parte de la “cultura popular”.
B: Los curanderos trabajan mucho con la idea de la hechicería, a la cual
frecuentemente atribuyen la responsabilidad por las enfermedades y la
muerte. ¿Cómo ve Usted este sistema?
A: Puede funcionar muy bien para ciertos tipos de estados psíquicos,
depresiones, etc. Tiene la virtud de dar a la persona la sensación de
que está enfrentando algún mal, consiguiendo extirparlo. El problema es
que las cosas siempre se explican dentro de un marco paranoico, todo es
resultado de influencias negativas. El tema preponderante es el de la
envidia. Tantas veces escuché: “Todo es envidia”.
B: ¿En la tradición norteña peruana tanto el paciente como el curandero
toman el San Pedro?
A: Si, pero la dosis que los participantes toman no es
suficientemente fuerte para producir efectos marcados. Los curanderos
conocen el efecto real del San Pedro porque hacen sus dietas, toman
mayores cantidades y en concentraciones más fuertes. Pero la gran
mayoría de sus pacientes toman la planta por razones casi simbólicas.
Eso deja claro también otro aspecto del ritual, que es la singada.
Esta es una preparación de aguardiente con rapé de tabaco, San Pedro,
agua florida y otras aguas perfumadas, que es aspirada por la nariz
por medio de una cuchara. Dicha mezcla quema por dentro como pimienta,
limpia la cabeza, pero no tiene efectos alucinógenos. La singada
sería una especie de sobrevivencia simbólica de lo que antiguamente
habría sido el uso de la huilca asociado a la wachuma.
B: ¿Porqué persisten hoy tradiciones indígenas de consumo de varios
alucinógenos (como los ‘clásicos’ ayahuasca, hongos y peyote) y, en el
caso del San Pedro, queda apenas la vertiente mestiza?
A: No tengo propiamente una explicación. Lo que se dio
históricamente fue que el uso del San Pedro ocurrió en un área donde
también predominaban poblaciones indígenas en términos raciales, pero
con culturas locales muy afectadas por la adopción de valores europeos.
Comparado con el consumo de la ayahuasca, de la huilca, del
peyote y de los hongos, el número de personas que participan hoy de los
rituales con el San Pedro es muy mayor. El cactus es usado
literalmente por decenas, sinó centenas de millares de personas,
mientras que los demás cultos con plantas alucinógenas permanecen
ligados a contextos indígenas relativamente restringidos en términos
numéricos. Por eso, es curioso que la literatura sobre el uso del San
Pedro sea tan limitada en comparación con la de la ayahuasca.
B: Llama
también la atención que el San Pedro haya ganado menos prestigio en
el ambiente artístico, político y cultural de la contracultura o de la
experimentación psiconáutica en el escenario transnacional. ¿Cómo
explica Usted esa relativa invisibilidad de la wachuma?
A: Eso es relativo. Hay grupos en California, en Texas, en España y
en el sur de Francia, o en Lima mismo, usando el San Pedro de una forma
“no tradicional”. Pero ellos no alcanzan tanta visibilidad, por lo menos
por dos razones. La primera es que no existe una tradición indígena
“pura” del San Pedro, que sirva como bandera, como ocurre con los
Huicholes y el peyote, los Mazatecas mexicanos y los hongos, o los
grupos indígenas de la Amazonía occidental y la ayahuasca. El modelo que
existe, con sus ecos de magia medieval, no cuadra con la percepción de
los grupos alternativos interesados en estas cosas. Otra razón es que,
dentro de esa tradición actual mestiza, como ya dije antes, la planta es
preparada de una manera muy débil. Así, algunas pocas personas que
fueron hasta el Perú han vuelto diciendo que la sustancia “no golpea”.
Sería interesante crear un nuevo ambiente ideológico para el San
Pedrito –personalmente estoy trabajando en ese sentido–. Tampoco
surgió una nueva religión alrededor del San Pedro y yo encuentro eso
hasta positivo. No me gustaría ver un tipo de Santo Daime (religión
brasileña donde se consume ayahuasca) del San Pedro...
B: ¿Porqué? ¿En su opinión cuál es el contexto ideal para consumir el
San Pedro?
A: Yo veo que la mescalina permite una ritualización más suelta, no
requiere una disciplina tan estricta como la ayahuasca. Su efecto es más
sobrio, menos asustador para la persona que toma por primera vez. Un
tipo de ritual propio para el San Pedro tendría que tener en cuenta el
hecho de que el efecto demora bastante para subir: después de dos horas
usted aún no lo siente completamente; solo golpea a partir de la
tercera, cuarta o quinta hora. Ahí viene un periodo relativamente
extenso, de unas buenas cuatro horas, en que usted está en la “mitad” de
la experiencia. Después otras tres o cuatro horas durante las cuales el
efecto va disminuyendo. Sería bueno, entonces, organizar las actividades
conforme a esos tres bloques. En las primeras horas, las personas
sienten muchas veces baja de presión, sueño y frío. Ellas tienen que ser
animadas, por ejemplo un tipo de actividad ritual como música, danza,
etc., podría ayudar a traer la fuerza de la bebida. Ya en la fase
principal sería mejor el silencio, la posibilidad de cada uno entrar en
sus cosas, sus visiones... En la fase de descenso, talvez fuese posible
combinar el efecto del San Pedro con otras sustancias, como marihuana,
hoja de coca, alcohol, de forma de salir de la experiencia en forma
ordenada... ayudar al aterrizaje.
B: ¿Cómo describiría Usted la “personalidad” del San Pedro? ¿Qué
significa él para Usted?
A: En los primeros 25 años, lo tomé en forma bien irregular, quizás
una vez cada 5 ó 10 años. En esa época, a veces golpeaba bien fuerte y a
veces no. Comencé a tomar con más seriedad a partir de 1996 y, de ahí
para acá, vengo tomando en promedio una vez por mes. El cactus crece
bajo los rayos implacables del sol. Él tiene una energía muy solar,
usted siente el color amarillo-naranja. Esto se traduce también en el
tipo de alteraciones visuales que el San Pedro produce, muchas de las
cuales tienen una forma mandálica. Esas formas generalmente tienen un
centro, son equilibradas, estables; en tanto las triptaminas (hongos,
ayahuasca, LSD) producen alteraciones visuales con vueltas, como
serpientes, duendes que desaparecen, espirales que suenan. Es muy
importante para mi tomar San Pedro. Primero para mantener una cierta
salud física. Yo siento que cada sesión me da un “ajuste general”, es
como si las espinas del cactus penetraran en cada huequito de mi cuerpo,
ajustándolo y alineándolo. Yo acredito que también limpia la cabeza.
Consigo percibir mejor mis obsesiones amorosas, profesionales, etc.
También ciertas puerticas en el fondo de nuestra mente se ligan unas a
otras, estableciendo conexiones, evocando memorias y pensamientos que
normalmente no aparecen.
B: ¿Podría hacer una invocación típica del San Pedro, alguna oración,
estribillo o referencia que asocie con él?
A: Para mi, dos frases que vienen del contexto tradicional del norte
del Perú encierran la sabiduría del San Pedro. Una es: “Vamos
levantando, vamos levantando!”. Aquí está presente la visión de que
el San Pedro te pone de pié, te fortalece, te hace enfrentar las cosas.
Tiene mucho que ver con la fuerza que viene del cactus. La otra que
siempre usan es: “Vamos a florecer los caminos!”. La idea es de
un florecimiento de las posibilidades, cómo desarrollar un trabajo, una
relación, cómo hacerla florecer. La metáfora es buena: las plantas nacen
para florecer y nosotros deberíamos proceder de la misma manera,
levantando y floreciendo.
Todos los derechos reservados
sobre la presente traducción. Prohibida la reproducción parcial o total
sin permiso del editor.
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